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Chile

Cambio de mando en Chile: Boric entrega el poder a José Antonio Kast en medio de tensiones políticas

Boric entrega el mando a Kast en Chile en una ceremonia marcada por tensiones políticas, presencia internacional y un trasfondo geopolítico sensible.

Por Marcelo López Álvarez

Este mediodía, Gabriel Boric entregará el mando de Chile a José Antonio Kast en el Congreso Nacional en Valparaíso y marcará el inicio formal de una nueva etapa política de un cambio radical en la orientación político ideológica del gobierno trasandino.

A diferencia de otras transiciones presidenciales recientes, el cambio de mando llega precedido por un clima de tensión entre la administración saliente y la entrante. Las fricciones surgidas en los últimos días han puesto bajo la lupa el proceso de traspaso de información entre ambos equipos, un procedimiento que históricamente ha sido considerado una de las fortalezas del sistema político chileno.

La ceremonia de traspaso en Chile

El acto central comenzará a las 12:00 horas en el Salón de Honor del Congreso Nacional, durante una sesión de Congreso Pleno que reunirá a autoridades nacionales, parlamentarios, representantes internacionales y expresidentes de la República. Allí se formalizará la investidura del nuevo jefe de Estado mediante la entrega de los símbolos del mando presidencial: la Banda Presidencial y la Piocha de O’Higgins.

El protocolo establece una secuencia cuidadosamente definida. El presidente en ejercicio se ubicará en la testera junto a los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputadas y Diputados, mientras que el mandatario electo aguardará en un salón contiguo antes de ingresar al recinto.

La sesión se iniciará con la lectura del decreto del Tribunal Calificador de Elecciones que proclama oficialmente al nuevo presidente. Posteriormente, el mandatario entrante prestará juramento ante el Congreso y recibirá los atributos del poder presidencial, acto que formaliza el traspaso de mando. La ceremonia continuará con la entonación del Himno Nacional y culminará con la salida del presidente saliente.

Para esta ocasión se proyecta la presencia de cerca de 1.150 invitados, una cifra superior al promedio habitual de este tipo de ceremonias. Entre las particularidades del encuentro destaca la ausencia de los expresidentes Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, mientras que Eduardo Frei Ruiz-Tagle confirmó su asistencia.
Posteriormente a las 14 el Presidente , José Antonio Kast, y la Primera Dama, María Pía Adriasola, ofrecerán un almuerzo en honor a las autoridades presentes en el Palacio Presidencial de Cerro Castillo de Viña del Mar y a las 21 se cerrará la jornada con el discurso desde el balcón ubicado en el Salón Toesca del Palacio de La Moneda al pueblo de Chile.

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José Antonio Kast, asume hoy la presidencia de Chile

Presencia internacional

El cambio de mando contará además con una nutrida delegación de líderes internacionales. Entre los mandatarios confirmados figuran el presidente de Argentina, Javier Milei; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Yamandú Orsi, de Uruguay; Rodrigo Chaves, de Costa Rica; Nasry Asfura, de Honduras; Tamás Sulyok, de Hungría; José Raúl Mulino, de Panamá; y Luis Abinader, de República Dominicana.

A ellos se sumará el rey Felipe VI de España, presencia habitual en ceremonias de investidura en América Latina.

También habrá ausencias relevantes. El presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, el de El Salvador, Nayib Bukele; la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni; y el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán no asistirán al evento. Tampoco lo hará el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. En representación de Washington acudirá el subsecretario Christopher Landau, acompañado por una delegación oficial.

Un traspaso tensionado

Más allá de la formalidad institucional, el cambio de mando se produce tras un episodio de fricción política que ha marcado la transición entre ambos gobiernos.

El presidente Boric y el mandatario electo Kast sostuvieron el domingo una reunión de una hora en el Palacio de La Moneda con el objetivo de recomponer la relación luego del inédito choque político que se produjo a comienzos de marzo. La crisis se originó el día 3, en medio de controversias sobre el proyecto de cable submarino de fibra óptica impulsado por China, una iniciativa estratégica que quedó suspendida y cuya definición recaerá en la próxima administración.

La disputa provocó una ruptura del diálogo político entre ambos equipos y derivó en la interrupción del proceso de traspaso de información entre las autoridades salientes y las entrantes, algo que no tiene precedentes recientes en la política chilena.

Kast llegó a La Moneda convocado por Boric el mismo día en que regresó a Santiago tras participar en Miami en la cumbre Escudo de las Américas, organizada por el expresidente estadounidense Donald Trump.

Tras la reunión, el presidente electo realizó una breve declaración desde el Palacio presidencial. Sin aceptar preguntas, aseguró que ambos acordaron que el traspaso de mando será “un acto republicano que revele la importancia que entregamos a las instituciones de la República” y expresó su expectativa de que la ceremonia represente “un cambio de mando ejemplar”.

Posteriormente, Boric habló en solitario y buscó dar por superado el conflicto. “Doy por superadas las diferencias que pudieron haber existido”, afirmó el mandatario, quien garantizó que el Estado continuará funcionando con normalidad y que el traspaso se realizará de forma impecable.

Un conflicto con dimensión geopolítica

El origen de la controversia está vinculado al proyecto de cable submarino de fibra óptica que uniría la región de Valparaíso con Hong Kong. La iniciativa generó tensiones diplomáticas luego de que Estados Unidos manifestara su oposición a la participación china en una infraestructura considerada estratégica.

La situación se agravó cuando Washington decidió sancionar el 20 de febrero a tres funcionarios del gobierno chileno (entre ellos el ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz) mediante la revocación de sus visas, acusándolos de “socavar la seguridad regional”.

Mientras Boric sostuvo que había advertido al presidente electo sobre posibles represalias del Departamento de Estado, Kast aseguró que el tema apenas le fue mencionado durante las conversaciones previas.

El episodio dejó a Chile en una posición delicada. China es su principal socio comercial, mientras que Estados Unidos ocupa el segundo lugar, lo que convierte a cualquier decisión sobre infraestructura digital en un asunto con implicancias geopolíticas.

Las tensiones también se trasladaron al plano interno. Kast ordenó a su equipo, encabezado por el jefe de asesores Alejandro Irarrázaval, realizar una auditoría a la administración saliente, argumentando que existían dudas sobre la transparencia de la información entregada durante la transición.

El episodio generó críticas desde distintos sectores políticos y analistas que aseguran que, excluyendo los momentos de la recuperación democrática, no se recuerda en el último siglo una transferencia de mando tan conflictiva en Chile.

La agenda pendiente

Durante la reunión del último domingo en La Moneda, que no finalizó en buenos términos, Boric entregó a Kast una carpeta con información sobre diversos asuntos de Estado que la nueva administración deberá evaluar.

Entre ellos figuran los avances de la Comisión de Verdad creada en 2024 para investigar abusos en el antiguo Servicio Nacional de Menores desde 1979, así como los trabajos de la Comisión para la Paz y el Entendimiento, una instancia destinada a abordar el conflicto en La Araucanía mediante mecanismos de restitución de tierras, reparación a víctimas y desarrollo territorial.

Según explicó el mandatario saliente, el objetivo fue asegurar que el gobierno entrante disponga de toda la información relevante para tomar decisiones en áreas sensibles.

De este modo, el cambio de mando del 11 de marzo no solo marcará el inicio de una nueva administración inédita por su identificación clara y contundente con el pinochetismo, sino también el desafío de recomponer la confianza institucional tras una transición que, en sus días previos, puso a prueba la tradición política de estabilidad que históricamente ha caracterizado a Chile.

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