El desconcierto político que se vive en el reinado de Javier Milei es directamente proporcional a la incertidumbre económica del ciudadano común. Y la casta, de la que todavía no sabemos quiénes la integran, no tiene miedo porque no cargó sobre ella el precio del ajuste.
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A 30 días de asumido Milei: reina la incertidumbre económica y el desconcierto político
“No había plan”, es evidente: de las diatribas del ex panelista a las tan sorprendentes como incongruentes maniobras de comienzo de su gestión, no hay más que un mes de diferencia.
Con Luis Caputo a cargo del mensaje de los primeros anuncios económicos, grabado, re grabado, sin que se sepa qué se tuvo que corregir, anular o cambiar de la cadena nacional inicialmente prevista, y con el propio Milei luego anunciando el DNU, quedó en evidencia ese presidencialismo con aroma despótico de ninguneo al Congreso, que ya había trasuntado cuando en lugar de dirigirle la palabra en el discurso inicial en el recinto, donde es tradición y como corresponde, lo hizo afuera y dándole las espaldas.
Sin embargo, ahora les pide a los legisladores que les dé una mano política que, mal que le pese al Presidente, integran uno de los tres poderes. Allí, los Diputados representan al 100% del pueblo argentino; y los Senadores, a las 24 provincias.
A los anuncios, los mercados habían reaccionado bien: el dólar en sus diferentes vertientes sólo tuvo una brecha de apenas un poco más del 10%. Pero no llegó la plata, y ahora ya está en 40% entre dólares MEP y CCL. A sólo 30 días, allí ya impera la incertidumbre.
Y como los agroexportadores, particularmente los sojeros, se sintieron traicionados por la suba de las retenciones, decidieron frenar la liquidación.
De la dolarización ya ni se habla más; de eliminar el Banco Central, menos. Es más, se sigue emitiendo igual o más que antes. Todas promesas de campaña que hasta hoy han sido absolutamente incumplidas.
En el breve anuncio de Caputo, de apenas 12 minutos, les lanzó el incremento de 15% de las alícuotas de los derechos de exportación a todas las economías regionales, lo que significó una aniquilación de sus esperanzas de rentabilidad, y llenó de incertidumbre económica porque, en principio, está in pectore, gravarlos.
Pero fue tal el estrepito foris que tuvo que dar marcha atrás, y en apenas seis días, el Secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella, hizo que 18 economías regionales quedaran excluidas: olivícola, arrocero, cueros bovinos, lácteos, frutícola, hortícola, porotos, papa, ajo, garbanzo, arveja, lenteja, miel, azúcar, yerba mate, té, equinos y lana.
Pero el vino, sólo lo redujo a un 8% de retenciones, cuando antes era cero. Es visto como una agresión de alguien que en campaña prometía cortarse un brazo antes que crear o aumentar impuestos.
Los mendocinos no deben sorprenderse porque, en definitiva, 15 minutos en la Plaza Independencia, no le permitieron a Milei en campaña conocer la realidad de la región. Con una bodega que hubiera visitado quizá habría entendido el esfuerzo del sector.
El retorno a la Ley pesquera es una muestra de esa improvisación basada en el desconocimiento de las realidades que un simple decreto presidencial pretendía modificar.
El tema central es la tolerancia social al ajuste que sufrimos cada día más. Quizá por el anticipo del discurso inaugural del Presidente, en donde dejó en claro que el pueblo iba a sufrir, todo lo que pase ahora no es otra cosa que parte de la mística… y hay quienes pasivamente aceptan que haya ciertas promesas electorales que deban ser pisoteadas.
Pero resulta que lo que según Milei era una campaña del miedo, hoy se transforma en realidad con el precio alcanzado por el combustible, lo que impactará en el transporte (además, sin subsidios) y ni qué hablar del incremento exponencial que se vendrá en las facturas de los demás servicios, como luz, agua y gas, etc., etc.
Ya se notó en aquel discurso del Presidente, que la casta no era más su enemigo: apenas la citó una vez, cuando en la campaña era su caballito de batalla. Llegado al poder, se rodeó de casta, no le tocó un peso. Sólo mostró una reducción de ministerios que en los números no representa nada en el PBI; y tampoco se les ha sacado privilegio alguno ni reducido el elefantiásico tamaño del Estado. Veremos en los próximos tiempos si realiza el achicamiento prometido.
Para colmo, Milei quedó en evidencia a la hora de seleccionar los integrantes de la casta de funcionarios que tomó prestados al macrismo, al menemismo y al schiarettismo: desde Patricia Bullrich a Guillermo Francos, Caputo, Martín Menem y otros, hasta llegar a Luis Petri con tan mala puntería que asumió enemistado con las fuerzas de seguridad. No pudo prever la bronca que motivó en el Ejército el haber echado a 22 generales de un plumazo y sin necesidad.
La tropa propia de La Libertad Avanza que quedó en el camino no ve con buenos ojos a los paracaidistas no libertarios, y espera en la gatera que algo pase.
El ejemplo más claro es la vicepresidenta, Victoria Villarruel, señalada hasta por diarios internacionales, como una mujer agazapada, a la espera de vengarse de la promesa incumplida de quedar a cargo de los hilos de Seguridad y Defensa, que ahora manejan desde la fórmula contrincante que Juntos por el Cambio tenía en la elección general, devenida en aliada de la cohabitación gobernante.
La casta prebendaria no tiene miedo; al contrario, festeja. Sí es apreciable la incertidumbre social, que puede devenir en temor cívico: lo que se ve como trasfondo es una cuantiosa transferencia de recursos de la clase media y baja a los sectores de poder… que eran casta en los tiempos del Milei candidato.
Las multinacionales claramente ya tienen sus dividendos asegurados, cuando la clase media y el trabajador vuelven a pensar a ser un simple ciudadano de a pie, por no poder pagar el lujo de llenar el tanque.
Ya vendrán otros poderosos beneficiarios con las declaraciones de emergencia señalados en el DNU restringiendo las huelgas o facilitando despidos. Y pronto estará disponible una cuarentena de empresas estatales para ser manejadas por ese sector privado privilegiado por sus cercanías con el poder
Pero, en el mientras tanto y en apenas 30 días, el salario real de los trabajadores ya cayó 14%, casi lo mismo de lo que se perdió durante los cuatro años de Mauricio Macri presidente.
Economía al margen, el tema es la institucionalidad debilitada. Cambiar leyes por la suma del poder público, siempre es una tentación del gobernante novato o con espíritu hegemónico de hacer y deshacer a gusto y placer; y peor aún, de los autoritarismos que creen que la única verdad es la suya. Sobre la base de la necesidad y la urgencia que claramente no existen: ¿Dónde la hay para salir corriendo a cambiar los clubes en sociedades anónimas? ¿O será que algún magnate se quiera adueñar de la pasión argentina para hacer pingües negocios?
El riesgo de un reinado enemigo del republicanismo, es el que subyace en los DNU. Tal vez por eso, y a fin de obtener una Ley ómnibus, es mejor darle a Guillermo Francos capital con qué negociar; pero, ¿qué puede ofrecerles a los gobernadores la Nación cuando, entre otras cosas, decide acabar con la obra pública? Y con una recesión tan brutal como la que se ha encarado, ni siquiera habrá incremento de ingresos impositivos para coparticipar.
Si hasta le quitaron al Ministerio del Interior el manejo de los fondos del tesoro nacional, con los que se negociaba con los mandatarios provinciales para que sus legisladores levantaran la mano en el Congreso. Habrá que ver la predisposición de Diputados y Senadores, a quienes acusa de “coimeros”.
Pasará el veranito, que tenía reservas hoteleras agotadas desde el año pasado, pero ahora está en apenas un 40%, y veremos qué sucede con la inflación galopante, con el retorno a clases como motor principal de los incrementos, para entender si a la luna de miel del flamante mandatario le queda algún margen, cuando se esté llegando al tradicionalmente revolucionario mes de mayo.
Todo indica que deberá dar un golpe de efecto económico y político que al menos indique hacia dónde vamos, cuál es el camino y la metodología.
Porque hasta ahora, en apenas 30 días, el descontento está contenido simplemente porque esto recién empieza.
Lo de bajar impuestos, está por verse. Hasta ahora, se han creado, vía retenciones y aumentos del costo de vida, con las subidas de alimentos, medicamentos, servicios, etc… y sólo hemos visto el debilitamiento de los bolsillos. Veremos cómo y cuándo llegan los beneficios prometidos al pueblo.
Habrá que ir analizando cada mes, hasta llegar a los 100 días, donde tendremos una idea más acabada del rumbo del país para prever cuál será el final.