Opinión

La posverdad y la moda de correrse a la derecha

El discurso y la acción política parecen correrse cada vez más a la derecha, Una mirada al problema de la mano de Mario Riorda.

Por Marcelo López Álvarez

Los procesos políticos y sociales son emergentes de situaciones anteriores, de contextos que la realidad va creando a partir de los acontecimientos, En los últimos tiempos la construcción de esas situaciones no es hija solo de acontecimientos comprobables sino, también, de un sinnúmero de situaciones directamente falsas que ayudan a consolidar posiciones cada vez más a la derecha del espectro político ideológico.

Hoy la academia discute el fenómeno del corrimiento hacia ese lado del mapa ideológico no solo de los discursos políticos sino de las medidas y decisiones. En nuestro país se ve con mucha claridad en el aspecto económico del Gobierno e incluso, en las últimas horas, en la forma de afrontar el llamado conflicto mapuche que hasta llevó a la renuncia de una ministra.

El debate de estos tiempos, que cada vez acumula más literatura, plantea si es un camino correcto que los sectores tradicionalmente catalogados de centro izquierda, izquierda o populares se vayan corriendo a la derecha transformándose en una derecha edulcorada que espanta a los propios y no convence a los ajenos.

Si bien los medios no explican todo es cierto que la masificación de las post verdad juega un papel importante en la creación del escenario de giro a la derecha donde pareciera que quien no va hacía allí se cae del mapa.

Por estas horas el politólogo y consultor Mario Riorda se encuentra en la República Dominicana brindando una serie de conferencias, en diálogo con una colega de País Político analizó varios de estos temas desde una óptica que siempre vale la pena sumar.

Riorda afirma que la posverdad “¡Se ha metido arriba, se ha metido abajo, está en los costados, se ha metido en todos lados! Lamentablemente, es un serio problema. Yo diría, las estrategias de desinformación. Pero aquí quisiera aclarar dos cuestiones importantes. Cuando uno piensa en estrategias de desinformación, de alguna manera es la posibilidad de replicar acciones que tengan que ver con fake news, dimensiones de posverdad, y un montón de categorías que pueden dar vida a la desinformación. Hay empresas que venden servicios ocultos, eso sucede desde todo punto de vista. Es lo que llamo la desinformación a escala industrial”.

El consultor cordobés asegura que “Sin embargo, hay algo que es más potente, mucho más visible a lo cual estamos expuestos todo el día, todos y todas. ¿Qué es? Que los principales difusores de desinformación son los actores políticos y los actores periodísticos. Realicé un estudio a lo largo de siete años con 1119 noticias chequeables, (quedan afuera las no chequeables, que es muchísimo más grave), y dio que el 50% de los discursos de todos los actores políticos, de todos los colores en Argentina son, absolutamente no verificables, es decir, falsos; el 25% son verdades a medias, es decir, uno de cada cuatro discursos es verdadero.

Cuando se analizaron los tuits de Donald Trump, se llegó a la conclusión que cerca del 90% eran falsos, literalmente no pasibles de ser verificados. Cuando se analiza Las Mañaneras de López Obrador en México, pasa exactamente lo mismo. Cuando efectivamente hay ejercicios de chequeo, de verificación del discurso político, y también de la prensa, es pura falsedad. Entonces, cuidado con que la información casi siempre la tercerizamos en términos de responsabilidad, siempre es un otro o una otra oculto, cuando en realidad son los propios actores políticos los grandes desinformadores”

Parte (o todo) de está posverdad es lo que enfoca los discursos hacia esa derecha del campo de juego político que se va haciendo natural y no solo va destruyendo derechos sino también el juego político tradicional.

Mario riorda
Mario Riorda destaca el crecimiento de la posverdad parte del corrimiento a la derecha de los discursos políticos

Mario Riorda destaca el crecimiento de la posverdad parte del corrimiento a la derecha de los discursos políticos

A propósito Riorda insiste con su teoría de que los partidos políticos están siendo reemplazados “por dos elementos: uno, hiper liderazgos, y por otro lado, estructuras movimientistas, que básicamente significa articulaciones de intereses de sectores que, en parte, se han salido de la referencia de la representación de los partidos políticos, y más que ideales, más que ejes programáticos, demandan respuestas concretas.

El movimientismo se articula en torno a causas, articula en torno a «voy a ser donante», demandas concretas, entonces, ayuda a una explosión en las representaciones de corto plazo. El problema es que cuando alguien gana con estructuras movimientistas, el nivel de demanda y de respuesta es de muy corto plazo. Por eso es que los consensos son precarios, y como los procesos se aglutinan rápidamente en torno a causas, también se rompen rápidamente cuando las causas no son resueltas o no son satisfechas.

¿Qué sigue? No sé. Probablemente habrá una tensión constante entre los hiper liderazgos, entre estructuras movimientistas y entre –ojalá–, no digo el renacer, pero por lo menos un reacomodo del protagonismo de los partidos políticos, porque uno puede criticar, y soy muy crítico de ellos, pero a la corta o a la larga, son quienes garantizan estabilidad en los sistemas políticos, profesionalismo de sus cuadros, y son quienes garantizan diálogo institucionalizado”.

Un poco lo que pasó en la Argentina después de la crisis del 2001 y el que se vayan todos donde finalmente a pesar de los movimientos y los reclamos los partidos políticos tradicionales con otro marco de alianzas terminaron recuperando el sistema y asegurando la continuidad democrática.

¿Estamos ahora ante la posibilidad de una crisis similar? Es seguro que al igual que en gran parte del mundo globalizado estamos ante una crisis de conceptos a partir de interrogantes que ponen en riesgo la democracia a partir de la potenciación comunicacional de los desencantos.

El fogoneo del interrogante de ¿para qué sirve la democracia si no me soluciona problemas? es permanente y constante y ya ha hecho mella en las generaciones más jóvenes que no vivieron la ola de gobiernos por fuera de la voluntad popular a nivel mundial.

Riorda da en la clave de uno de los problemas que seguramente nos llevó a este estado; “en la totalidad de mis libros, y llevo muchos libros escritos, jamás usé la palabra marketing político. ¿Por qué? Porque soy muy crítico. Considero que el marketing político es un enfoque relativamente descontextualizado y simplificador, que de alguna manera reduce la comunicación política a fórmulas elementales, desde mi punto de vista, bastantes peligrosas.

Una de las características más significativas de este peligro es la creación, de la aparición de un fenómeno que denominó la «electoralización de la comunicación gubernamental». ¿Qué significa la electoralización de la comunicación gubernamental? La aplicación, particularmente recomendaciones, prácticas, instrumental que el marketing político ha generado, pensado para ser usado en campañas electorales y que se aplica irresponsablemente a la comunicación de gobierno”.

Quizás la clave sea de una vez por todas recuperar la Política

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