Análisis

Coviar: mucho balance, pocos anuncios y algo de esperanza

El desayuno de la Coviar, uno de los actos políticos de la Fiesta Nacional de la Vendimia dejó muy poca tela para cortar.

Excepto el convenio con el Banco Nación (que no se firmó en el evento) que promete una importante suma para los créditos de cosecha y acarreo y mejoras tecnológicas, no hubo mucho más para mostrar y destacar en estas horas.

Quizás lo más importante es que parece ser hora de ir readecuando muchos de los eventos vendimiales que se amontonan sin sentido, son reiterativos, se hacen eternos y son solo una competencia de egos y outfits.

Los actos vendímiales, excepto el acto central de la Fiesta de la Vendimia, se van transformando en una falta de respeto absoluta para invitados, espectadores, trabajadores etc. Nadie sabe a qué hora comienzan ni a qué hora terminan. Desorganización e improvisación predominan cada año un poco más.

La previa del “almuerzo” de la Coviar estuvo predominada por las repercusiones del discurso presidencial más que por la actividad vitivinícola.

Coviar 2024
Este sábado se realizó una nueva edición del tradicional Desayuno de la Coviar.

Este sábado se realizó una nueva edición del tradicional Desayuno de la Coviar.

El discurso de Javier Milei dejó algunas puntas que la actividad debería seguir de cerca, claro que con ciertos reparos porque es evidente que la enorme mayoría de los anuncios presidenciales son impracticables o de largo aliento.

Después de más de una hora y media de espera el acto arrancó con la firma de acuerdos que tienen una particularidad, todos los años parece firmarse lo mismo. Al igual que los videos y balances tanto en Coviar o en Bodegas de Argentina, un compendió de cosas buenísimas pero la única realidad es que el consumo interno está en su mínimo histórico después de desplomarse 7 puntos el año pasado y las exportaciones se desplomaron 26 puntos en 2023 contra 2022 y ya habían caído 21 puntos en 2022 contra 2021. Los discursos son reiterativos pero la realidad se encarga, cada año un poco más, de hacer chocar esos discursos contra una pared.

Un cambio que se hace necesario

Es cierto que, como lo dijo Mario Gónzalez, presidente de la Coviar, la industria necesita previsibilidad, promoción y acuerdos comerciales. Se puede lograr con nuevos esquemas impositivos, pero la realidad es que la coyuntura siempre termina llevándose las horas de trabajo.

Un caso claro es el de las retenciones que cada cierto tiempo o con cada cambio de gobierno hay que discutir y rediscutir porque siempre aparece el genio que quiere gravar la generación de valor agregado en vez de gravar los commodities.

Pero ¿solo es una cuestión de previsibilidad y algunos acuerdos comerciales? o, además, hay que rediscutir profundamente el modelo de comunicación y producto sobre todo en el mercado interno que significa casi el 70 por ciento del vino fraccionado que vende la industria.

Como bien dijo el titular de la Coviar, la vitivinicultura debe y se merece estar mejor, el desafío es grande pero el camino pasa por deponer egos y vanidades y entender que los modelos cumplen ciclos y los mercados no son eternos.

Este desayuno/almuerzo de la Corporación Vitivinícola Argentina, quizás acorde con los tiempos, fue el menos trascendente en los últimos años, la situación económica y política nacional no parece ser un campo fértil para otra cosa.

Alfredo Cornejo fue claro al proponer no quedarse a protestar y encarar con los recursos que tiene Mendoza los caminos para sortear lo que definió como las dos grandes dificultades; el cambio climático junto con la falta de agua y la caída del consumo de vino a nivel mundial.

El gobernador también reclamó que para que la vitivinicultura aumente su cantidad y calidad se necesitan políticas macroeconómicas y aseguró tener esperanza que el presidente Javier Milei de vuelta la página de decadencia del país, asegurando que apoyará reformas estructurales.

Aquí siempre surge la misma pregunta que nunca se aclara. ¿Las reformas que plantea Javier Milei coinciden con lo que Alfredo Cornejo imagina y, más aún, con lo que Argentina necesita?

¿La dolarización, por ejemplo, es conveniente para la exportación y la industria vitivinícola o será un collar de melones lavallinos? Una pregunta que aún no tiene respuesta.

Balances y promesas, no mucho más para una Vendimia 2024 que no pasará a la historia por sus brillos.

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