miércoles 23 nov 2022
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Conflictividad social: Algo huele mal en Dinamarca

El conflicto del sector de los neumáticos no es más que un emergente de una conflictividad social en aumento que está a llegando a los trabajadores organizados.

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Por Marcelo López Álvarez 28 de septiembre de 2022 - 09:01

El conflicto de los trabajadores de la industria de los neumáticos que ha puesto en crisis a toda la cadena automotriz y ha escalado en la consideración de los medios -con una simplicidad de análisis que no sorprende ante la chatura generalizada- poniendo en agenda una conflictividad social que va en aumento.

El paro de los trabajadores del sector fue completado con un lockout patronal que decidió cerrar las fábricas en una escalada de tensión desde ambas partes ante la inacción del Ministerio de Trabajo que sigue juntando puntos para ser declarado como el de peor gestión en los casi tres años de gobierno. Vale agregar que desde que comenzó el reclamo de los trabajadores se llevaron a cabo 35 (treinta y cinco) reuniones en el Ministerio lo que demuestra la poca o nula capacidad de los funcionarios de la repartición.

El conflicto que tiene sus bemoles particulares -que van desde la procedencia política de quienes manejan el gremio, la poca cantidad de fabricantes de neumáticos de la Argentina y la multiplicidad de acuerdos y representaciones- está enmarcado en una realidad nacional que no escapa a ningún trabajador pero que aquí cobra relevancia por la casi monopolización del mercado.

Tres números definen este conflicto y podrían extenderse a casi todos los gremios. Los neumáticos aumentaron entre 150 y 200 por ciento en los últimos 12 meses, la inflación del 78.5 por ciento y la oferta salarial del 38 por ciento después elevada al 50 en tres cuotas que arrancaron en julio del año pasado y terminaron en junio de este. Y agregamos que el costo de los salarios representa entre el 2 y el 5 % del valor del neumático.

El conflicto del sector no es otra cosa que la pequeña punta del iceberg que se está desatando en casi todos los gremios. En una país con 100 por ciento de inflación y empresarios dispuestos a usarla como método de licuación de los costos laborales si no hay una intervención fuerte del Estado como árbitro el camino a la colisión es indefectible

El que debería ser el principal actor desde ese Estado presente es uno de los funcionarios más grises de esta gestión a quien ya no solo se le anima el kirchnerismo sino los sindicatos más diversos. Pablo Moyano aseguró que “ el Ministerio de Trabajo después de cinco meses no puede resolver un conflicto tan importante" y el mismo lunes, en la cena de los otros integrantes de la conducción cegetista con el Presidente, Claudio Moroni debió soportar una especie de ninguneo de los sindicalistas delante del propio primer mandatario

La guerra perdida por escándalo de los salarios versus la inflación suma conflictos, ATE (ayer ya paralizó vuelos en Aeroparque) la Bancaria exigió la reapertura de paritarias, Camioneros mantiene varios conflictos, Aceiteros y Comercio también reclaman volver a negociar y así se multiplican. La estructura de salarios del universo trabajador se desarma rápidamente ante la inflación y ni hablar de los gremios más chicos y los trabajadores sin protección gremial o informales.

alberto fernandez cgt
Alberto Fernández recibió una vez más a la CGT en lo que podría ser el primer paso para un acuerdo amplio en busca de bajar la conflictividad social.

Alberto Fernández recibió una vez más a la CGT en lo que podría ser el primer paso para un acuerdo amplio en busca de bajar la conflictividad social.

Para colmo las previsiones del propio Gobierno para el año que viene son de un IPC de 60 puntos y el mes de octubre difícilmente merme la carrera con la enorme cantidad de aumentos en los precios regulados que ya hay anunciados y autorizados.

La consultora Focus Market dio a conocer un trabajo que da cuenta que la canasta básica ampliada de una familia tipo (esto es incluyendo alquiler y algunos otros items) desde este más hasta marzo del 2023 sufriría un aumento del 58%.

Si bien no hay información oficial de la cena en Olivos trascendió que a pesar de la reticencia de los cegetistas y del Ministro de Trabajo a otorgar un aumento por decreto generalizado a cuenta de las paritarias del 2023, la acuciante situación terminó convenciendo a los interlocutores del Presidente que no hay muchos otros caminos más que ese y acompañado de un gran acuerdo social.

No debería sorprender que en las próximas horas aparezca la foto de una nueva cena o almuerzo en Olivos pero está vez con los sectores empresariales.

En este contexto inflacionario todo empieza a retraerse y lo poco que crece el consumo es por la necesidad de stokearse para intentar ganarle a la inflación. El lunes el INDEC confirmó que la actividad económica creció 5.6% interanual y en lo que va del año 6.4, sin embargo el dato de advertencia es que entre junio y julio el crecimiento fue cero.

Los rumores de una supuesta serie de anuncios el próximo viernes, cuando Sergio Massa haría un balance del llamado dólar soja y probablemente anuncie algunos otros “dólares especiales”, están a la orden del día como también lo está la espiralización de los conflictos sociales en una economía que no logra saltar la crisis.

En esta conflictividad hay una clara falta de capacidad política de acompañar algunas situaciones y de mensajes a la sociedad. Si los productores agropecuarios retienen su soja está bien porque cuidan su capital entonces se les da un dólar especial para que liquiden y no pierda. Si algunos sectores evaden impuestos o hacen trampa a la AFIP dirigentes políticos los justifican porque “no se puede vivir con tantos impuestos”. Si los trabajadores retienen su fuerza de trabajo que es su capital (como la soja para los productores) porque sus salarios están al límite de la línea de pobreza son “caprichos”.

Algo huele mal de Dinamarca

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