23 de junio de 2026
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Treinta cuentos donde la tragicomedia es un estado de ánimo

En su libro "Hacerse el muerto", el escritor argentino radicado en España Andrés Neuman explora las formas poéticas del cuento.

Por Sección Cultura
Neuman (Buenos Aires, 1977) en su reciente libro editado por Páginas de espuma rastrea hasta las últimas consecuencias el registro tragicómico, va desde lo conmovedor hasta lo absurdo, del dolor de la muerte hasta la risotada incontenible frente a un revólver y experimenta en 30 piezas cortas la fugacidad de la existencia.
 
A caballo entre su ciudad natal y Granada (España) donde vive desde su adolescencia, este joven autor de novelas como "Bariloche" y "El viajero del siglo" reconoce que tiene una "relación con el idioma con un costado patológico y uno poético" y ese mismo extrañamiento con su lengua materna "le produce un acercamiento poético, algo así como me pasa con la nacionalidad".
 
Al igual que con el idioma, Neuman somete a sus cuentos en "drásticas maniobras con el lenguaje" y tensa (y busca) el sentido mientras escribe. También juega con los finales, que los prefiere "misteriosos" a cerrados. "Un cuento muy redondo no te deja salir, ni entrar. Prefiero el hallazgo a la sorpresa, que es el producto de un desvío", dice a Télam en una entrevista.
 
Estas oscilaciones juegan todo el tiempo en "Hacerse el muerto" donde revela la muerte de su madre y conjuga la excitación del sexo con el tánatos y con aquello que los personajes no se atreven a hacer, pero que los hace vivir en consecuencia.
 
Neuman regala un final estrictamente para curiosos, un bonus track de sus observaciones en el proceso de escritura; aquí se despacha con un par de dodecálogos del cuentista, líneas cortas y contundentes sobre la narrativa que practica en este breviario de historias personales, imaginadas y monólogos.
 
- Télam: ¿Qué obsesiones y placeres concentra en este libro?
- Neuman: Quizás ese vaivén entre el humor y el dolor, cierta voluntad de reírse en el momento más inoportuno o de ponerse trágico en el más divertido y una cierta certeza de que la tragicomedia es el estado de ánimo de la realidad, por la manera en que la realidad nos trata.
 
"Hay aproximaciones a la muerte, algunas imaginarias, otras vividas y otras ajenas. Como una especie de repertorio de posibles encuentros con la muerte, hay otra sección de encuentros de amor y sexuales, el deseo como una forma de resistencia ante la mortalidad, y al mismo tiempo, como si la mortalidad fuese la conciencia de la finitud del deseo. Son dos fuerzas eróticas y tanáticas que, para mí, van muy juntas a la hora de escribir".
 
"Hay cuentos que reflexionan sobre la naturaleza misma de la narrativa. Son un conjunto de intereses distintos unidos por una especie de montaña rusa, que se da en lo emocional y en lo tonal. Hay cambios de tono bruscos y de extensión, como un ejercicio elástico de escritura, como tensar y destensar".
 
- T: ¿De dónde surge la necesidad de reafirmar y defender el cuento como género?
- N: Cuando uno publica una novela nadie pregunta porqué, en cambio cuando es un libro de cuentos, de algún manera hay que justificarlo. El género cuento es una forma a la que le tengo mucho cariño desde que empecé a escribir; en el cuento muy breve hay una frontera que me atrae mucho, la del enfoque poético de la prosa y, al mismo tiempo, una cierta misión narrativa.
 
El cuento breve puede participar de algunas estrategias poemáticas sin dejar de contar una historia o insinuar un personaje, es una forma de tratar de hacer poesía y narrativa al mismo tiempo. Me parece una tentación irresistible.
 
- T: De hecho al final esboza una suerte de teoría...
- N: Hay un epílogo con extras y que para mí es una especie de suplemento para curiosos, no sobre mi libro, sino sobre el género cuento en general.
 
Siento que es una forma cuya teoría es muy clásica y que no ha habido demasiado espacio para una teorización más contemporánea y flexible del cuento, que se pueda pensar a sí mismo para ampliar o romper esa idea de que un cuento solo admite la forma Carver, Cortázar, Quiroga, Hemingway y un poco más.
 
Pienso que el cuento es tan infinito como la novela en sus posibilidades formales, y que a veces tenemos una idea un poco tradicional.
 
T: Otra constante es la apuesta a la combinación entre la imaginación pura con lo autobiográfico...
AN: Trata de narrar en clave autobiográfica no sólo lo vivido, sino lo que se quiso vivir y no se pudo. Es un libro muy de lo que no. Hay un cuento ("Las cosas que no hacemos") de una pareja que no hace cosas juntas y su amor consiste en no hacerlas, otro sobre un paseo que no pude dar con mi madre porque murió antes y reproduzco el recuerdo que no pude tener.
 
No solamente me interesa ir de lo autobiográfico a lo imaginario  sino como lo imaginario puede potenciar lo vivido y ampliarlo. Así como las ficciones que vemos o que leemos pasan a formar parte de la memoria personal y lo aplicamos en nuestra vida diaria, me seduce la posibilidad de narrar en clave autobiográfica algo que temimos, deseamos o soñamos y contarlo como si hubiera pasado.
 
- T: Entonces, ¿también abre el panorama frente a lo tradicional?
N: En ese sentido me parece que hay una ampliación del concepto de lo autobiográfico que no sólo es lo que sucedió, sino lo que pudo haber sucedido, lo que no sucedió del todo, lo que temimos que sucediera. Son todas las posibilidad de conjugar un suceso.

Fuente: Télam

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