El libro, publicado por la casa Grama, está ilustrado por los caracteres chinos que nombran la política, y es la oportunidad para discutir algunas categorías del italiano Roberto Esposito y los franceses Michel Foucault y Francois Jullien.
Tudanca es analista de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
T : Cuál es la diferencia entre lo político y lo impolítico, con el trasfondo de la práctica política? ¿Y de la práctica analítica?
T : Me preocupo por distinguir la política de las políticas. De la primera alcanza con recordar que no la hay, aunque se la intente todo el tiempo. De la segunda puede confundir el plural pero se trata de una política cada vez, de la política en singular, contingente, ocasional. Lo impolítico es una política. No es ausencia de política, ni anti-política, ni despolitización. Mientras la política se sostiene en la acción política directa, lo impolítico se lleva mejor con la no-acción, que no es inercia, ni inactividad, ni inacción, sino un actuar sin actuar, una actuar sostenido en una acción indirecta. Ahora bien, no hay oposición entre las políticas y lo impolítico, no son dos formas antagónicas de la política sino que se anudan. No evitan ni agotan el problema de la decidibilidad en cada quien, cada vez. A veces se necesita privilegiar la acción política directa. Otras es necesario intervenir desde lo impolítico a través de una eficacia indirecta.
Aquí también vale distinguir entre acción política y activismo. Lo impolítico puede llevarse bien con la acción política, la que se sostiene en la acción directa, si consigue restarle el activismo en que puede confundirse. A la vez puede decirse que la acción política es el límite mismo a lo impolítico. Planteo en mi libro: Hay que acostumbrarse a la idea paradojal de una acción sostenida en la no-acción y a la inversa, una no-acción que sólo puede desplegarse en una acción concreta. Suplemento, no complemento. El alcance que tiene en psicoanálisis es inherente a la política del psicoanálisis. Diré por ahora que lo impolítico es la forma en que el no-todo se encarna en una política, la del psicoanálisis.
T : La práctica analítica, ¿es una práctica política o impolítica? ¿Cuál sería la diferencia, si existiera?
T : Lacan se preguntó qué es una praxis. La definió como aquella acción que da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico. La práctica analítica es en primer lugar, clínica, si con el término clínica abordamos una singularidad inclasificable, es decir, lo que cada uno es. Ese lo que cada uno es, el psicoanálisis lo aborda con la noción de síntoma. El síntoma es lo mas real que hay en uno. Entonces: la práctica analítica se ocupa de lo real del síntoma de un sujeto, siempre y cuando ese síntoma se presente del lado de lo que no funciona, de lo que hace sufrir, de lo que traba la vida de alguien. Si nos restringimos a esa descripción, la práctica analítica es clínica -en el sentido recortado que hemos dado al término clínica- y no política, ni impolítica. Pero si el síntoma es singular, ¿habrá un síntoma social en el cual intervenir como práctica política? Lacan no se privó de usar el término síntoma social. Pero le redujo mucho el sentido. Para él sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con que hacer lazo social, dicho con otro término, semblante. Es una definición que disminuye mucho el aspecto social del síntoma para reenviarlo a lo mas singular de cada quien. Pero lo más singular aparece subsumido en el término individuo que hay que traducirlo más como parlêtre que como sujeto, subrayando la ausencia de división y la connotación de goce que arrastra. Individuo proviene del latísindividuus, que significa indivisible. Que ese individuo sea un proletario da que pensar.
