23 de junio de 2026
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Para pensar

Una política del síntoma

El psicoanalista Luis Tudanca despliega la concepción de la política para los chinos.

Por Sección Cultura

El libro, publicado por la casa Grama, está ilustrado por los caracteres chinos que nombran la política, y es la oportunidad para discutir algunas categorías del italiano Roberto Esposito y los franceses Michel Foucault y Francois Jullien.
 
Tudanca es analista de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
 
T : Cuál es la diferencia entre lo político y lo impolítico, con el trasfondo de la práctica política? ¿Y de la práctica analítica?
T : Me preocupo por distinguir la política de las políticas. De la primera alcanza con recordar que no la hay, aunque se la intente todo el tiempo. De la segunda puede confundir el plural pero se trata de una política cada vez, de la política en singular, contingente, ocasional. Lo impolítico es una política. No es ausencia de política, ni anti-política, ni despolitización. Mientras la política se sostiene en la acción política directa, lo impolítico se lleva mejor con la no-acción, que no es inercia, ni inactividad, ni inacción, sino un actuar sin actuar, una actuar sostenido en una acción indirecta. Ahora bien, no hay oposición entre las políticas y lo impolítico, no son dos formas antagónicas de la política sino que se anudan. No evitan ni agotan el problema de la decidibilidad en cada quien, cada vez. A veces se necesita privilegiar la acción política directa. Otras es necesario intervenir desde lo impolítico a través de una eficacia indirecta.
 
Aquí también vale distinguir entre acción política y activismo. Lo impolítico puede llevarse bien con la acción política, la que se sostiene en la acción directa, si consigue restarle el activismo en que puede confundirse. A la vez puede decirse que la acción política es el límite mismo a lo impolítico. Planteo en mi libro: Hay que acostumbrarse a la idea paradojal de una acción sostenida en la no-acción y a la inversa, una no-acción que sólo puede desplegarse en una acción concreta. Suplemento, no complemento. El alcance que tiene en psicoanálisis es inherente a la política del psicoanálisis. Diré por ahora que lo impolítico es la forma en que el no-todo se encarna en una política, la del psicoanálisis.
 
T : La práctica analítica, ¿es una práctica política o impolítica? ¿Cuál sería la diferencia, si existiera?
T : Lacan se preguntó qué es una praxis. La definió como aquella acción que da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico. La práctica analítica es en primer lugar, clínica, si con el término clínica abordamos una singularidad inclasificable, es decir, lo que cada uno es. Ese lo que cada uno es, el psicoanálisis lo aborda con la noción de síntoma. El síntoma es lo mas real que hay en uno. Entonces: la práctica analítica se ocupa de lo real del síntoma de un sujeto, siempre y cuando ese síntoma se presente del lado de lo que no funciona, de lo que hace sufrir, de lo que traba la vida de alguien. Si nos restringimos a esa descripción, la práctica analítica es clínica -en el sentido recortado que hemos dado al término clínica- y no política, ni impolítica. Pero si el síntoma es singular, ¿habrá un síntoma social en el cual intervenir como práctica política? Lacan no se privó de usar el término síntoma social. Pero le redujo mucho el sentido. Para él sólo hay un síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene ningún discurso con que hacer lazo social, dicho con otro término, semblante. Es una definición que disminuye mucho el aspecto social del síntoma para reenviarlo a lo mas singular de cada quien. Pero lo más singular aparece subsumido en el término individuo que hay que traducirlo más como parlêtre que como sujeto, subrayando la ausencia de división y la connotación  de goce que arrastra. Individuo proviene del latísindividuus, que significa indivisible. Que ese individuo sea un proletario da que pensar.

¿Por qué Lacan utiliza un término que proviene de la tradición marxista?Se trata del proletario contemporáneo, despojado de su saber y en el límite, desecho del mercado. La figura del desocupado muestra también lo que es un proletario contemporáneo. Desocupado no es solamente sin trabajo, es un sin lugar. Y Lacan agrega: sin discurso con que hacer lazo social. Es exactamente lo que decimos del sujeto contemporáneo que se refugia en su goce autista. Hay que aceptar esa paradoja: con el término síntoma social Lacan describe un parlêtre autista. Lograr un síntoma singular es muy difícil pero es a lo que apuesta el psicoanálisis: que el síntoma se dirija al Otro. Eso ya constituye un lazo social mínimo: la pareja analista-analizante.

T : Una de sus referencias es Roberto Esposito, quien tiene entre sus referencias a Michel Foucault, o mejor, a una lectura de Michel Foucault. ¿Cómo pensar a Esposito en relación a Jacques Lacan?
T : Tomo al Esposito de Categorías de lo impolítico y Communitas. Y con respecto al término biopolítica prefiero ir directo a Foucault, especialmente a suDefender la sociedadCommunitas lo uso para pensar la diferencia entre institución y comunidad. La institución es necesaria, y es productora de efectos de grupo que la debilitan desde adentro. Freud pensaba que una de las fuentes principales del sufrimiento humano eran las relaciones que un ser humano establece con otros seres humanos. Una comunidad remite a lo común, no a lo igual. Pero también al munus, que es un social de don, pero un don que se da, no que se recibe. No hay reciprocidad del munus. Una comunidad es un vacío que la institución viene a tapar con sus reglas. Maurice Blanchot reduce en una  fórmula el tipo de relación esperable si no se forcluye la idea de comunidad: ma présence a autri, mi presencia en el prójimo. Eso es lo que hace comunidad. Podríamos decir: lo que hace comunidad en la institución. Toda institución sufre de sí misma cada vez que olvida el agujero del cual procede. ¿Qué podría aportar el psicoanálisis en ésta disyuntiva? Leer lo que está pasando como un síntoma que padece uno incluido en una red social amplia. Qué interpretar en éste caso: que existe una manera de rebelión silenciosa que el sujeto desconoce de sí mismo. Freud la llamó satisfacción y Lacan goce, y generalmente aparece aliada a lo que el psicoanálisis llama compulsión de repetición. Que en el programa de la vida sana hay una variable no incluida: que el sujeto puede estar del lado de los insanos por goce y que ese mal es generalizable. Es por eso que aparecen programas terapéuticos para corregir la variable que falta. Todos ellos apuntan a educar al sujeto. ¿Se piensa adónde conduce eso? Para retomar la pregunta: no diría Esposito en relación a Lacan. Algunas ideas de Esposito pueden aplicarse al psicoanálisis, otras no.
 
 

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