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Reglamentación

Vino bebida nacional: todo muy bonito, pero las soluciones no llegan

La ley llega en momentos en los que la vitivinicultura argentina atraviesa una profunda crisis, con caída y pérdida de mercados. El golpe de gracia del “vino de la Costa” y los reclamos sin respuesta.
Por Federico Manrique

La declaración y reconocimiento por ley del vino como “Bebida Nacional” llega en un momento difícil. La vitivinicultura argentina atraviesa por una dura crisis coyuntural que amenaza con derribar los éxitos alcanzados durante los últimos diez años. Atraso cambiario, trabas para importar insumos y exportar, presión fiscal récord, inflación de costos en dólares y burocracia afectan seriamente la evolución de las exportaciones; mientras que a nivel interno, la inflación, los controles de precios y la mayor competencia de quienes se lanzan a vender en el país lo que no puede exportar hace que cada vez sea más difícil crecer en el mercado doméstico.

Todo esto junto hace que la “comercialización” de vinos y mostos argentinos se venga a pique. Y esto no se resuelve con la simple declaración del vino como Bebida Nacional. El sector pide ayuda y reclama cambios, pero todavía no ha sido escuchado.

Con datos oficiales al primer semestre del año, la comercialización de vinos acumula una caída interanual del 4,63% en volumen. Esto es consecuencia de que los despachos al consumo interno crecieron sólo 2,55% en estos seis meses contra igual período de 2012, mientras que en igual período las exportaciones se desplomaron 22,28% en volumen, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).



Por tipo de vino, las exportaciones en volumen cayeron 32,61% en el primer semestre del año en lo que respecta  a vinos “sin mención varietal”, mientras que los “varietales” bajaron 17% y los espumantes 20,22%.

El mosto, en tanto, cayó en ventas al exterior un 18,47% en volumen durante el primer semestre del año contra igual período del 2012.
En el mercado interno, por su parte, los despachos de vinos “sin mención varietal” crecieron en volumen un 1,59% en el primer semestre del 2013 contra igual período de 2012; mientras que los “varietales” subieron 7%, los “espumosos” crecieron 14,39% y los “frisantes” un 38%, según datos del INV.  



Exportaciones por precios
Claramente es en el mercado externo donde el vino argentino peor la está pasando. Y la caída es tan fuerte, que el leve crecimiento que registran los despachos al mercado interno no alcanza a compensar la diferencia y el total se hunde en datos negativos.

En la evolución de ventas por franja de precios, según datos del INV, se ve cómo el vino argentino cayó durante el primer semestre del año un 19,19% en el segmento de hasta U$S8,5 la caja de 9 litros, se desplomó 53,78% en la franja de U$S8,5 a U$S15, y así en todos los segmentos pierde salvo en uno.

El vino argentino sólo creció en exportaciones en el segmento de precios que van de los U$S39 a U$S60 la caja de 9 litros. Nicho que hoy concentra el 47% de todo el vino en volumen exportado por Argentina.



Golpe a la identidad
Fuera de la coyuntura de los despachos y exportaciones, la industria sufrió otro fuerte revés justo cuando se preparaba para festejar la ley que iba a consagrar al vino como “Bebida Nacional”. Es que con fecha 12 de junio, el INV, como órgano dependiente del Ministerio de Agricultura de la Nación, aceptó y le dio la categoría de “vino” al jugo producido en los partidos de Berisso y Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en base a Vitis Labrusca, más conocida como uva “chinche”. El INV reconoció como “Vino de la Costa” a una bebida realizada con variedades no viníferas. Rápidamente desde la industria se salió a criticar la medida y alertar sobre el impacto que esto puede tener en la campaña de promoción del vino argentino y en la apuesta por la calidad que viene haciendo el sector. Hasta ahora esto no se ha resuelto.

Reclamos en espera
Tampoco se ha resuelto ni se ha avanzado en la serie de reclamos que viene realizando la vitivinicultura como sector económico para poder salir de la situación asfixiante en la que se encuentra. Es que además de criticar la inflación y alertar sobre el impacto nefasto del atraso cambiario sobre las economías regionales, el sector le hizo llegar al Gobierno nacional una serie de pedidos aún si respuesta.

Tanto a las autoridades provinciales como al emisario del viceministro de Economía, Axel Kicillof, empresarios bodegueros le pidieron celeridad en la devolución de impuestos a los exportadores retenidos indebidamente por la AFIP, rebaja en las cargas sociales,  el fin de las retenciones a las exportaciones (el vino paga el 5%), el fin de las trabas para importar insumos clave como barricas o papel de etiquetas para poder producir vinos, y subsidios al flete. De todo esto, hasta ahora nada. Y eso que el vino ya es “Bebida Nacional”.

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