En El oscuro carisma de Hitler, editada por el sello Crítica, el periodista inglés Laurence Rees se propuso desentrañar el origen de la atracción ejercida por el dirigente nazi en las masas alemanas a través de centenares de entrevistas que realizó en calidad de realizador de documentales a quienes fueros testigos, víctimas o cómplices de sus actos.
Aunque a simple vista parecía un candidato poco apropiado para asumir un poder dictatorial, el artífice del Tercer Reich fue entre todos los fanáticos del nacionalismo racista que había en Alemania tras la Primera Guerra Mundial receptor de un apoyo incuestionable de parte de de las masas.¿Cómo logró un personaje tan poco atractivo alcanzar el control de la maquinaria de un complejo Estado moderno? ¿Por qué su autoridad -en contra de todas las previsiones- no fue limitada por restricciones constitucionales o cercenada por las clases gobernantes tradicionales?
A partir de estos núcleos, Rees narra el ascenso, apogeo y declive del Führer, a la vez que demuestra cómo su magnetismo se convirtió en una pieza crucial para el Tercer Reich y en elemento vital para la consecución de los objetivos políticos nazis.
Fue un ser mediocre, de escasa altura intelectual, un pésimo actor, pero aun así dueño de un notable y pernicioso carisma que utilizó para conducir a millones de será humanos al abismo de la destrucción, sostiene el historiador en su trabajo.
Superado el escollo de hallar herramientas para explicar lo irracional en términos racionales -de esta manera se posiciona el mito del jerarca nazi- la obra arranca en 1913, cuando Hitler, con 24 años, no almacenaba ningún atributo de líder, pero sí un rasgo que se convertiría en sello distintos de su personalidad: su capacidad de odiar.
El desarrollo cronológico de los hechos sitúa al lector en el lugar de una población alemana que, después de la humillación en la Primera Guerra Mundial, ansiaba la aparición de un héroe que los condujera a un mundo nuevo y más optimista.
Según Rees, gracias a su habilidad para conectar con los sentimientos, las esperanzas y los deseos de millones de compatriotas alemanes, Hitler supo ganarse el apoyo tanto dentro del partido como entre una población que sabía en todo momento que pretendía destruir el sistema democrático y defendía la violencia criminal como método para conseguir sus fines.
