El libro, publicado por la casa Eterna Cadencia, inaugura un área singular en la narrativa argentina, conjugando la literatura con la política por afuera del consenso moralista.
Selci ejerce la crítica cultural en diversos medios; pero la revista Planta ha sido su plataforma de lanzamiento.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
- ¿La diferencia entre crítico y narrador tiene sentido en el universo de discurso contemporáneo?
- No sé, pero existe. Se da por hecho que un crítico literario no puede ser un buen escritor cuando en la literatura haya mil ejemplos en contra. Es un resabio de mal romanticismo común en la prensa cultural: el autor es bueno si su obra responde a una inspiración involuntaria. El crítico representa la conciencia.
- Entonces...
- Pienso que todo buen escritor es un buen lector, y si es buen lector es un crítico literario, más allá de que publique reseñas. La crítica literaria, que no es más que una lectura concienzuda, representa una base indispensable para escribir.
Pero esto no significa, como instaló la teoría francesa, que escritura y crítica literaria sean lo mismo. Son cosas diferentes y por razones prácticas. Tengo una divisa para esto: hay que ser dogmático para escribir, y flexible para leer.
Cuando uno escribe un texto literario, se arma de una biblioteca personal, se hunde en preocupaciones que en principio sólo le importan a uno y crea sus dogmas, algo básico para encontrar un estilo, y para ser extremo en alguna dirección, cualquiera sea. Un ejemplo menor está en Canción de la desconfianza no usar diálogos para indicar los parlamentos de los personajes.
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25 de junio de 2026

