El análisis de las identidades culturales estuvo en la voz del sociólogo Marcelo Urresti, quien sostuvo: "las geografías imprimen carácter y tradición local, las distancias también generan enclaves de identidades colectivas".
Pero, agregó el especialista, "son las identidades emergentes las que interpelan a estas hegemonías culturales, pero frente a los procesos de globalización y a los grandes monopolios económicos y de comunicación debemos plantear estrategias de regionalización".
Así lo materializó Ramón Blanco, joven director de Cultura de la ciudad fronteriza Paso de los Libres (Corrientes), quien comentó la necesidad de fortalecer "el trabajo cultural en las regiones compartidas y la identidad en las fronteras permeables".
Juan Chico, docente y dirigente Qom, observó otro proceso identitario: la investigación sobre los indígenas que estuvieron en Malvinas. "25 hombres qom y moqoit fueron a la guerra y recién ahora esto se hace visible", dijo este joven que subrayó que la UNASUR no puede pensarse "sin los pueblos originarios".
Tomando esa línea donde la política se hace carne con la cultura, el historiador cordobés Mariano Saravia sostuvo: "La UNASUR no es un sello de goma y hoy la Argentina es valiente porque se anima a hablar de la situación en Guayana, que es meterse con una potencia colonial como Francia".
Es que una de las figuras más buscadas de este Congreso fue el poeta y militante Pierre Carpentier, del Movimiento de Descolonización y de Emancipación Social de La Guayana, que contó en afrancesado español la situación opresiva que vive su país -ubicado entre Brasil y Surinam, al norte de Sudamérica- en manos del imperialismo francés.
"Es un país administrado a la distancia por Francia, con una posición geoestratégica donde hay una base espacial, somos un ejemplo de colonialismo contemporáneo. Lárguense", pidió en uno de las salas centrales, donde dio a conocer la dura situación de los 300 mil guayaneses que luchan por integrarse culturalmente a la región.
