El caso es que un poeta, Miguel Ángel Morelli, consideró que un buen modo de tomar partido ante la irrupción de palazos y balas de goma en el neuropsiquiátrico de Barracas sería subir a Facebook un poema de Fijman, y al día siguiente se encontró con que más de 300 de sus contactos lo habían reproducido. Pero no fue lo único que encontró: Leyendo algunos de los muchos comentarios que se hicieron al respecto, apuntó, noto que no son pocos los que hablaron del desdichado Fijman como del poeta de la locura. Me gustaría hacer una aclaración: Fijman, lo mismo que Artaud, Van Gogh y tantos otros, no fue un artista de, sino más bien a pesar de. Es decir, fue un creador devorado por la locura (si es que se puede decir así) y de ninguna manera un enfermo mental que se volvió artista. Eso jamás sucede.
A ese respecto, Morelli recordó las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Theo: sus días en Arlés no fueron más que un vertiginoso intento por huir de la enfermedad a través, precisamente, del arte. Del arte liberador. Del arte que, si no cura, al menos consuela... Nuestra idea romántica del loco que escribe genialidades se da de bruces con la realidad: invariablemente, se trata de genios que escriben o pintan hasta que llega la fiebre y los atenaza. No sé si Morelli leyó la compilación de diálogos que Vicente Zito Lema mantuvo con, entre otros, Enrique Pichon Rivière, Fernando Ulloa y el propio Fijman, pero precisamente ahí, en el encuentro con Pichon Rivière, el psicoanalista y fundador de la poesía social le dice a Zito Lema que el arte es una de las formas de preservación que tiene la raza humana. Y, más específicamente, para curarse de la locura. Aunque no sólo para curarse, también para evitarla, para prevenir ese terror a lo desconocido que, en forma de muerte o de locura, acecha permanentemente al hombre."
Desde Rimbaud y Kafka a Charlie Parker, Alejandra Pizarnik y Jim Morrison, quien más quien menos sabe de artistas y escritores a quienes los marcos de lo considerado normal les resultaron estrechos, y tanto en el cine como en las novelas y las biografías todos hemos visto personajes que parecen elegir el desquicio como condición para crear, como si fuera la naturaleza misma del arte la que convoca a los demonios. Pichon Rivière, sin embargo, llegó hasta a hablar del alto valor terapéutico del arte, y sabía bien por qué. Con una vasta experiencia en establecimientos psiquiátricos, estudioso de los poetas malditos franceses y compañero de aventuras de los surrealistas argentinos en la revista Ciclo, Pichon tenía motivos para no confundir: la locura y la creación serían los dos caminos alternativos frente a una situación límite de crisis, y en uno y otro caso se pueden ver actos de la imaginación, distintos. En uno, el sujeto puede mover su realidad externa e interna. En el otro, como no la puede movilizar, intenta controlarla con los mecanismos de la locura. Por eso, en el arte hay juego y en la locura sólo existe una cruel distorsión de esa realidad. Ocurre que el sujeto, a través de la locura, se libra, relativamente, del sufrimiento. ( ) Como no soporta más, se disocia, se va del mundo, se inventa un sistema para tolerar el sufrimiento, logra diluirlo. A su vez, el creador salda el sufrimiento con la obra.
Tanto dolor hay en la locura, agregaba Pichon, que quien lo padece se estereotipa, se torna rígido; y ello se percibirá después en su obra. El artista normal tendrá, en cambio, la posibilidad de jugar con el objeto; no tiene obstáculos para acercarse a él, para transformarlo, para rearmarlo, y fueron precisamente esos momentos que Van Gogh o Fijman encontraron para escribir o pintar las ocasiones en que lograron zafar de la locura. A propósito, alguien retrucó, en los comentarios al post de Morelli, que no hay creatividad artística que no implique algún tipo de exceso o desborde, un plus de energía que a veces incluso se despliega de maneras demasiado extrañas para la mayor parte de sus contemporáneos, como implantando una suerte de desobediencia ante la sociedad. Y el comentarista se preguntaba entonces si no corresponde llamar a eso locura.
