Los libros de arte han sido siempre protagonistas subterráneos de ArteBA. Pero esta que acaba de comenzar será la primera de las 22 ediciones de la feria en que tendrán un espacio propio dentro del océano de stands que conforman el evento anual de las galerías de arte. Libros y también revistas y fanzines de editoriales locales y extranjeras y hasta una pequeña exhibición sobre publicaciones históricas de la escena del arte darán cuerpo a este nuevo espacio, que se ofrece a sí mismo como punto de encuentro para afianzar los lazos entre los distintos actores que impulsan ese micro mundo. La isla de ediciones, como se denomina la zona dentro de la feria, tiene como objetivo incluir una especie de catálogo ideal para el público del arte que al mismo tiempo aspira a ser una plataforma teórica, cuenta Lucrecia Palacios, curadora a cargo.
" Coffee table books (algo así como libros para mesas de living) suelen denominarse a los libros de arte y fotografía, una etiqueta que suena un tanto despectiva y que no hace honor a la interesante función que cumplen para difundir la obra de los artistas, cuyo tiempo de exhibición pública es, por lo general, efímero. Se trata casi siempre de libros concebidos como objetos, que van más allá de una simple compilación de información e imágenes dedicadas a un artista, hasta rozar el estatus de obras en sí mismas. Aquí presentamos cinco ejemplos que, por diferentes razones, serán protagonistas en ArteBA.
Bye Bye American Pie
A finales de marzo del año pasado el Malba se salía de su línea estrictamente latinoamericana para dar lugar a una contundente exposición en la que reunía obra de los artistas norteamericanos: Basquiat, Larry Clark, Nan Goldin, Jenny Holzer, Barbara Kruger, Paul McCarthy y Cady Noland. La tesis curatorial de Philip Larratt-Smith se sostuvo en un catálogo meticulosamente editado; uno de esos que además de compilar en formato libro las obras exhibidas e información sobre los artistas, la amplifican y enriquecen. Larrat-Smith, que suele apoyarse en teorías psicoanalíticas para guiar sus exposiciones, esta vez echó mano de la teoría del impulso a la muerte, la que le llevó a esa selección de artistas. El resultado fue una intensa exploración por las transformaciones de la cultura estadounidense desde la década del sesenta a la actualidad. Además del ensayo del curador, la edición cuenta con un análisis político del crítico cultural estadounidense Gary Indiana y otro ensayo más político y sociológico realizado por el filósofo británico John Gray, que se apoyan en una línea de tiempo visual con fotografías históricas compilada especialmente. Y no hay una sola línea de sobra entre los textuales de cada uno de los artistas que acompañan las obras.
Martín Legón
El test del hombre bajo la lluvia es un libro de artista puro y duro. No es una de esas publicaciones que se va por ramas teóricas ni interpretativas. No hay texto curatorial ni ensayo conceptualizador. Lo que este libro contiene, de forma natural y despojada, es una serie de obras de Martín Legón (Buenos Aires, 1978), una de las más destacadas figuras emergentes de la escena local. Se trata, puntualmente, de la serie con la que participó de la edición de 2012 de la Bienal de San Pablo, curada por el venezolano Luis Pérez Oramas, que se tituló La inminencia de las poéticas y que abordó la idea de constelación de obras, procesos previos y propuestas artísticas. Con un diseño minimalista y extremadamente funcional, el libro reúne 300 dibujos en lápiz que representan a un grupo de aspirantes a un puesto de trabajo. El único texto que contiene el libro versa sobre el test psicotécnico creado para evaluar diversos rasgos personales de los aspirantes. La serie evidencia la especulación y las estrategias que cada quien aplicó al dibujarse bajo la lluvia, tal como un artista puede hacer para participar de un concurso o entrar a un circuito o al mercado.
Alberto Giacometti
Cuando en octubre de 2012 la Fundación Proa tomó el desafío de traer por primera vez al país (y a Sudamérica) una muestra retrospectiva de Alberto Giacometti (1901-1966) también asumió la obligación de editar un catálogo que sirva de registro de la inédita experiencia. Fue la misma curadora de la exposición, Véronique Wiesinger (directora de la Fundación Alberto y Annette Giacometti en París) la responsable de la publicación. El libro recorre la trayectoria artística del gran artista, detalla la cuestión de la cabeza humana como una búsqueda constante, el texto curatorial da el marco teórico e histórico que ayuda a comprender la obra. Se destaca el capítulo que recopila algunos escritos (de puño y letra del artista) que revelan sus ideas y particular visión del arte. En una entrevista realizada por Antonio del Guercio, en 1962, para la revista comunista italiana Rinascita (reproducida en la Argentina por Hoy en la cultura en noviembre de 1962) en la que Giacometti decía: Mis pinturas son copias no logradas de la realidad. Cada vez que trabajo recuerdo que la distancia entre lo que hago y esa cabeza que quiero representar, es siempre la misma.
Adriana Lestido
Un libro formidable, de una autora igual de formidable. Impecable diseño de Alejandro Ros (responsable de varias de las mejores tapas de la historia reciente del rock argentino), lleno de aciertos técnicos: desde tapa dura con texturas, elección de papel e impresión, hasta la sobriedad de la tipografía y la selección de los espacios blancos entre imagen e imagen. El profundo olor a tinta y la calidad fotográfica de la impresión son las dos primeras sensaciones que se tiene al abrir este libro. Da la idea de algo que va a perdurar en el tiempo. Uno siente estar muy cerca de la obra real. Una obra profunda y desgarradora, que se presenta completa en riguroso blanco y negro, con algún atisbo de color que da espontaneidad. Son 30 años de trabajo representados en una selección de 152 imágenes, las más representativas, escogidas por la propia Lestido y Gabriel Díaz.
Arte Plural
En un formato de libro convencional se suma a esta lista Arte Plural. El grabado entre la tradición y la experimentación, 1955-1973 y el tamaño tienen que ver con que es un libro teórico. Aunque bien le vendría otro formato y un despliegue más completo de imágenes a la minuciosa investigación de Silvia Dolinko, el jugo está en la investigación que realizó esta doctora en Historia del Arte e investigadora del Conicet haciendo foco en el grabado. Aquella vieja disciplina siempre presentada como la hermana menor de la pintura y la escultura. La investigación se concentra en la efervescente y luminosa década del sesenta donde tenían lugar los happenings y estallaba el arte pop y de aquel contexto Dolinko decide revelar la faceta menos contada. Una época que, sobre todo tras el caso Berni (que triunfó en la Bienal de Venecia en 1962), el grabado vivía un momento de expansión y experimentación. Se realizaban muestras y ediciones, se consolidaba una trama institucional (premios, bienales, colecciones, el Museo de Bellas Artes comenzaba a organizar el Gabinete de Estampas) estaban los artistas que sostenían la tradición y quienes la desmenuzaban como hicieron Luis Cammitzer y José Guillermo Castillo, Liliana Porter en el New York Graphic Workshop.