miércoles 22 jun 2022

Brillo báltico, sombra soviética

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Por Sección Fotografía 16 de junio de 2022 - 07:00

El 25 de diciembre de 1991, la bandera roja con la hoz y el martillo era retirada de la fachada del Kremlin en Moscú. La Unión Soviética había dejado de existir. Quince países arrancaban entonces su independencia, entre ellos, Letonia, Lituania y Estonia. El trío báltico recuperó la soberanía, pero el pasado soviético sigue visible hasta hoy. 

Letonia En esta zona residencial de la ciudad de Liepaja (Letonia), entre los edificios soviéticos de hormigón destacan las cúpulas doradas de la catedral Naval de San Nicolás, una iglesia ortodoxa.

Con una población de más de seis millones de habitantes, las tres pequeñas naciones a orillas del Báltico tienen un pasado común que sigue pesando tres décadas después de conseguir su indepen¬dencia. Curiosamente, la dominación soviética de Lituania, Letonia y Estonia empezó al mismo tiempo que acababa otra: cuando fueron liberados de los nazis por el Ejército Rojo. En 2022, y mi¬rando siempre de reojo las intenciones de su imprevisible vecino Vladímir Putin, las poblaciones bálticas viven en medio del estigma de la historia soviética y los valores europeos. "Para la gran mayoría, el pasado soviético representa un periodo de opresión, deportaciones y erradicación metódica de las culturas bálticas. Para los rusohablantes, en gran parte descendientes de poblaciones rusas depor-tadas para poblar la zona, estas tierras continúan reforzando una memoria colectiva", aseguran los fotoperiodistas Eugénie Baccot y Cyril Abad, que viajaron durante dos años por estos territorios. El resultado es un retrato preciso del ambiente en el que se combina el aire enrarecido del pasado y la búsqueda de un futuro luminoso. En esa duali¬dad, los tres países intentan construir una identidad propia en ciudades en las que los búnkeres, las estatuas de Lenin abandonadas y el hormigón soviético permanecen como un recuerdo de la historia.
Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Letonia Una escena de la vida cotidiana en Riga, capital de Letonia, con los edificios de viviendas soviéticas al fondo. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Letonia Un niño juega con una pelota frente al muelle del puerto militar de la ciudad de Liepaja. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Letonia Estación de tren de Jurmala, la capital de los sanatorios soviéticos del Báltico, a 30 kilómetros de Riga. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Letonia Esta cabeza de Lenin es uno de los pocos restos que quedan de las estatuas del líder soviético en Riga. Fue traída a una base militar abandonada tras la independencia. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Estonia Una avenida con edificios de estilo estalinista en la ciudad secreta de Sillamäe. La ciudad estaba prohibida a visitantes y no aparecía en los mapas por tener una planta de procesamiento de uranio. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Estonia La estrella roja, símbolo de la URSS, en un puerto de Tallin que acogió las pruebas de vela de los Juegos Olímpicos de 1980. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Estonia La estación de tren de Tallin que conserva el estilo brutalista soviético. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Estonia Los estonios mantuvieron sus tradiciones a pesar de la dominación soviética, como la celebración de Jaanipäev durante el solsticio de verano. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Lituania Una estatua de Jean-Paul Sartre en las dunas de Nida, en la frontera entre Lituania y Rusia. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Lituania La central nuclear de Ignalina cerró sus puertas en 2009 como parte de las condiciones de entrada en la UE. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Lituania En este búnker soviético el visitante puede vivir la experiencia de ser un prisionero político. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

Lituania En el Grutas Park se puede visitar el Jardín de las Esculturas, un museo de realismo soviético al aire libre. Eugénie Baccot y Cyril Abad Inland Stories

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