miércoles 22 jun 2022

Vivir sin agua potable y con una sola comida al día

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Por Sección Fotografía 7 de junio de 2022 - 00:00

En Kenia, más de tres millones de personas padecen hambre debido a una de las peores sequías en décadas. Medio millón está en riesgo crítico por falta de alimentos y necesitan ayuda inminente para evitar la hambruna.

El camino que une Nkisoro y Yaqbarsadi, dos aldeas del condado de Isiolo, en el corazón de Kenia, es una tumba. Cientos de animales, principalmente cabras y vacas, yacen muertos y se descomponen en los márgenes. Aunque es raro que los camellos, más resistentes, fallezcan por falta de agua, la extrema sequía en el país ha sido mortal para algunos, como el de la imagen. JULIÁN ROJAS

El condado de Isiolo, en el centro de Kenia, es uno de los 23 que componen las llamadas tierras áridas y semiáridas del país, en la mitad norte y este. Estas han sido las más impactadas por la sequía que también afecta a Somalia, Eritrea y Etiopía. Tres estaciones secas consecutivas han llevado a una grave escasez de agua, matando ganado y cultivos, desplazando poblaciones y aumentando el riesgo de enfermedades y desnutrición severa. JULIÁN ROJAS

"Esto significa perder mi vida", afirma Roba Godana, de 65 años, mientras señala con un bastón los hedientos cadáveres de algunas de sus cabras muertas, la prueba de su quebrando. Desde que emprendió su periplo al sur, con su mujer y su ganado, en busca de mejores tierras, ha perdido 140 de sus 430 cabezas. Una fortuna: al precio habitual de 45 euros por cada una, podría haber obtenido algo más de 6.000 euros. JULIÁN ROJAS

El Gobierno declaró la sequía como un desastre nacional a principios de septiembre de 2021, lo que implicaba aumentar los esfuerzos para ayudar a los hogares afectados con la distribución de alimentos y agua, así como la adquisición de su ganado aún vivo, pero amenazado de muerte. En este sentido, la Comisión de Carne de Kenia -una institución pública cuyo objetivo es dar salida los productos de los ganaderos locales- ha comprado desde entonces 11.250 vacas y 3.200 ovejas y cabras, según el gabinete del presidente Uhuru Kenyatta. JULIÁN ROJAS

Las escasas lluvias en las estaciones húmedas (de octubre a diciembre y de marzo a mayo) son insuficientes. Lejos de mejorar la salud de la población, estas erráticas precipitaciones aumentan los casos de diarreas y otras dolencias, especialmente en los niños, pues desesperados por aliviar su sed, recogen en bidones ese agua estancada, sucia e insalubre para el consumo. JULIÁN ROJAS

Las precipitaciones también son insuficientes para el campo. Las cebollas de Josephine Kericho, de 25 años, no han crecido lo que ella esperaba. La mujer arranca unas cuantas de la tierra para enseñar su tamaño. Los escuálidos vegetales que cosecha son a la vez su alimento y fuente de ingresos para mantener a sus cinco hijos. JULIÁN ROJAS

Kericho vive con su prole en Nkisoro. El padre de las criaturas está desaparecido. "Anda por el país", dice ella. Su pobreza es extrema. Su vivienda es un chamizo de adobe y paja de no más de nueve metros cuadrados, sin suelo pavimentado y el techo de uralita sujeto con piedras. Para no dormir sobre la tierra, ha extendido un saco de rafia en la mitad de la estancia. JULIÁN ROJAS

Cuando estaba embarazada hace un par de años, Kericho fue atendida por Mariam Nbithe (con una camiseta naranja en la fotografía), voluntaria de salud comunitaria. Su choza está muy alejada de cualquiera de las 55 instalaciones sanitarias más básicas del condado. Al comprobar su estado de salud, ya en las últimas semanas de gestación, su vecina la refirió al centro de salud. Tenía anemia. Kericho dio a luz en el hospital, pero cuando regresó a su chamizo, su pobreza era la misma y las bocas que llenar eran dos más: había tenido gemelos. Ambos cayeron en desnutrición aguda y de nuevo Nbithe tuvo que intervenir y los pequeños se recuperaron. "Antes, si no vendía carbón, no podía comprar alimentos y no comíamos", explica. "Ahora hacemos desayuno, almuerzo y cena. Me puedo permitir tres comidas al día", añade con orgullo. JULIÁN ROJAS

Los niveles de seguridad alimentaria en el conjunto del país han empeorado desde principios de 2021. La última evaluación de las autoridades kenianas, de febrero de 2022, calculan en 3,5 millones las personas que padecen fuertes carencias de comida; son un 75% más que hace un año y, de ellas, unas 750.000 necesitan ayuda urgente para evitar la hambruna, sinónimo de muertes masivas por inanición. Los organismos internacionales advierten que la situación es crítica y faltan fondos para hacerle frente. JULIÁN ROJAS

"En África, los niños están pagando el precio más alto por unas crisis que no han creado: 5,5 millones están amenazados por la desnutrición aguda", advierte el director regional de Unicef para África Oriental y Meridional, Mohamed M. Fall. En el condado keniano de Isiolo, el total de casos en menores de cinco años subió de 16.757 en agosto de 2021 a 17.861 en marzo de 2022. JULIÁN ROJAS

Millones de kenianos viven demasiado lejos de las instalaciones sanitarias para prevenir y tratar dolencias, ahora exacerbadas por las consecuencias sobre la salud de la sequía. En Isiolo, la clínica móvil de la iniciativa Beyond Zero -nombre que hace referencia al objetivo de cero muertes maternas-, visita 14 enclaves remotos una vez por semana. Kakili es uno de ellos y allí los profesionales cuentan con una estructura de uralita donde instalar unas sillas a modo de sala de espera y una mesa para pasar consulta, resguardados de la intemperie. JULIÁN ROJAS

En estos dispensarios móviles cuentan con ayuda del gobierno regional, que provee las medicinas, y de la ONG Acción contra el Hambre, que facilita la logística de traslados del personal sanitario. Graias a ese apoyo se prestan servicios de planificación familiar, inmunización, prevención del VIH y monitoreo de la desnutrición aguda en zonas remotas. En la imagen, una madre se sube a la báscula con su bebé para conocer el peso de ambos. JULIÁN ROJAS

La extrema delgadez de la población en las aldeas del condado de Isiolo es la prueba física de que la mayoría no se puede permitir más de una comida al día. Kenia, Somalia, Eritrea y Etiopía suman 14 millones de hambrientos, que podrían ascender a 20 en verano, alerta el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, si continúan las condiciones de estrés hídrico y estancamiento de la ayuda humanitaria. JULIÁN ROJAS

A finales de noviembre de 2021, las lluvias regresaron a la franja central de Isiolo (en el corazón del país) después de tres años. Pero en Kenia no llueve sobre mojado y las precipitaciones erráticas en las estaciones húmedas son insuficientes. Lo fueron entonces y lo están siendo ahora. No hay agua para las bestias, ni las personas, ni el campo. El Centro de Predicciones Climáticas para África del Este estima que 1,4 millones de cabezas de ganado perecieron el año pasado por la sequía en solo 15 de los 23 condados que confirman las tierras áridas. El inicio retrasado de la estación de lluvias de octubre a noviembre de 2021 interrumpió además la temporada típica de siembra. Y la actual época de lluvias también está fallando. JULIÁN ROJAS

El motor de extracción de agua del tanque de 10.000 litros de Yaqbarsadi se estropeó por sobreúso. Algunas mujeres sacan agua encaramándose al borde y absorbiendo el líquido con una manguera hasta que cae y llenan sus bidones. Las peleas violentas con los pastores son frecuentes porque, a falta de fuentes de agua naturales para los animales, los llevan a beber a este lugar, reservado para las personas. Por eso, se está acondicionando un segundo punto de suministro y evitar así los enfrentamientos JULIÁN ROJAS

La ONG Acción contra el Hambre ha instalado, en el marco de su programa contra la desnutrición y de acceso a agua y saneamiento en el país, un sistema solar para que el motor de extracción del tanque solo tenga que funcionar por la noche, con lo que se reduce el coste de combustible del generador. Para el mantenimiento de la instalación se elegirá un comité de agua y se abrirá una cuenta bancaria donde se ingresará lo que se cobre por consumo, por ínfimo que sea, para tener recursos disponibles en caso de necesitar reparaciones, explica Leo Oketch, ingeniero de agua y saneamiento de la organización. JULIÁN ROJAS

La movilidad de los pastores hacia el sur en busca de pasto y agua para evitar la muerte de su ganado también desencadena tensiones con las comunidades ya establecidas en esos lugares. Los recursos son escasos y no hay suficiente para compartir. En la imagen, una mujer que ha recogido agua con su burro, observa los cadáveres de unas cabras en descomposición, mientras camina hacia la tienda de campaña en la que vive. JULIÁN ROJAS

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