26 de abril de 2026
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El pulpo maya: la joya del Golfo de Yucatán

Por Sección Fotografía

Más de 15.000 familias mexicanas subsisten gracias a este cefalópodo. Los pescadores de Sisal mantienen el oficio que heredaron de sus padres, mientras el cambio climático y la pesca ilegal ponen en riesgo la especie. Con el objetivo de preservarla, el biólogo Carlos Rosas ha creado la primera granja. Faenamos con ellos y visitamos sus instalaciones.

Con el objetivo de preservar la especie, un biólogo marino ha creado la primera granja de pulpos maya, especie endémica de la costa de Yucatán de la que viven unas 15.000 familias. En la imagen, captura de un pulpo maya en alta mar por un pescador artesanal en los últimos días antes de que comience la veda. En Yucatán la prohibición se extiende de diciembre a agosto para evitar la sobrepesca.


En la comunidad de Sisal, los pescadores artesanales heredan el oficio de sus padres. En la foto, Juan de la Cruz tras una jornada de trabajo.

Pescadores en el puerto esperan a que amaine el tiempo para poder salir a ganarse el sustento del día.

Ramiro Partenilla, pescador artesanal dedicado a la captura de pulpo en su última salida al mar antes de que comience la veda de pesca.

Los pescadores artesanales llevan a cabo una pesca sustentable. Es la única permitida en la zona para preservar la especie en época reproductiva a las hembras. Mientras hacen la puesta, estas se quedan protegiendo los huevos y dejan de alimentarse, por lo que no van a por el cebo de los pescadores.

Ramiro Partenilla posa con la pesca del día, con la que no ha conseguido cubrir los gastos de gasolina de la jornada. Por cada kilo de pulpo le ofrecen 150 pesos, unos siete euros.

Una jaiba y un cangrejo azul usados como cebos para atraer los pulpos.

El pulpo maya es muy parecido a la especie 'Octopus vulgaris', el pulpo común, pero más pequeño, y es endémico de Yucatán.

El constante contacto con el agua salada y el viento, y el arduo trabajo manual diario que llevan a cabo los pescadores, produce muchos problemas dérmicos en sus manos, como callos y verrugas plantares, conocidas como ojos de pescado.

Un pescador en el puerto de Sisal alimenta con sobras de pescado a los pelícanos, una de las aves más comunes en esta costa caribeña.

El biólogo marino Carlos Rosas es uno de los mayores expertos en el pulpo maya. Lleva más de 20 años estudiando la especie y ha creado la primera granja de estos cefalópodos en México.

Pequeños especímenes de pulpo maya en el laboratorio de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se sitúa la granja de cefalópodos creada por Rosas y donde los científicos estudian modelos para ver las consecuencias del cambio climático en los ecosistemas y en la especie. El pulpo maya es muy sensible a los cambios de temperatura y solo se reproduce entre los 22 y 26 °C. La comunidad científica teme que, debido al incremento en las temperaturas de los océanos, acabe migrando a otras zonas o desaparezca.

Una hembra de pulpo maya protege sus huevos en un ala del laboratorio, en una especie de incubadora. Una vez nacen las crías, las madres mueren por todo el periodo que pasan sin comer mientras resguardan la puesta.

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