En la jornada de ayer el Gobierno de Mendoza publicó, a cuatro meses de terminado el año, el detalle de la ejecución presupuestaria del 2021.
En la jornada de ayer el Gobierno de Mendoza publicó, a cuatro meses de terminado el año, el detalle de la ejecución presupuestaria del 2021.
La aparición de los datos que se podrán ir analizando con más precisión en los próximos días ratifica fuertemente lo que es un secreto a voces en los café pero sale muy poco a la luz, la situación de la provincia de Mendoza no es holgada ni mucho menos y por el contrario debería ser materia de fuerte preocupación para quien asuma el poder en diciembre del 2023.
Con una deuda que -a pesar de las renegociaciones- es una pesadísima carga, obra pública autóctona casi inexistente, indicadores laborales y de pobreza peores que la media nacional, inflación superior a la nacional en varios de los últimos meses y caída del PBG provincial, a lo que hay que sumar una matriz productiva que presenta fuertes signos de agotamiento y que hoy tiene como su principal aportante en los servicios y turismo.
En el quinquenio de 2016 a 2020 la economía de Mendoza solo creció un 2.1% en 2017 y cayó los otros cuatro años; 5.8 en 2016, 0.5 en 2018, 1.5 en 2019 y 7.1 en el 2020, según la recopilación que hizo el economista Dante Moreno en un trabajo para la Fundación Hacer, en base a los números oficiales de la DEIE.
En los últimos años el mayor aportante al Producto Bruto de la provincia son los sectores de servicios. Entre el sector comercio, restaurantes y hoteles y el sector servicios comunales, sociales y personales representan más del 40 por ciento del PBG de la provincia. Pero además hay un problema gravísimo de concentración de la actividad económica el 63 % está concentrado en el Gran Mendoza, el 19% en el Sur, 9% en el Este, 6% en el Valle de Uco y apenas 3 por ciento en la Zona Noreste.
Los problemas a resolver de concentración son similares a lo que muchas veces se reclama sobre el país y la necesidad de descentralizar actividades, recursos económicos y actividades productivas. Para lo que se requiere voluntad política pero también recursos e inversión en infraestructura para poder lograr ese desarrollo.
Para ese desarrollo hacen falta recursos y la realidad es que estos están seriamente comprometidos por la deuda de Mendoza que si bien tomo un pequeño respiro a partir de la refinanciación, pero ese respiro se acaba el próximo año con vencimientos semestrales de poco más de 45 millones dólares hasta el 2058 y en el 2029 un solo vencimiento.
O sea que desde el próximo año hasta 2029 (casi el mandato de dos gobernadores) Mendoza deberá pagar casi 91 millones de dólares anuales. El problema no solo es el monto, sino que además es imposible calcular cuales serán los pesos que deberá juntar la provincia, que es la moneda en la que recauda, cada año para poder hacerse de los dólares para cumplir sus obligaciones. En ese contexto de incertidumbre, sumado a las complicaciones que genera la decadencia de la matriz productiva de la provincia la necesidad de un Estado inversor en infraestructura se torna casi imprescindible, más aún cuando se ven los números del empleo registrado. En el tercer trimestre de 2015 la cantidad de asalariados registrados era de 260.099 numero que nunca se superó desde allí llegando al piso en em 3er trimestre de 2020 con 235.695 y una leve recuperación en el mismo trimestre de 2021 con 239.711 asalariados registrados en el sector privado.
Los números no son auspiciosos, ni tampoco el escenario futuro donde se necesitará, claramente, un compromiso fuerte de la dirigencia en general para revertir la historia.
Para profundizar más te invitamos a escuchar la charla en Radio Andina con el economista Dante Moreno:
