Lo más sorprendente de la muerte de Carlos Fuentes es que el escritor mexicano se encontraba en un momento muy activo de su vida. Se levantaba todos los días a las ocho de la mañana a escribir, acababa de terminar un nuevo libro -sobre Nietzche- y ya estaba trabajando en una nueva idea. Tenía una vida social agitada, asistía a ruedas de prensa, recibía premios y todo tipo de homenajes y daba largas charlas públicas en la que sorprendía por su lucidez y vitalidad.
A los 83 años, Fuentes viajaba sin parar por todo el planeta. Se veía más joven que muchos de sus contemporáneos y así se sentía: El hecho es que cuando se llega a cierta edad, o se es joven o se lo lleva a uno la chingada, le dijo, durante la reciente Feria del Libro de Buenos Aires, al diario El País.
29 de junio de 2026
