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El niño/a es protagonista

Matemáticas y ciencias en salitas de 4 años y en jardín: "En Mendoza es innovador"

Por Florencia Rodriguez

"Y, ¿por qué?", "¿para qué?", "¿cómo?", "¿puedo?". Madres y padres escuchan estas preguntas una y otra vez cuando sus hijos/as comienzan a pronunciar sus primeras palabras. A partir del año y con un poco más de autonomía, comienza la etapa de exploración y tiempo después, el cuestionamiento: todo está por y para descubrirse. Con esto en mente, la Dirección General de Escuelas (DGE) tiene como objetivo "potenciar" esa curiosidad natural en los infantes y lo hará a partir de la implementación del pensamiento científico y del pensamiento matemático en el nivel inicial, es decir, en salitas de 4 años y en jardincitos (5 años).

"Los chicos/as tienen una curiosidad natural sobre todo lo que los rodea, un potencial enorme en los primeros años de vida. Son pequeños científicos desde que nacen porque su manera de conocer el mundo tiene que ver con la exploración, la búsqueda, la experiencia a través de los sentidos. Por eso, lo que queremos es que el nivel inicial fortalezca esta avidez por aprender de su entorno", comenzó a explicar Silvina Del Pópolo, directora de Planificación de la Calidad Educativa de la DGE.

¿Cómo planea el gobierno escolar llevar este pensamiento científico a las aulas?

Del Pópolo señaló que en la formación de docentes- que ya está en marcha- se brinda una serie de herramientas de desarrollo que tienen que ver con recursos directos dispuestos para poder ser utilizados en las aulas. "Se trata de desafíos vinculados a la exploración, la interacción con lo que tienen en concreto en la sala", dijo.

"Esto es a través de la formulación de preguntas tomando contacto con los sentidos: ver, escuchar, tocar. Entonces, vamos a ir formando a los docentes en esa metodología de trabajo, muchas veces con objetos, elementos de la vida cotidiana para aprender el funcionamiento de las cosas que nos rodean. Por poner un ejemplo: que tomaron los seres humanos de la naturaleza para el uso cotidiano, o las similitudes con la naturaleza en general, en qué se parecen los mecanismos de las plantas a las actitudes de la vida diaria", sumó la funcionaria.

"En Mendoza, esto es completamente innovador", apuntó Del Pópolo antes de explicar que este mecanismo de enseñanza y aprendizaje se utiliza en varios países del mundo con alto nivel de éxito. En inglés, estos pensamientos - científico y matemático- aplicados a la educación inicial, responden a las siglas STEAM (Sciencia, Technology, Engineering, Art and Maths). "En español, llamamos a estos pensamientos CITIM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). También vamos a incluir arte, pero lo fundamental es que desde las aulas vamos a potencias y alentar esa curiosidad de niños y niñas para favorecer esa indagación sobre el entorno que los rodea".

Las matemáticas "no se copian más"

Es común ver que un alumno/a que está aprendiendo matemáticas, copie en varios renglones una repetición de números. La DGE considera que esta mecánica de copiar o repetir los números es híbrida y que podría mejorar considerablemente si el niño/a es protagonista de su aprendizaje a través del razonamiento.

"Desde el 2017 estamos trabajando un programa integral que abarca lengua, comprensión lectora, funciones ejecutivas y habilidades cognitivas. El pensamiento científico y matemático era una deuda pendiente. Nos capacitamos para que luego lo hagan nuestros docentes y sepan cómo implementar esta alfabetización en matemática desde los 4 y 5 años tomando tres ejes como pilares: el número, el espacio y la medida. De esos núcleos se desprende el resto", explicó Adriana Rubio, directora de Nivel Inicial de la DGE.

"La mirada en esto es: el niño/a como protagonista del aprendizaje. Por ejemplo, antes matemáticas era la copia de números, y el alumno/a los repetía mecánicamente. Hoy, la idea es ir de la mano con el pensamiento científico, es decir, ir incorporando procedimientos de exploración y sentidos para ir aprendiendo matemática, geometría, espacios y medidas", agregó la funcionaria.

Un ejemplo puede ser un clásico que han visto padres y madres: con la llegada del otoño, muchos chicos/as deben recolectar por pedido de la seño, hojas secas que van a parar a carpetas o cuadernos donde se ilustra esta estación del año. Esta situación combina y permite explicar claramente de qué se trata la combinación de pensamiento científico y matemático.

"La docente les pide que lleven hojas. Bueno, el niño/a explora, siente, identifica y recolecta, esto es pensamiento científico. Una vez en el aula, se pueden contar las hojas, categorizarlas, pensar, por ejemplo, que si yo tengo 4 hojas y un compañero me regala 2, tendré 6 y que si yo comparto una, me quedan 5. Este es el razonamiento al que queremos que lleguen los chicos/as para que se vayan familiarizando con la resolución de problemas", expuso Rubio.

Y concluyó: "De esta manera, el chico/a es protagonista y constructor de su propio aprendizaje. Aquí también se regulan los tiempos respetando los ritmos de aprendizaje de cada uno/a pero comienzan a reflexionar y razonar con elementos que tienen al alcance e interactuando con sus compañeros/as y su entorno".

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