Quienes aman el deporte y dedican buena parte de su vida a practicarlo en cualquiera de sus formas pueden contar mejor que nadie lo que es alcanzar una meta, cumplir un objetivo, superarse. Para cada desafío- el diario y el de competencia- los y las deportistas se preparan, ¿cómo lo hacen? Con fuerza de voluntad, convicción y pasión. Es que son horas de entrenamiento, alimentación adecuada, el necesario y correspondiente descanso, la concentración y, por supuesto, nervios (muchos nervios).
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Eduardo y Jesús: la dupla que vence adversidades y cumple sueños
Cada deportista tiene sus vivencias, sus razones y sus motivaciones. Entre ellos, hoy destaca una dupla: la que conforman Eduardo Damián Mulet, de 28 años, y Jesús Picón, de 34 años quienes van a participar este domingo de la Maratón de Mendoza, de 42 kilómetros. ¿Por qué resalta? porque es una historia que hay que contar, una que habla sobre sueños que se cumplen.
Eduardo estudió la carrera de Educación Física, y el deporte siempre fue ese cable a tierra que todos necesitan. Sus padres lo alentaron desde pequeño a que lo utilice siempre para salir adelante y tras participar en varias maratones, decidió compartir con alguien su amor por hacerlo. "Pensé entonces en quienes no pueden participar de un evento como este y en ayudar a que lo vivan, brindar esa posibilidad. La primera idea que se me ocurrió fue hacerlo con alguien que no pudiera caminar y gracias a un buen amigo, Mario Gutiérrez, que corre en silla de ruedas, conocí a Jesús".
Eduardo y Jesús, en plena maratón, en el 2018.
Jesús tiene secuelas de parálisis cerebral y gracias al trabajo con Eduardo y Mario pudo participar en el 2018 en la categoría promocional de atletismo asistido en 42k de la Maratón Internacional de Mendoza. Y el domingo, regresa a este evento con su compañero. La largada será en el puente colgante de Cacheuta y la meta, en los portones del parque General San Martín.
"Mario me lo presentó y, al principio, Jesús se atemorizó por correr esa distancia pero luego se entusiasmó y ahora vamos por segunda vez. El año pasado hicimos un tiempo de 3 horas y 45 minutos. Nos fue muy bien, esperamos este año poder bajarlo si se dan las condiciones de la silla y de la ruta. Mientras el físico resista lo vamos a hacer. Para el 2020, me gustaría que los dos fuéramos a la maratón de Buenos Aires e intentar lograr una marca", contó Eduardo.
Ambos se están preparando para el domingo con la emoción, los nervios y la adrenalina como compañeros de entrenamiento. Jesús con una dieta estricta que le permita estar "súper liviano para la silla el domingo. Como, a veces, tenemos dificultades para juntarnos a entrenar, yo me preparo con la silla: le pongo pesas que simulan su peso y así practico", expresó el maratonista en el Parque durante este frío viernes.
La emoción de llegar a la meta.
Todo a pulmón y la recompensa de llorar de alegría
La silla en la que compite Jesús es especial, es el cuadro de una de competición a la que le adaptaron un aplique de empuje para Eduardo y tiene una base donde su compañero apoya los pies y, luego, los abrojos. La del año pasado fue prestada por la Subsecretaría de Deportes y reformada pero esa quedó fuera de uso para la competencia de este domingo por lo que Eduardo puso nuevamente manos a la obra, consiguió otro cuadro y lo refaccionó: "Tuve ayuda de mucha gente como metalúrgicos, plegadores, bicicleterías, torneros. Fue una tarea compleja pero llegamos a tiempo para poder probarla y confirmar que todo saldrá bien", indicó el deportista.
Y concluyó: "Todo vale la pena. La experiencia es única, me cuesta encontrar las palabras para explicarlo, ver a Jesús adelante, en la silla de ruedas, es un motor para mí. Verlo sonreír y que pasen los corredores por al lado nuestro y nos regalen su buena onda y energía con sus comentarios y, a veces con lágrimas en los ojos, es realmente muy lindo. Luego, en la llegada ver a nuestras familias, a la gente emocionada o escuchar a otros corredores que te dicen que fue su primera maratón y vernos fue una fuente de motivación para llegar a la meta, es a lo máximo que un corredor puede esperar. No tengo palabras para expresar lo que se siente".