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Captura comercial

Japón vuelve a aniquilar ballenas

Por Sección Internacionales

Los balleneros japoneses desde julio próximo volverán a navegar por el mar y matarán a los grandes cetáceos, noticia que provocó la ira de las asociaciones ecologistas y de los países proteccionistas.

En esta ocasión lo harán con fines puramente comerciales, para vender carne de ballena como fuente de proteínas baratas, sin la apariencia de la caza con fines "científicos", como fue el caso en los últimos 26 años. El paso dado por el gobierno de Tokio fue anunciado al mismo tiempo que decide abandonar la Comisión Internacional para la caza de Ballenas (CBI o IWC, por sus siglas en inglés) desde el primero de junio de 2019, tras años de lucha por intentar que autorizara a sus miembros a una caza controlada y sostenible.

Una batalla en la que Tokio fue puesta en minoría (48 miembros a 41) por el frente de los países "conservacionistas", liderados por Australia y Nueva Zelanda y sus aliados.

Para estos últimos el anuncio japonés contiene una mala y una buena noticia: la mala es la reanudación de la caza comercial y la salida de la CBI; la buena es el compromiso de Tokio de limitarse a especies relativamente abundantes, como la ballena menor, y solo en las aguas del archipiélago y en el área de exclusiva relevancia económica japonesa.

Los balleneros quedan entonces fuera del Océano Artártico, donde en los últimos años el mundo fue testigo de las "batallas navales" entre los cazadores japoneses y el Sea Shepherd de Greenpeace, con acciones de disturbios e hidrantes en las heladas aguas antárticas, que se vieron teñidas de rojo por la sangre de los cetáceos arponeados.

El secretario de gabinete del gobierno de Shinzo Abe, Yoshihide Suga, explicó en conferencia de prensa que la última reunión anual del CBI, en septiembre, "dejó en claro que dentro de la organización ni siquiera es posible convivir con países con visiones diferentes". Tokio, durante aproximadamente tres décadas, desafía lo que define la "politización" de la Comisión Internacional, fundada en 1948 y de la que es miembro desde 1952, que se habría rendido a organizaciones como WWF y Greenpeace. Estos, que en los años 70 definieron a la CBI como el "club de carniceros", después de una campaña adecuada de cabildeo y ampliación de la base a países sin salida al mar, como Suiza y Mongolia, la habrían transformado así, a los ojos de Tokio, en una asociación exclusivamente proteccionista que impuso la suspensión en 1982 de la pesca comercial.

Y traicionando así el "doble mandato" original de la CBI, que, según Japón, combinaba la protección con la caza sostenible. Tokio la reanudó en 1994, presentándolo como necesario para la investigación científica, en el Pacífico y en la Antártida, seis años después de unirse a la moratoria.

En Japón, el amor por el consumo de la carne de ballena se remonta inmediatamente a la posguerra, cuando las restricciones recomendaban alimentos de bajo costo y altos en proteínas, a partir de los comedores escolares.

Si bien, en la década de 1960, el consumo promedio anual en Japón era de 200 mil toneladas de carne, hoy en día ha caído a alrededor de 5 mil. "Fue una elección dura y difícil. La restauración de la caza de ballenas dará nueva vida a las comunidades balleneras", dijo el Ministro de Agricultura y Pesca, Takamori Yoshikawa, hablando con un representante de ciudades y empresas dedicadas a la pesca de cetáceos.

Australia, el líder de los proteccionistas, condenó la decisión del Sol Naciente como "extremadamente negativa", mientras que Nueva Zelanda define la caza de ballenas como "actividad obsoleta e innecesaria".

Greenpeace habló de "contra tendencia con el resto de la comunidad internacional y con la necesidad de proteger el futuro de los océanos y de estas criaturas majestuosas". Fuente: ANSA

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