Desbocados como caballo malo parecen estar los guarismos de la economía real. En dos días el INDEC llenó de números negativos a un gobierno que tozudamente los sigue negando.
El IPC en 6,5%, el costo de la construcción creciendo 7,3% y 16% en precios mayoristas muestran la realidad de una economía ya en terapia intensiva. Empresas multinacionales, dejan por escrito en sus balances que la Argentina sufre un proceso de hiper inflación ( para sus estándares una suba de más de 100 % en tres años es hiper inflación), combinado con una retracción del consumo y la producción de características solo asimilables a las grandes crisis. Aunque parezca una locura, el IPM (índice de precios mayoristas) creció un 74% inter anual y lleva acumulado 66% en lo que va del año. Cómo hará el gobierno para que no haya arrastre al IPC es un misterio, sobre todo teniendo en cuenta que ya las rentabilidades están al borde (por lo que no hay forma de que el minorista sacrifique rentabilidad) y que no han desarticulado por los menos hasta el momento, los aumentos tarifarios pendientes. En un año los alimentos a nivel mayorista, según el INDEC, aumentaron un 43,4%
Las planillas del informe del INDEC sobre precios mayoristas son preocupantes para analizar lo que viene. Si realmente el gobierno no logra revertir la tendencia en el próximo mes, será muy difícil cambiar la lógica del ajuste y recesión continuos, para intentar cumplir con el FMI.
La espiral inflacionaria por ahora sigue bien lejos de las declaraciones e intenciones del Ministro Dujovne, quien volvió a insistir en la desaceleración del proceso. El Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, releva semanalmente con un software 20 mil precios de productos de todo tipo que publican los supermercados en sus páginas web. La variación de la segunda semana de octubre contra septiembre es del 8,3%.
Otra vez en ámbitos de intercambio de opiniones entre economistas, politólogos y periodistas se discute plan o mala praxis. Los más conspirativos aseguran que es una variante del "estamos mal, pero vamos bien", que busca instalar que la dolarización es el único camino.
El control artificial del dólar, mediante súper tasas -que cada vez convencen menos- y el combate de la inflación que parece destinado al fracaso, ponen a la economía y también a la política en una situación de demasiada debilidad frente a mercados mundiales extremadamente volátiles y el año electoral que viene en la Argentina.
Puede salir a bien a corto plazo, si llega el acuerdo del préstamo con el FMI y los exportadores se avienen a liquidar sus cosechas a pesar de no tener obligación, todo depende de factores externos que no maneja el gobierno, ni parece dispuesto a tomar decisiones para cambiar la situación.
Pero como si no alcanzara con los problemas que le trae a la Argentina la economía a nivel mundial y las políticas que lleva adelante Donald Trump, el próximo domingo Brasil muy probablemente confirme a Jair Bolsonaro como Presidente, una pésima noticia para la economía argentina, aunque el gobierno nacional y los economistas televisivos del grupo de poder lo oculten. Las cartas que mostró hasta ahora el candidato brasilero, no difieren del discurso que ya se esparció por la región en los últimos años. El resultado previsiblemente será el mismo: parate del consumo interno, apertura indiscriminada a mercados mucho más competitivos que el argentino y fin de las alianzas económicas regionales. Argentina no rompió (ni romperá) dentro del esquema regional la Brasildependencia de su economía (ni hablar de algunas economías regionales como la de Mendoza), por lo que el futuro es previsible y no necesita de muchas explicaciones. Más recesión, más industrias en problemas, más economías regionales destruidas. No es necesario ser muy avispado para ver que nueva invasión del ajo chino está a la vuelta de la esquina con el triunfo de Bolsonaro.
Pero no solo es sorprendente el ya clásico desconocimiento o ceguera del gobierno sobre lo que pasa en el mundo y la región. El viernes cerró el coloquio de IDEA y excepto alguna voz discordante (como la del mendocino Carlos Iannizzotto, titular de CONINAGRO) es preocupante la lectura que hace la crema del empresariado argentino de la realidad local e internacional, casi en contra de sus propios intereses productivos.
La semana estuvo llenas de imágenes del mundo del revés, como la UCR pidiéndole a su propio gobierno que termine con los planes sociales (que los considera financiación de movimientos sociales) en un momento donde los índices de pobreza se disparan y el desempleo se multiplica.
El propio INDEC reconoció también que la participación de los trabajadores asalariados en la generación del PBI perdió tres puntos, ubicándose en un 45,2% -la menor en los últimos 10 trimestres-. La destrucción del salario aparece fuerte en los números oficiales.
En el coloquio marplatense, varios ministros y el propio Presidente achacaron el costo argentino a la incidencia de salarios. Usaron como ejemplo la pelea cuerpo a cuerpo con la familia Moyano. Es cierto que los camioneros se transformaron en un gremio fuerte que logra mejores acuerdos que el resto, sin embargo, ante el silencio de los capos empresarios, nadie del gobierno habló de los componentes impositivos o la dolarización de insumos, energía y combustible, que hacen verdaderos estragos en los costos no solo logísticos, sino de todo tipo.
Las economías regionales lo sufren en carne propia, como bien demostró el Observatorio de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas. Al analizar los costos de producción del sector, solo un dato grafica la magnitud del problema: para que un productor "de vino tinto genérico o de blanco escurrido pueda adquirir hoy la misma cantidad de bienes y servicios que compraba hace un año -con lo que recibe por un litro de vino tinto o blanco-, el precio de septiembre de 2018 debería ser un 42% mayor para el tinto y un 39% para el caso del blanco". No hace falta decir que ni por asomo el precio del vino creció en esos niveles, a duras penas está al mismo precio que hace un año atrás.
Los números desbocados y la calle serán los protagonistas de la economía. Los actores sociales comienzan a mostrar la "resistencia de los ajustados" de la que hablamos aquí alguna vez. Movilizaciones como la de ayer a Luján o la que se espera para el próximo 24 cuando se trate el presupuesto nacional comenzaran a ser moneda corriente. Mientras el gobierno, por ahora, no encuentra el jinete adecuado para domar estos tiempos.
