9 de abril de 2026
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Opinión

Números que duelen, palabras que ofenden

Por Marcelo López.-

Por Marcelo López Álvarez

 El escritor y gran maestro del periodismo Pancho Muñoz, acuñó en su rutina radial de cada mañana una frase maravillosa que calza con una perfección notable a estos días: "Los números son los que duelen, después vendrán las palabras que son las ofenden"

El 17 de octubre, el INDEC dará a conocer la inflación del mes de septiembre que debería rondar en el 6% si, como viene pasando mes a mes, queda en sintonía con lo que ya anunciaron las consultoras privadas, incluso algunas la midieron en torno al 7%.

El dato que ya no sorprenderá demasiado, será un nuevo remezón en las aguas de una economía que transita una ficticia tranquilidad por estos días, a partir de la baja de la cotización del dólar después de la corrida, que lo hizo conocer cómo se vive por arriba de 40 y que motivó el despido del Presidente del Banco Central y la adopción de la nueva política de restricción monetaria total.

Por ahora la política de restricción no da síntomas de controlar la inflación, aunque sí da muestras de mejorar el proceso de destrucción de la industria y toda posibilidad de crecimiento económico con las tasas de referencia fijadas a partir de las Leliq.

Por si a alguien le faltara confirmación de lo que venimos diciendo desde hace meses, el INDEC dio a conocer el jueves los números de utilización de la capacidad industrial instalada. Apenas llega al 63%, perdiendo 4,3 puntos respecto a agosto del año pasado, transformándose además en el peor indicador de un mes de agosto desde el año 2002.

De los doce sectores relevados, 10 perdieron respecto a un año atrás y sorprende que la industria alimenticia esta todavía dos puntos por debajo de la media (61,7 %) fiel reflejo de la caída del consumo masivo.

Las decisiones de política económica son las que apañan los números que duelen. Ya nadie duda que los números de pobreza e indigencia que se conozcan en un par de meses asustarán, por que ya registrará la primera escalada inflacionaria y del dólar. Pero la foto que se tome hoy seguramente será aún más preocupante respecto de los índices inflacionarios, la pérdida de salario real que se apresta a superar cómodamente los 10 puntos y se presenta mucho más amplia en los sectores más vulnerables que se sostienen con AUH o la jubilación mínima, lo cual configura un panorama algo más que preocupante.

Pero no todos pasan por la misma situación, el carry trade (por más que no se agite mucho) volvió a full y es de alguna manera el responsable de que hayan aparecido los dólares que ayudaron a bajar la cotización. El problema, como siempre, será cuando salgan y empiece una nueva corrida al verde pero arrancará de 36/ 37 y no de 20.

Hagamos una simple cuenta para tomar dimensión de lo que significa para la producción y la inversión esta locura de las tasas impagables.

Supongamos que toma 1.000 dólares que los tiene bajo el colchón. Los pone a plazo fijo como la inversión más conservadora, no sale a buscar bonos, letras, nada de eso. Los 1.000 dólares se transforman en 37.000 pesos aproximadamente el viernes. El banco como es cliente le paga el 50% anual es decir un 4.16% mensual (el doble de lo que se paga un plazo fijo anual en Chile, por ejemplo). Al cabo de un mes tendrá 38.540 pesos si los retira y los vuelve a cambiar en dólares. Ahora, con el dólar planchado tendrá 1.041,5 dólares. Lo cual implica que en un mes ganó el doble en dólares de la tasa anual de los EE.UU. Ahora imagine que no son mil dólares, sino un millón o dos o 100, como juegan en el mercado los grandes tenedores y los fondos de inversión. Se entiende, entonces, claramente porque la inversión y la recuperación económica son una falacia discursiva en este modelo económico.

Pero además la torta y el esfuerzo tampoco es parejo, los bancos mejoraron su rentabilidad en lo que va del año el 20,1% respecto al mismo periodo del año anterior. Claro, si tienen la vaca atada, la misma plata por la que pagan el 50% de interés se la colocan inmediatamente por la otra ventanilla al Estado al 73%. Se sabe que en la Argentina el riesgo empresario es un macaneo comunicacional para los amigos del poder, pero una durísima realidad para las PyMEs como las del sector textil, que ven cómo sus inversiones en máquinas y tecnología están paradas, o las economías regionales que ven sus producciones quedar en las plantas. Pero también se sabe que el Estado no puede ayudar a todos, entonces es mejor destinar 10 mil millones de pesos a los amigos del poder para compensar la devaluación a las gasíferas de la familia, que para exceptuar retenciones a las economías regionales que logren agregar valor y abrir nuevos mercados, prioridades que le dicen.

Y allí es donde las palabras ofenden, cuando les dicen que hay que poner el hombro parejo, que no se puede regalar nada, que los subsidios son malos y que si no podes trabajar porque los números no te dan te reconviertas. Pero ¿en qué se puede reconvertir por ejemplo una PyME textil o una editorial, que apenas están en un uso del 53% de su capacidad? En importador o en pobre y excluido del sistema, no hay muchas más alternativas y allí es donde los números duelen y las palabras ofenden.

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