Pobreza: un drama del que sólo se habla cada seis meses

La administración de Macri dejará el gobierno en el 2019 con el fracaso a cuesta de no haber logrado niveles de reducción considerables de los pobres en la Argentina. Porque si aún lograra que a partir del primer trimestre del año que viene mejoren los números de la economía, los datos de los nuevos pobres serán más altos que el 27,3 por ciento del momento. Qué sugiere el Banco Mundial.

Más de 12 millones de personas son pobres en el país. En esa cifra están incluidos los indigentes -aquellos a los que a duras pena reúnen por día los ingresos necesarios para poder comer siquiera- y un número considerable y estimado de pobres que viven en las zonas rurales, lugares o regiones a donde las estadísticas del Indec todavía no llegan para registrarlos con total exactitud. En Mendoza, los pobres y los indigentes ascienden a un poco más de 299 mil personas.

Todo un drama argentino que deviene en tragedia, año tras año, con avances muy lentos en los períodos en los que al país le ha ido más o menos bien y con caídas abruptas en aquellas épocas, como la actual, en donde las crisis recurrentes y cíclicas se hacen presente.

Los expertos sostienen que deberían transcurrir varias décadas de crecimiento sostenido para poder sacar rápidamente a la mayoría de los millones de pobres que subsisten en la Argentina. La otra cara del drama actual, es que los números de la pobreza del momento, conforman una fotografía del primer semestre de año, el que a su vez se dividió en dos: una primera parte en donde la economía demostró índices favorables por lo menos hasta el mes de abril y a partir de ahí la historia conocida de la agudización de la devaluación, una abrupta pérdida del empleo y un nivel de inflación que se ha mostrado indomable y en crecimiento y que mostrará, posiblemente en este mes de setiembre, una de sus peores caras alcanzando, de acuerdo con las previsiones, posiblemente un temido 6 por ciento. Con lo que lo peor está por venir.

Tan es así, que para cuando el gobierno de Mauricio Macri espera que comience a aflojar la crisis económica, por allá cerca de marzo o abril del 2019, precisamente para esa época se estaría conociendo el dato duro de la pobreza del segundo semestre del 2018, el que seguramente estará superando el índice que se conoció ayer, del 27,3 por ciento a nivel nacional y del 27,9 por ciento a nivel provincial.

En concreto, en la Argentina tenemos 750 mil personas más en situación de pobreza que hace seis meses. La administración de Macri, que hizo de aquella prometida meta de "pobreza cero" uno de sus eslóganes de campaña, culminará su gestión con la mácula en la frente del fracaso en este particular punto. Un fracaso evidente y concreto que, hay que destacar de todas maneras, no ha ocultado.

La película de la pobreza en la Argentina, al margen del fracaso del gobierno de Cambiemos, muestra una constante de derrotas tras derrotas en el combate contra la marginación, la desesperanza, la falta de oportunidades y de la más que necesaria planificación del futuro. Es cierto que en los años ochenta la estadística muestra que el país contaba con 47,3 por ciento de pobres al momento en que el gobierno de Ricardo Alfonsín asumía y que luego se dispararía al 52,3 en el momento más acuciante de la crisis del 2001. Pero las mediciones no habían alcanzado el nivel de exactitud y sofisticación del momento. Por caso, se recuerda que el plan alimentario de Alfonsín repartió en forma sostenida menos de 1 millón de cajas de alimentos con las recordadas cajas PAN y con esa medida sofocaría en gran medida la emergencia. En los años del kirchnerismo sobrevino el apagón estadístico, y cuando se recuperaron las mediciones se alcanzó a identificar el tercio de la población argentina que es pobre, una cifra que no ha podido perforarse.

Pese al bagaje discursivo de la clase política argentina, tan cargada de adjetivaciones y de términos que encierran la aparente sorpresa y angustia, a la vez, por la situación que refleja el drama de la pobreza, el flagelo no ha alcanzado el estatus de política de Estado. Al contrario, ha servido para alimentar la grieta ideológica. Con los pobres se hace campaña electoral y con los pobres se marcan la diferencia entre quienes compiten.

Argentina necesita ingresar al mundo considerado normal no sólo por el movimiento de capitales, las inversiones, la libre comercialización de los productos y en el foco de la economía global. Sino que además lo debe hacer para ser parte de una corriente que está demostrando desde algunos años atrás que la pobreza extrema está disminuyendo. Así lo ha confirmado el Banco Mundial en uno de sus últimos estudios, aún pese a la compleja situación de la economía mundial.

El mismo Banco Mundial ha podido comprobar que no sólo el crecimiento y desarrollo económico por sí solo garantizan la eliminación de la pobreza extrema y de la pobreza en general. Hay cinco estrategias que tienen que acompañar el número frío de la economía:

El desarrollo y la nutrición en la primera infancia focalizadas en los primeros tres años de vida de los niños; el acceso universal a una educación de calidad: ya no alcanza con que los chicos ingresen al sistema educativo, está claro. El Banco Mundial ha elevado las metas en ese sentido y allí mucho tiene que ver las aptitudes y los conocimientos, advierte, sino por sobre todo "la calidad de los docentes"; la cobertura universal de salud: el acceso a la cobertura de servicios de salud reduce la desigualdad, dice el Banco Mundial, a la vez que aumenta "la capacidad de las personas para aprender, trabajar y progresar"; los impuestos progresivos: el pago de tributos equitativos, sostiene el Banco Mundial, permiten financiar las políticas y las medidas para equiparar las condiciones y las transferencias de recursos a los pobres y un punto trascendente tiene que ver con la infraestructura rural con la construcción de vías rurales, lo que permite la reducción de los costos del transporte, la conexión con los mercados para los agricultores y el acceso a las escuelas y centros sanitarios.

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