9 de abril de 2026
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La Cámpora sale a escena y el PJ se debate en el espanto

Macri en la nación, Cornejo en la provincia y el kirchnerismo puro en los dos escenarios, son los únicos que se benefician con la extrema polarización del mapa político. El peronismo mendocino, que lucha por no ser K, de igual manera lo necesita para mantenerse en pie. Con lo que está en problemas serios corriendo el riesgo de que, al diferenciarse, se quede en el medio representando nada. Tiene algunos meses antes de las elecciones para resolver el enigma.

La polarización determina y marca el momento político que vive el país. En la Argentina de los tiempos de Mauricio Macri, al menos los de este presente, la discusión por las ideas está todavía sujeta al enfrentamiento duro, liso, llano y claro entre el pasado reciente que dejó el kirchnerismo y el cambio hacia lo nuevo propuesto por quien gobierna el país; un Macri que alcanzó el poder por decisión mayoritaria de la gente que eligió dar un giro a lo que estaba impuesto por el desgaste de aquello, por la desnaturalización de un proyecto que en sus inicios fue decididamente abarcador y contenedor de las mayorías, pero que con el correr del tiempo derivó en clasista y en portador de un estilo, de un modo y de una estrategia que se planteó como objetivo borrar los matices y las posiciones que marcaban diferencias y exigían correcciones.

La polarización extrema, manifiestamente expresada en la grieta que el mismo nuevo gobierno nunca se propuso cerrar y achicar, sino que por el contrario estirar y ensanchar, parece generar beneficios políticos sólo a quienes representan los extremos: el kirchnerismo opositor versus el macrismo oficialista acompañado por sus socios de la coalición.

El escenario más preciado para Macri frente a las elecciones de medio término es llegar a una batalla que imagina final con Cristina Fernández como candidata en la provincia de Buenos Aires. A Cristina, algunos de sus más cercanos, que son pocos hay que decirlo, le han aconsejado dejar pasar el turno electoral para preservarse para el 2019. Y no darle a Macri lo que Macri está buscando.

Macri necesita que sus candidatos, que llevarán como estandarte la defensa del gobierno y estampado en él su nombre propio, ganen la batalla electoral porque con el triunfo no sólo consolidará la segunda parte de su gestión pensando en una hipotética reelección. Además, interpreta, que si el triunfo es sobre Cristina, el kirchnerismo y la propia ex jefa de Estado, estarán terminados políticamente. Macri ansía como nadie ese panorama, confiado en que el antikirchnerismo que se ha consolidado en los sectores medios del país lo acompañará en la gesta. Aunque no comulgue, ese antikirchnerismo, con el PRO, su gobierno y lo que representa.

Las encuestas dan a Cristina, especialmente en el conurbano bonaerense, un triunfo por sobre cualquier otro político que se esté midiendo en la provincia más influyente del país. Pero en un contexto de fuerte polarización, se insiste, el núcleo duro que hoy la acompaña, en teoría, no le alcanzaría para alzarse con la victoria general. Esa información está en manos del kirchnerismo, por supuesto. De ahí que Cristina hoy medite y dude en presentarse porque una derrota puede sacarla del mapa político para siempre. Si se preserva, mantendrá una chance abierta para volver, como sueñan sus seguidores, en el 2019.

La polarización no es un invento caprichoso del macrismo y del kirchnerismo. Porque hoy son las únicas expresiones claras con un proyecto determinado y concreto. El gobierno, porque gobierna y aunque no se tenga mucha noción hacia dónde camina todavía y si en verdad sus políticas, para muchos improvisadas, tendrán los resultados a mediano y largo plazo que prometen, hoy sigue representando la puerta de salida definitiva del pasado todavía fresco.

El kirchnerismo, guste o no, ya sea entendido como una expresión interna del peronismo o fuera de él, defiende la idea de lo que mostró mientras gobernó sin culpas, ni empachos, ni autocríticas. "Somos Cristina. Volvemos mejores", propone el spot de La Cámpora que se conoció esta semana y que se transformó en la oficialización de lo que se sospechaba: que se presentarán en las PASO como una línea dispuesta a competir por el poder absoluto en el peronismo de Mendoza.

El spot, que muestra a los principales camporistas mendocinos en barrios, actos y encuentros de militancia y que tiene como figura estelar a la senadora Anabel Fernández Sagasti, pide acompañamiento en las urnas, promete ir por más y advierte que de triunfar serán la única arma posible para "terminar con el ajuste salvaje" del nuevo gobierno. Aquí se evidencia otra coincidencia más con el oficialismo; coincidencia que abona el indicio de lo cómodo que se sienten ambos por enfrentarse y por elegirse como adversarios para la batalla electoral: porque Macri, el PRO y Cambiemos también pretenden enfrentar al kirchnerismo con Cristina para eliminarlos del mapa político si los derrota.

Alfredo Cornejo también se siente cómodo con la polarización en la provincia. Y festeja con el paso dado por La Cámpora al manifestar el deseo de competir en la interna del peronismo. Aunque su situación difiere mucho del escenario que enfrenta Macri en la nación. Holgado, con margen de acción suficiente como para jugar con varias alternativas producto de la visión de los ciudadanos que le marcan las encuestas, no cree ver amenazas en el futuro inmediato que le compliquen lo que se visualiza como un triunfo amplio de sus candidatos. Pero al igual que le ocurre a Macri en la nación, tras las elecciones arrancan otros desafíos con una sociedad que estará mucho más enfocada en exigir hechos concretos y mejorías generales en todos los ámbitos, situación que construirá el nuevo menú de demandas cuando ponga en juego todo el período de gobierno, allá por el 2019.

El peronismo tradicional, el que se diferencia del kirchnerismo porque comprendió todo lo que las urnas le fueron marcando a lo largo de los últimos años en la provincia con una sucesión de derrotas casi histórica, está en problemas. Porque si bien los intendentes y el manojo de dirigentes que todavía tiene en pie suponen que "los pibes", esos muchachos y muchachas de La Cámpora que ya están cerca de los cuarenta o más, son minoría, de igual forma las dudas lo abruman y carcomen. Por todo lo dicho antes: guste o no, se esté con él o no, el kirchnerismo tiene una identidad clara propia. En cambio hoy el peronismo deambula sin brújula a cinco meses de las elecciones.

El principal inconveniente que hoy tiene es que no alcanza con decirle a los mendocinos que el kirchnerismo se ha terminado y que ellos, los peronistas de Perón, son eso mismo: peronistas de Perón. No son una alternativa clara, no han podido conformar un proyecto, una idea que represente el nuevo tiempo con un oficialismo que, con Cornejo al frente, domina a placer toda la escena.

Así y todo, el peronismo tiene cinco meses todavía para descubrir un camino que lo diferencie de la polarización con alguna entidad más o menos cierta. Indispensable para su futuro, en una encerrona o encrucijada que hoy le pide unir toda la fuerza que pueda para mantenerse con vida mirando al 2019, con el kirchnerismo adentro porque sin él no le alcanzaría, pero que con él adentro o dominado por él tiene destino de un nuevo fracaso.

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