La agenda cultural de la provincia cerró el 2015 con un concierto de fin de año maravilloso que tuvo como protagonista al artista Chango Spasiuk y la orquesta Filarmónica de Mendoza. Sucedió este sábado, en el auditorio Ángel Bustelo, en una noche donde la música se conjugó sin fronteras de géneros y con un fin solidario: recolectar juguetes para ser entregados al Hospital Notti.
La primera parte del espectáculo contó con la actuación de la numerosa orquesta ONEMEN de niños y jóvenes con discapacidades intelectuales y motoras fundada por María Eugenia Elías, integrante de la Filarmónica. Con remeras blancas con el logo de institución, el grupo interpretó dos piezas junto a la masa de músicos, mientras otros bailaron debajo del escenario con cintas de colores. Uno de los temas fue Bombón asesino, de Los Palmeras donde Spasiuk se sumó con su acordeón.
Luego de transitar este tramo que movilizó al público por su espíritu integrador y porque la orquesta ONEMEN se lució ejecutando las dos piezas asignadas, la velada dio lugar a que la formación dirigida por el maestro Gustavo Fontana desplegara todo su virtuosismo clásico con Capricho español de Rimsky Korsakov y Capricho italiano de Tchaikovsky.
Pero la presentación no finalizó allí, sólo la primera parte, porque después de unos minutos de intervalo llegó el momento tan esperado con el Chango Spasiuk.
El referente indiscutido del chamamé trajo a Mendoza el repertorio de su material discográfico Tierra colorada en el Teatro Colón, grabado en vivo en la prestigiosa sala porteña. Para la ocasión, no sólo contó con el acompañamiento de la Filarmónica de Mendoza sino también con el talento del prestigioso violinista Rafael Gintoli, Marcos Villalba en la percusión y Juan Pablo Navarro en el contrabajo.
El acordeonista misionero recreó el mítico concierto frente a un público mendocino que pudo ver plasmado el modo en que él, como artista del pueblo, es capaz de mixturar la esencia de la música folclórica de su tierra con acompañamientos y arreglos academicistas, que fueron elaborados en el material original por Popi Spatocco.
Fue un verdadero viaje por esos pagos. La orquesta le dio a cada composición el impulso de un ave que en vuelo rasante se acerca al suelo y abre sus alas para planear sobre ese paisaje de suelo colorado en total libertad. De este modo, el concierto onduló entre la alegría, instantes melancólicos y una fuerza envolvente que supo ir y venir desde los sonidos más sofisticados hasta lo más elemental como crear ritmo con las palmas de las manos. La velada guardaría una sorpresa más que fue la versión de Libertango, de Astor Piazzolla.
La música en total comunión y como momento de salvación, como bien supo explicar Spasiuk al finalizar: Creo que la música no es un espacio de entretenimiento. La música es un espacio de reflexión colectiva, de construcción colectiva. Es un lugar para todos ser nutridos por algo de otra calidad y que no es entretenimiento. Es como cuando decía Atahualpa, "esto es un lugar donde lo que hacemos es una antorcha para ver la belleza del camino". De eso se trata y agradecemos la posibilidad de tener un espacio y usar las herramientas que tenemos a disposición para sentirnos a salvo por un rato, expresó.
No hizo falta nada más, todo lo vivido coronó de sentido sus hermosas palabras.