10 de abril de 2026
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por Marcelo Torrez

El hombre de harina, en la feria “austera

 El viernes comenzó una nueva edición de la Feria del Libro de Mendoza, la que se anunció, casi con un sentimiento culposo por parte de una de sus organizadoras como un acontecimiento “austero pero digna”, como si las letras, nuevas o viejas, que pasarán por los próximos quince días por el Le Parc, junto a sus autores, escritores, poetas, dramaturgos, críticos y periodistas, necesitasen de la parafernalia de las luces, la estridencia y del gasto desmesurado para brillar y garantizar el éxito del acontecimiento.

Se sabe que no son épocas de tirar manteca al techo. Ya se tiró mucho y se nos ha embadurnado el cielo raso, tanto que toda la grasa y la porquería que se está derritiendo se nos está cayendo en la cabeza de todos; de los que la tiraron, como de los que no.

La cultura y la educación, en épocas de crisis, suelen pagar los platos rotos de la fiesta irresponsable. La fiesta tanto del mal gasto, como la de que se da producto de la negligencia y de funcionarios no idóneos para administrar los bienes de todos. Destáquese que hablo de mal gasto y de negligencia, porque la palabra corrupción, que parece que ha perdido el valor de tanto uso, es tan fuerte y causa tanta indignación que prefiero dejar que se utilice siempre y cuando la Justica haga su trabajo como corresponde y nos diga a los mendocinos por qué ha pasado lo que en realidad ha pasado. Pero eso será otra historia, horrible de aparecer si se confirman los actos de corrupción, pero sanadora para el alma y las instituciones, y buena para contar.

La feria “austera”, puede que nos conduzca a los mendocinos, por obligación, a descubrir el enorme talento oculto que encierra la cultura provincial. Casi a un reencuentro de otras modas perdidas en el tiempo, aunque con actores de nuestra época actual.

La actividad cultural de Mendoza ha sido riquísima desde donde se la vea, aunque decirlo suene a lugares comunes y obvios. Pero las tertulias de otros tiempos entre hacedores culturales y la gente común, décadas de oro de la literatura y cultura mendocinas, evidentemente se ha perdido. Inútil es indagar y buscar en las posibles razones de una cuestión semejante. Pero puede que haya sido el avance de la modernidad, de la tecnología y también porque el talento se fue muriendo de a poco.

Esta feria, sin embargo, encierra algunos puntos de trascedente expectativa y citas a las que no deberían faltar los que todavía aman los libros y que siguen soñando con la magia y contundencia que encierran siempre las palabras y las ideas; palabras e ideas más poderosas que cualquier golpe de efecto de nuestro tiempo y ni hablar del poder que supuestamente tienen los medios de comunicación, las estrellas de la actualidad junto con su perversa manipulación.

La feria nos permitirá recibir a un hijo pródigo de Mendoza, al genial Rodolfo Loco Braceli, uno de los escritores y periodistas más lúcidos y brillantes que ha dado la Mendoza contemporánea. El Loco viene a presentar “El hombre de harina y otros relatos agradecidos”, un libro de relatos cortos que describen a personajes ilustres que dio esta tierra y que acaba de editar Ediunc, la editorial de la Universidad Nacional de Cuyo.

“El hombre de harina…” es un libro extraordinario desde todo punto de vista. Braceli se puso al hombro la tarea de rescatar a las personalidades que pasaron por su vida y que, como él mismo, protagonizaron momentos únicos e irrepetibles de la historia deportiva, periodística, cultural y social de Mendoza.

Allí, Braceli agradece al poeta Juan López por haberlo inducido a escribir el libro sobre la base, según dice el propio Braceli, de la necesidad –consciente o no– de cualquier ser humano de indagar en sus raíces, de saber qué y quiénes fueron sus padres y de ahí en delante de todo aquel que haya pasado por nuestras vidas dejando una estela invalorable de enseñanzas. Y ese acontecimiento se engrandece cuando, como ha sido el caso del genial y a la vez privilegiado Loco, quienes se codearon con uno –con él en este caso– han sido personajes tan entrañables como La Negra Sosa, Antonio Di Benedetto, Nicolino Locche, el inclasificable Víctor Legrotaglie, Joaquín Lavado (Quino) y casi “desconocidos por todos –como se lee en la solapa del libro– como Humberto Crimi, Gildo D’Accurzio y Víctor Hugo Cúneo, entre muchos otros”.

En esta lista hay que agregar al verdadero Hombre de harina, es decir a don Andrés Braceli Pastor y doña Juana Zarategui, los padres del Loco Braceli que despiertan desde el vamos nomás, relatos conmovedores y “relatos agradecidos”.

Maravilla introducirse en la lectura del libro, desde el arranque mismo cuando Braceli homenajea, aunque odie los homenajes, a su padre describiendo aquel viaje que don Andrés, quien fuera su padre, se largó a cruzar el mar cuando sólo tenía 14 años enviado por su madre desde su Europa de origen para encontrarse con su padre que lo esperaba en estas desconocidas tierras “al oeste del paraíso” para sumarse a la construcción de zanjas y a la transformación del desierto más bravo.

De ahí en más, el libro atrapa y sin que nos demos cuenta nos metemos de lleno en la época en la que Leonardo Favio correteaba por los callejones de Luján en la pobreza más dura y soñaba, sin quererlo, en ser lo que finalmente fue; o en ese relato tan poderoso como simple, desprovisto de adjetivaciones, que nos hace sobre ese extraordinario mendocino que fue Nicolino Locche, exponente y pieza única en el mundo del boxeo sin violencia; o ese relato que Braceli revive, genialmente, de un poco conocido encuentro entre don Ángel Bustelo y la Negra Sosa en la finca del escritor y tantos otros momentos junto a David Einsenchlas, Tudela o Quesada.

La cita con Braceli es el viernes 16, a las 20, en la Feria del Libro “austera” que se se está desarrollando en el Le Parc. Para que luego no diga que no le avisé. Allí lo espera “El hombre de harina y otros relatos agradecidos”. Una maravilla literaria de nuestro tiempo.

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