Sin dudas la hermana Mónica rompe con la imagen acartonada que muchas veces tiene la sociedad sobre los religiosos católicos y la misma Iglesia. Es que la monja Carmelita hace casi una década que ayuda a las travestis a salir de la prostitución.
Sin dudas la hermana Mónica rompe con la imagen acartonada que muchas veces tiene la sociedad sobre los religiosos católicos y la misma Iglesia. Es que la monja Carmelita hace casi una década que ayuda a las travestis a salir de la prostitución.
Doy gracias a Dios por mostrarme a estos seres humanos, son personas muy valiosas, dijo la hermana Mónica Astorga al comenzar la entrevista con SITIO ANDINO.
La religiosa pertenece a la Orden de las Carmelitas Descalzas y su obra la lleva a cabo en la localidad de Centenario, Neuquén.
La historia de Mónica (foto) con estas personas, que son discriminadas por la sociedad y hasta muchas veces por la misma Iglesia Católica, comenzó hace unos 9 años.

Romina (una travesti) se acercó a la parroquia Nuestra Señora Lourdes, porque ella es muy devota de la Virgen. Una monja al enterarse que su diezmo venía de la prostitución la comenzó a acompañar. Luego esta misma hermana, por ser una mujer mayor, me pidió que yo continuara con su acompañamiento y así fue, contó la religiosa.
Romina fue la puerta para que Mónica conociera el oscuro y terrible mundo en que la mayoría de las travestis viven.
Ella me contó que quería ser peluquera y que todas sus compañeras deseaban dejar la prostitución, pero las puertas se le cerraban cuando intentaban buscar un empleo. Yo le pedí que las fuera a buscar, a la semana vino con cuatro. Las invite a rezar, dijo la religiosa.
A medida de que Mónica lograba acercase más a las travestis, la hermana se iba enterando de la dura y cruel vida que llevaban sus nuevas amigas.
Una de ellas me dijo que su sueño era morir en una cama limpia, contó consternada. Ante esta realidad que se presentaba ante sus ojos, la carmelita comenzó a impulsar, con la ayuda de su comunidad religiosa y de la Diócesis, un proyecto para armar una peluquería y la integración de las travestis a los talles de costura que hay generalmente en las parroquias.
Con el correr de los años, el número de travestis que conforman el grupo ascendió a quince, las iniciativas se concretaron y estas personas pudieron dejar la prostitución.
Hoy, la peluquería está en funcionamiento, las travestis participan de los talleres de costura y además tienen su propia casa, que fue donada por la Diócesis de esa provincia, en donde reciben a las personas de su misma condición que están sufriendo necesidades.
El acompañamiento del Papa Francisco
Son los leprosos de hoy en día, vos seguí adelante, estas fueron las palabras que el Papa Francisco le dijo a Mónica, cuando ella le escribió sobre las injusticias que se cometían con estas personas.
En el 2009, el cardenal Jorge Bergoglio, hoy Francisco, estuvo con la religiosa y ella le comentó la tarea que había comenzado con los travestis. Es el trabajo de frontera que te dio el Señor, le dijo en ese momento el Pontífice.

Mónica señaló que mantiene un contacto fluido con el Obispo de Roma poniéndolo al tanto de su obra, y que él siempre le da su apoyo y alienta a todo el grupo a seguir.
No quiero ser una monja mediocre
La hermana Mónica Astorga nació en Buenos Aires y hace 30 años que ingresó al Monasterio de las Carmelitas Descalzas en Neuquén. Actualmente tiene 50 años y es una monja de clausura.
Teniendo en cuenta que la homosexualidad y la Iglesia Católica nunca han ido de la mano, aunque ahora Francisco ha arrojado un poco de luz en esa relación, en su camino con las travestis, a la monja nunca se le cerraron las puertas en su congregación y tampoco en la Diócesis.
Muchas veces el miedo paraliza y ante ciertas situaciones no actuamos. Jesús nos dice no temáis. Yo no quiero ser una monja mediocre, no tengo nada que perder, le he entregado mi vida a Cristo. Quiero que mi oración sea para las personas más heridas, más rotas, expuso.

Lo claro de sus palabras y la seguridad que demuestra Mónica, da la pauta que es una religiosa con los pies en la tierra.
Si la flamilla no rechazara al integrante homosexual, esta persona no llegaría a trabajar en la calle. La familia lo tiene que amar y mucho, indicó la monja.
Con respecto a los que consumen los servicios sexuales que ofrecen los travestis, Mónica comentó: El que busca a un travesti, es una persona que tapa su homosexualidad, se tiene que replantear su identidad sexual.
Luego de que se conociera su obra, a Mónica les llegan mensajes de travestis de todos lados del país.
No duden en comunicarse conmigo para lo que necesiten, acá entre todas buscamos la manera para contenerlas, señaló la religiosa.
Mónica, al ser una monja de clausura, es decir que sólo salen al exterior para ir al médico y a realizar las compras necesarias, los encuentros y las oraciones con las travestis se realizan en el monasterio, donde son bien recibidas por el resto de las monjas. Aquí (en la capilla) ellas se sienten como en su casa, indicó.

video