Oscar era un chico Qom y vivía en el Chaco, en El Impenetrable, a unos 260 kilómetros de la capital provincial.
Foto: Cristian Lozano
Oscar Sánchez tenía 14 años, pesaba 11 kilos y ayer murió por desnutrición. Oscar era un chico Qom y vivía en el Chaco, en El Impenetrable, a unos 260 kilómetros de la capital provincial. Además de padecer una severa desnutrición, Oscar, que estaba enfermo desde un año atrás, sufría de neumonía, tuberculosis y meningitis.
Desde el centro humanitario Nelson Mandela, con actividad en el Chaco, se advirtió, tras el fallecimiento del adolescente, que se está frente a un grave caso de emergencia sanitario generalizado, casi un genocidio silencioso al decir de Rolando Núñez, el director del centro, que está afectando a todas las comunidades indígenas del Impenetrable.
La noticia con la muerte de Oscar y las fotos que se difundieron de su agonía remiten directamente a la imagen de Aylan, el chiquito sirio de 3 años que la semana pasada murió en una playa turca escapando del desastre en el que se ha convertido su país, envuelto en la miseria y las guerras intestinas que lo acosan desde cuatro años.
La sociedad argentina, ahora con un jovencito de su propia tierra que perdió la vida tras sufrir por años la ausencia del Estado, se volvió a estremecer y surgió con fuerza la deshumanización, la indiferencia, la discriminación y el doble estándar de atención sanitaria que existe en buena parte del territorio argentino.
Mientras el país conocía las consecuencias dramáticas de la miseria en el Chaco, con la muerte de Oscar, la presidenta Cristina Fernández desde la localidad bonaerense de José C. Paz, afirmaba, en un discurso, no querer que nadie nos venga a poner de ejemplo a los países del norte, a esos países que expulsan inmigrantes y dejan morir chicos en la playa. No quiero parecerme a ellos. Eso es decadencia cultural. Se andan tirando los inmigrantes de un país a otro como si fueran bultos. Nosotros, un país de inmigrantes, en el que nuestros abuelos bajaron de los barcos, somos un ejemplo.
Las palabras de Cristina, en ese contexto, resultaron cuando menos una afrenta grave contra el pueblo chaqueño y en especial contra la familia del pequeño toba que murió. Pero lo es también contra el resto del pueblo argentino, porque cualquiera puede llegar a entender de que se está en medio de una campaña electoral en donde oficialismo y oposición, para retener el poder o para alcanzarlo, se tiren con cualquier cosa para agraviarse y denunciarse. Pero por nada del mundo se puede perder la conciencia de lo que ocurre en el país con la pobreza y la miseria extrema. Las imágenes de Oscar no son un invento de un trasnochado consultor político planificando una campaña electoral. La imagen de Oscar muerto no es una campaña sucia. Forma parte de la más cruda realidad que el gobierno ha ignorado haciéndola pasar por golpes que se le tiran desde los candidatos opositores.
En Mendoza, por suerte, se está lejos de la extrema situación de falta de contención hacia los más vulnerables que se evidencia en el Chaco y quizás otros lugares del norte del país. Pero no se puede permitir la constante y persistente situación de crisis que afecta al sistema público de salud. La falta de partidas y la ausencia de un presupuesto de recursos a lo largo de todo el 2015 dejó a los centros hospitalarios más importantes de la región, como el Notti, trabajando al día con todos los gastos, tocando fondo como denunciaron los propios jefes de los servicios que se prestan en el hospital pediátrico más importante del oeste argentino.
Hay que escuchar a estos médicos, con nombre y apellido, responsables de las áreas de Terapia Intensiva, de Cardiología, del área de Alimentos, de Neumología y de Farmacia, describir en persona las carencias que padecen y cómo se hacen malabares para llegar al final de día con todos los chicos que allí se tratan con la atención adecuada.
Según los profesionales, el hospital, al quedarse sin partidas, debe ordenar las compras al día sin que se tenga la certeza de que el medicamento que se necesita llegue hoy o mañana.
No hay oxígeno para traslados de pacientes; como algún tiempo atrás se robaron los monitores de equipos especiales de tratamiento, estos no funcionan y tampoco hay plata para reponerlos; el Notti, ante esta situación generalizada, ha debido tercerizar algunos servicios o trasladar a los pacientes a las clínicas privadas; se dejaron de comprar medicamentos cada cuatro meses por falta de partidas como era lo habitual para pasar a comprarlos por fin de semana, en concursos pequeños de 20 mil a 80 mil pesos, pagando precios más caros que por la modalidad anterior; el hospital ha dejado de darle de comer a los acompañantes de los niños internados y sólo se dispuso garantizar la comida para los 450 chicos que se atienden. Las frutas y verduras que se utilizan en las raciones en su mayoría son donadas por diversas instituciones. Desde hace 40 días los médicos están pidiendo la reparación de un sofisticado equipo del área de Neumología sin que se haya dado respuesta.
En la Terapia Intensiva faltan descartables, insumos varios y camas. Sólo cuenta con 16, cuando la demanda es de 25 cuando menos. Y para el área de Cardiología se ha solicitado la reposición de un equipo de estudios especial que fue donado hace tiempo. Los médicos dicen que el hospital forma parte de la red nacional de 16 centro a lo largo de todo el país para la atención de niños con cardiopatías y que por eso debe recibir algunos millones de pesos de parte de la nación, pesos que, sin embargo, aducen, no se utilizan para equipar el servicio.
Mendoza está lejos del Chaco, por suerte. Pero los problemas de la salud pública no pueden desconocerse y mucho menos ignorar los males y padecimientos que existen y que no forman parte de inventos, ni de campañas sucias, ni nada que se le parezca.