Cada vez falta menos para que llegue el estreno de Camino a La Paz, la ópera primera de Francisco Varone que cuenta con los protagónicos de Rodrigo la Serna y el prestigioso actor mendocino, Ernesto Suárez, a quien por primera vez se lo verá a través de la pantalla grande.
Antes de que arribe a las salas comerciales el 12 de noviembre, fecha confirmada por su realizador a Sitio Andino, el largometraje tiene chances de participar del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que se celebrará del 30 de octubre al 7 de noviembre. Por este motivo es que el equipo dio a conocer por la red social Facebbok el póster oficial, que a su vez, se puede votar como mejor afiche en el Concurso de Pósters del encuentro cinematográfico costero ingresando al siguiente enlace: a.pgtb.me/TpnJtS
Te cuento que la película se estrena el 12 de noviembre. Estaba programada para el 5 pero decidimos cambiar la fecha una semana por que hay chances de ir al festival de Mar del Plata primero, comentó Varone quien además expresó sus intensiones de poder venir a la provincia para el estreno de la cinta aunque todavía no puede confirmar las presencias por cuestiones de agenda del actor Rodrigo de la Serna: Con Rodrigo tenemos muchísimas ganas de ir a Mendoza para el estreno. Estamos viendo como nos organizamos porque Rodrigo esta con funciones en el San Martin, de miércoles a domingo, comentó.
Un viaje de 3 mil kilómetros
Francisco Varone es quien escribe y dirige Camino a La Paz, una road movie protagonizada por Rodrigo de la Serna y Ernesto Suárez, que propone un viaje de más de 3000 kilómetros, desde Buenos Aires hasta La Paz, en Bolivia.
La sinopsis del filme cuenta que "Sebastián (35) es un joven cuyas mayores pasiones son la banda Vox Dei y su viejo Peugeot 505 SR. Recién casado con Jazmín y necesitado de dinero comienzo a trabajar como remisero. Entre los pasajeros está Jalil, un anciano musulmán que lo llama asiduamente y una mañana le hace una curiosa propuesta: le pagará una importante suma de dinero para que lo lleve en auto desde Buenos Aires hasta La Paz, en Bolivia.
A desgano y con muchas dudas, Sebastián acepta el viaje, planeado al detalle por el anciano. El extenso trayecto está signado por discusiones constantes entre ambos, iniciadas en su mayor parte por Sebas, quien se irrita cada vez que Jalil come dentro del coche, escucha música árabe o le pide hacer un alto para rezar. Pero hay algo en esa convivencia forzosa que termina por vencer la mutua resistencia y los convierte en íntimos compañeros de ruta.
Casi nada resulta como fue planeado. Sin embargo, ese periplo que Sebas inició como un encargo tedioso se convierte en una misión. La travesía, que para el joven será una especie de éxodo de sí mismo, tendrá el efecto liberador de la redención, como un viaje iniciático".