10 de abril de 2026
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Opinión

El sálvese quién pueda hunde a todos

Ni el peronismo ni el radicalismo han tomado nota del momento. Tanto el gobierno que se va como el que viene, con Pérez y Cornejo a la cabeza, ya deberían haber convocado a un gabinete de transición y tomar decisiones, en lo que se pueda, en forma conjunta. Sin embargo nada de eso ocurre. Parecen congelados al momento de las elecciones de junio. El tiempo pasa y no se han dado cuenta de las urgencias.

Estamos en el fin de un gobierno que no reacciona y frente a otro electo que no parece ser consciente del derecho que se ha ganado. La transición, larga y tediosa como ninguna otra desde la recuperación de la democracia a la fecha, ha sumido a quienes se van y a quienes llegan en una suerte de transe que los paralizó en el tiempo, en un momento determinado que puede ser identificado con el 21 de junio, el día en el que el justicialismo perdió el control del Ejecutivo tras ocho años de conducción y el mismo día en que el radicalismo y sus aliados lograron recuperarlo tras los mismos años de estar fuera del poder.

Parece increíble, pero no lo es. Lo que se temía que sucediese, sucedió. La inmovilidad y el boqueo de iniciativas es lo que domina la escena de este momento. Y así se va pasando el tiempo, mostrando las imágenes de una fotografía anacrónica que refleja todo el tipo de chicanas, acusaciones y críticas que le dieron color a la campaña electoral provincial que fue y que ya debió haber dejado de ser. Por la salud de la provincia y el bien común de todos.

Es cierto que entre Francisco Pérez y Alfredo Cornejo cada tanto se suceden las conversaciones telefónicas. Pero frente a lo que trasciende de esos encuentros verbales, todo indica que el avance hacia la búsqueda de acuerdos y visiones comunes sobre cómo encarar la crisis del momento, que se manifiesta en la falta de partidas para adquirir los insumos para los hospitales, en centros de salud famélicos, en extensas listas de proveedores sin cobrar y en la ausencia absoluta de un plan de políticas que tengan la visión de llegar, al menos, hasta fin de año más o menos en pie, no ha aparecido por ahora. Pese al ímpetu que tuvo en un comienzo. Pero fue sólo eso, un ímpetu que se esfumó como la luz de un fósforo.

A esta altura, Pérez y Cornejo debiesen haber convocado a un gabinete de transición construyendo el ámbito oficial y propicio en el que se deberían estar analizando las cuatro o cinco medidas en común más importantes para administrar el momento. El presupuesto, de cuya falta se queja el gobierno actual, ya tendría que haber sido un tema más que resuelto a esta altura de las circunstancias. Porque no puede ser la excusa, el que no esté aprobado, para justificar que se encuentran sin fondos los hospitales, como así lo han hecho los funcionarios y legisladores del oficialismo.

Tampoco resulta muy coherente que Cornejo, por sí solo, viaje a Buenos Aires para tramitar reuniones con funcionarios del Ejecutivo nacional y al decir de quienes tiene más cerca, cada vez que hace algún planteo determinado o describe a su modo de ver la situación de la provincia que recibirá en diciembre, obtenga como respuesta algún dejo de sorpresa porque los datos que llegan allí, brindados por el gobierno de Pérez, sean diametralmente opuestos. Eso parece estar ocurriendo con las gestiones para que el Banco Nación, como agente financiero de la provincia, le otorgue al estado local un salvataje financiero de unos 5.700 millones de pesos para hacer frente al quebranto de la actual gestión.

Sin embargo, lo que muestra la política es la cara opuesta de lo que indica el sentido común. Como si la campaña electoral aún no hubiese terminado, como si el tiempo de las chicanas no se hubiese acabado ya. Lo que vemos son embestidas sectoriales, como las de los trabajadores de Vialidad Provincial que apuntalados por un legislador más que interesado intentan aprobar en un trámite rápido un nuevo convenio colectivo del sector que puede hacer caer el por demás precario sistema de relaciones que une a todos los sindicatos del Estado con el gobierno.

Hay un clima de sálvese quién pueda que cubre al oficialismo en todos sus estadios sin tomar nota de las consecuencias que, la inacción por un lado y la acción desmedida por otro pero con beneficios acotados para unos pocos, le provocarán al resto de la sociedad.

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