Es cuestión de tener memoria y repasar los hechos con precisión cronométrica para darse cuenta de esta maniobra.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que en el Jardín de la República el triunfo de Daniel Scioli en las PASO presidenciales (57% contra el 16% de Mauricio Macri y el 10% de Sergio Massa) fue tan contundente que se convirtió en una clara señal hacia los candidatos locales del apoyo que recibirían en las elecciones provinciales porque evidentemente los tucumanos están mayoritariamente con el FPV.
Los líderes de Cambiemos sabían desde entonces que era imposible revertir esa tendencia.
La estrategia dejó de lado las consignas continuidad o cambio y viró hacia la nueva palabra clave: fraude.
Los discursos comenzaron a usarla ante cuanto micrófono enfrentaran los opositores. Mauricio Macri dijo 5 días antes de los comicios: el nivel de fraude no se puede repetir. El candidato a gobernador de Cambiemos, José Cano, espetó un día después: no le tenemos miedo al fraude. Ernesto Sanz declaró a diario La Nación y a otros medios, el miércoles 19, que temía un posible fraude para el que había que estar alertas.
Entre el Macri que lloraba por lo que todavía no ocurría, el Cano que se hacía el valiente por lo que aún no pasaba, y el Sanz encendía las alarmas antes del incendio, sólo restaba llegar a la profesía autocumplida.
¿Tenían la bola de cristal sobre lo que iba a venir o iban a abonar la tierra para darle ellos mismos a la semilla que habían plantado, el clima necesario para su germinación?
Estaba todo guionado. Las maniobras previas también incluyeron el desesperado pedido para que no votaran los jóvenes de entre 16 y 17 años. Con ese escrito en Tribunales, el Pro mostró otra de las armas que iban a utilizar.
Es que el último nicho en el que iban a depositar sus últimas esperanzas era el de la Justicia : espacio donde los tiempos y las acciones suelen ir a favor de los denunciantes hasta que se resuelven las cuestiones de fondo. Desde el momento de las presentaciones hasta que aparecen los fallos de cosa juzgada y se descubre la verdad, ya se generó el clima de sospechas y ya pasaron las elecciones.
Era miércoles, faltaban sólo cuatro días para ir a las urnas. La movida no alcanzaba los resultados esperados. Las últimas encuestas daban una diferencia de entre 10 y 15% a favor de los candidatos oficialistas. Habían conseguido un fallo judicial dejando con las ganas a los jóvenes que mayoritariamente votaron por el peronismo en las Paso. Esta vez no iba a poder ir a votar. Pero igualmente había que hacer algo más.
Las maniobras judiciales se revelaron el jueves cuando se supo que gente de Cano había hechos dos presentaciones judiciales que, en el fondo, pretendían suspender el acto eleccionario.
Además de aquella demanda contra la juventud, la segunda movida judicial tuvo respuesta entre gallos y medianoche, literalmente porque fue a la una y media de la madrugada del sábado cuando la Cámara en lo Contencioso y Administrativo resolvió sacar a dos miembros de la Junta Electoral de Tucumán que eran rechazados por la oposición.
Llegó el domingo y
ganó el FPV.
Ciertamente, la quema de 44 urnas era la ocasión perfecta para comenzar a hablar de fraude. No importaba si estaban sanas y salvas las 3.360 urnas restantes. Había que obviar el hecho de que entre los desbandados piromaníacos había militantes de los dos lados: de Cambiemos y de Frente para la Victoria. Producto del nefasto sistema electoral de Tucumán que tenía 25 mil candidatos. Caso mjuy parecido al de Mendoza en donde en las Paso donde había una infernal cantidad de candidatos. Sólo como ejemplo: en Guaymallén eran más de 2.000.
Hoy hay que terminar este tipo de sistemas de colectoras y enganches que no hacen más que ensuciar y denigrar a la democracia.
Está claro que no se puede fundar una denuncia por fraude a partir la desaparición física de un minúsculo número de votos. Pero en política se puede armar un escándalo si se crea el clima adecuado.
Y la verdad es que entre machacar de antemano que hay fraude cuando aún no hay elección, culpar a la supuesta inexperiencia juvenil por los resultados de unos comicios, denunciar a la Junta Electoral es lógico que el ambiente tenga un tufo raro.
Pero de ahí a decir que se ha contaminado la democracia, que se ha viciado el voto de todos los tucumanos, hay un abismo infranqueable.
Porque lo que vale es el resultado. Y nadie puede negar que el pueblo de Tucumán mayoritariamente venían avisando que ganaría el Frente Para la Victoria. Lo anunció en las Paso en las que arrasó Scioli y en las encuestas que desbarrancaron a la oposición. Y lo ratificó por una diferencia del 14% a favor del oficialismo.
Número que no lo modifica ni la ausencia de los adolescentes, ni los nuevos miembros de la Junta , ni las 44 urnas aun en el caso hipotético e imposible de contar con plenitud de votos de Cambiemos.
Sin embargo, tozudos, inescrupulosos, maquiavélicos, los líderes de Cambiemos montaron un escenario desde semanas antes de las elecciones con el único fin de presentar en público una aterradora obra de fraude que nadie puede concebir como real.
Los siniestros personajes que se prestaron a la farsa, pudieron acrecentar su estrellato fugaz en este melodrama, llorando ante cuanto medio les diera la oportunidad, para pedir que se anularan los resultados tucumanos
Si bien está contemplado el caso de volver a votar en las mesas donde se destruyeron los votos, no se puede pedir por ese 1% que todo el electorado vuelva a las urnas en toda la provincia.
No se puede reclamar que se cambien las reglas de juego cuando se perdió el partido. Bastante ya con que le dieron bolilla y pusieron a los árbitros que pedían. Bastante ya con que dejaron afuera los votos juveniles. Bastante ya con que sabían de antemano que perdían y en lugar de explicar por qué no convencen a la mayoría, dicen que la mayoría les hace trampa.
Reconocer una derrota no es sólo dignidad, es saber competir y estar dispuesto a prepararse mejor para nuevas contiendas. No se puede caer en el berrinche del pibe dueño de la pelota que al no poder ganar, se la lleva a su casa.
Es cierto que el resultado de las elecciones en Tucumán es un golpe mortal para la oposición que no se pudo levantar ni siquiera con una pequeña victoria provincial tras el resultado adverso de las Paso nacionales.
Pero si no le da el piné para ir a competir, no puede embarrar la cancha diciendo que iba a perder porque los adversarios juegan sucio.
Porque en este caso, unas 10 mil personas en una plaza, que sólo se juntaron en la capital tucumana, para consuelo de Canal 13 y su campaña anti Scioli, no son representativas de la mayoría que prefirió manifestarse el domingo en forma aplastante en cada cuarto oscuro para sumar más de 400 mil votos a favor de Manzur, unos 100 mil más que toda la oposición junta.
El fraude que no fue, sólo cabe en el escenario que levantaron los macristas mucho antes de la elección que lo dejó nuevamente con el amargo sabor de la derrota. Esa que no sabe admitir como lo haría un caballero. Sólo para recordar en la elección de 2009 en Provincia de Buenos Aires el propio Néstor Kirchner perdió ante De Narváez por sólo el 2% de los votos y en la misma noche salió a reconocer su derrota sin instigar a sospecha alguna cuando el pueblo da su veredicto.