Hay un cuaderno con detallecitos que Marga busca sin parar y que cuando encuentra no suelta por nada del mundo ¿Pero qué hay allí?, ¿qué es lo que anota y anota? Esta será la primera pista que se le presentará al público para empezar a desandar el perfil de una mujer atrapada en su mentira existencial. Una tan grande que es capaz de arrastrar a su marido Esteban al que ha terminado convirtiendo en su cómplice.
En tono de comedia, la obra No bailamos tango, que estrenó el pasado 7 de agosto en el Le Parc y que ahora se presenta en la sala 2 de la Nave Cultural, propone adentrarse en una trama interesante, que plantea de forma liviana al principio y más intensa al final, una reflexión sobre la cantidad de veces que una construcción fantasiosa de nuestra realidad puede salvarnos de la mirada ajena. Y el que esté exento de esto, que tire la primera piedra.
El texto es de la dramaturga, guionista y directora de extensa trayectoria a nivel nacional, Mónica Salerno. Bajo la dirección del joven Ariel Blasco la puesta aquí se pone en escena con un trío infalible de actores: Elena Schnell en el papel de la mentirosa compulsiva (que lleva a cabo de manera extraordinaria), Marcelo Lacerna y Sara Torres quien en su visita anual a la provincia hace de Agustina, la mujer quien después de muchos años de vivir en España regresa a la provincia con aires de éxito y su sola presencia termina de desbaratar la endeble salud mental de su amiga de la adolescencia. Aquí la actriz nos regala otra interpretación destacada y el encanto de un acento madrileño que de seguro ha sabido cultivar en el país que ha adoptado como segundo hogar.
La obra cuenta además con una cálida y cuidada ambientación. Sin necesitar otros espacios, todos los acontecimientos transcurren en el departamento del matrimonio. Es allí donde se terminan de delinear los detalles de las mentiras de la desquiciada Marga, como la que su marido es un eximio bailarín de tango y ella una destacada profesora de arte. Ahí también transcurren sus olvidos, el padecimiento por escuchar las aventuras de la mujer de mundo y los tormentos por las frustraciones de un presente que no la conforma.
Con guiños hacia el espectador para entender los pormenores del vínculo que une a los tres involucrados en la historia, la propuesta se desarrolla ágil y con diálogos ocurrentes que, sin exagerar, despiertan la carcajada en más de una oportunidad. Las actuaciones son disfrutables y el buen momento está asegurado.
Vale la pena ir a ver No bailamos tango, porque nos regala la posibilidad de mirar con humor y con inteligencia la sensación de vacío existencial. Pone el tema a la vista, lo desmembrana, lo contrasta, lo determina social y culturalmente, lo ridiculiza. Tanto lo expone, que acaba ponderando la mentira por sobre sobre la verdad como un paliativo necesario. De forma categórica la puesta te interpela y te dice: "¿sabés qué?, no bailamos tango". Para bailarlo hace falta que ella se deje llevar y no quiere, ni puede.
La comedia continúa con dos funciones más en el espacio cultural ubicado en Maza y España del Parque Central. Este sábado 22 y el próximo 29 de agosto. En cada caso, el espectáculo está programado a las 22hs.
La única manera que encontró la protagonista para salvarse fue la de construir un mundo imaginario propio, mi mejor obra dice el texto, el mejor libro de autoayuda que se haya escrito ¿Habrá alguien que se atreva a juzgarla? Posiblemente no