13 de abril de 2026
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Columna política

Una Mendoza inundada por la inquietud y la incertidumbre

Inquieta la situación financiera, la falta de caja y los reclamos en aumento del momento. Y el futuro es incierto por las expectativas que ha provocado, naturalmente, el gobierno que asumirá el control desde diciembre. El PJ se sumerge con obsesión en el posible triunfo de Scioli. Y Cornejo se prepara para desembarcar en un déficit equivalente a 6 plantillas de sueldos de los estatales.

Toda la atención –y tensión– política del momento parece estar absorbida por la carrera electoral hacia la presidencia. Mientras esto sucede y el país se sacude con la inundaciones en Buenos Aires y el uso y manejo especulativo que se hace con la situación de miles de afectados y víctimas y se saca cuentas de lo que puede haber perdido el oficialismo nacional con el desastre, en Mendoza se espera, también con inquietud e incertidumbre el traspaso del poder.

Inquietud por cómo seguirá la historia de una traumática transición en donde el gobierno de Francisco Pérez se debate a paso redoblado y tambor batiente con la falta de plata para tapar los agujeros que día a día se abren con la marcha de los proveedores reclamantes; inquietud por la falta de insumos en los hospitales y por la destinada a financiar los programas específicos de enfermedades complejas; inquietud por las quejas de los intendentes por que no les llega en tiempo y forma las transferencias quincenales de participación municipal; inquietud por la sistemática presión de los empresarios del transporte y más inquietud, en general porque la ciudadanía ha tomado registro de la fragilidad con la que se está gobernando ya en los últimos meses de la administración peronista luego de que se apagaran las luces de la fiesta, se dejara de escuchar el tronar de los fuegos de artificio y cuando ya se ha disipado el humo, que durante mucho tiempo, quizás demasiado, dispararon las máquinas del permanente tirar la pelota afuera para enfriar y ganar tiempo a la vez.

La incertidumbre está instalada, consciente e inconscientemente por lo que dejará la propia administración y el estado de cosas que herede la que estará en manos de Alfredo Cornejo. Porque si algo debe estar en claro, es que no amanecerá en Mendoza el 10 de diciembre como muchos se esperanzan. El déficit del último mes del año, según datos del propio Cornejo, puede llegar a orillar los 700 millones de pesos, la cuenta que se deberá cubrir, con las proyecciones que se hacen por estos días, para pagar los sueldos y los aguinaldos de los empleados públicos provinciales. Los 5.700 millones de pesos que le faltan a Mendoza, certificados por el Tesorero y por el Contador General de la provincia significan, para tomar una dimensión más precisa de la realidad, casi seis plantillas completas de sueldos de los empleados públicos. Seis meses de sueldos de todos los agentes estatales.

Las urgencias y las necesidades de la política hoy están marcadamente diferenciadas y divididas. Mientras el peronismo no sale de la obsesión por lograr que Daniel Scioli gane en Mendoza y en la nación, sobreactuando sus movimientos y sin haberse hecho cargo todavía de la derrota ni de los errores de gestión, Cornejo, y el arco opositor que lidera, se ha lanzado al fango de la administración provincial y allí nada, obsesionado también, pero por los números, por la cuenta del almacenero, según dice a quien lo quiera escuchar.

El contrato con el Nación es el objetivo del gobernador electo. El plan A para salir del atolladero. Cornejo no duda de que Francisco Pérez quiera llegar a un acuerdo en paz y sin dudas ni tormentos para alcanzar un traspaso sin remordimientos ni rencores, “pero es que con la deuda flotante se fueron al pasto”, dice rechazando las propuestas que le llegan. El contrato con el Banco Nación por ser el agente financiero con la provincia vence el 22 de diciembre. Todos están de acuerdo con que siga por cinco años más custodiando las cuentas del Estado, pero le han pedido que a cambio le preste a Mendoza unos 6 mil millones de pesos para ordenar el complejo problema financiero. La solicitud se completa con que se le permita al gobierno comenzar a pagar ese préstamo recién en el 2017, es decir con un año de gracia y a un plazo total de 10 años. Pérez, a regañadientes habría dado su consentimiento al plan elevado a la institución, pero el Banco Nación aún no responde jugando con los nervios y la necesidad extrema de los dos gobernadores.

Concentrado en la provincia que administrará, Cornejo parece mirar de costado el escenario político que se despliega a su alrededor y en el plano nacional. Está convencido de haber hecho lo que estaba a su alcance en las exigencias electorales que tiene la oposición de la que forma parte. El frente Cambiemos volvió a imponerse por sobre el Frente para la Victoria en Mendoza, pero el radicalismo, partido al que pertenece, se desgaja en la nación. Si hasta quien fuera gobernador de la provincia y embajador en los Estados Unidos, el justicialista José Octavio “Pilo” Bordón, ha marcado una diferencia entre la UCR mendocina y la que conduce en el país el sanrafaelino Ernesto Sanz. “Son distintos uno y otro”, ha dicho Bordón cuando se le pidió un análisis sobre quien fuera alguna vez el principal partido opositor en el país.

A Cornejo tampoco le quita el sueño lo que ocurrirá con el partido. Ha hecho buenas migas con los dos candidatos con más chances de alcanzar la presidencia, ya sea el 25 de octubre o en la hipotética segunda vuelta de noviembre. En reserva mantiene contactos habituales con Daniel Scioli o con alguno de sus hombres de más confianza y desde ya que habla a menudo con Mauricio Macri. Allí no hay un frente de conflicto.

Pero lo perturba la recomposición del partido luego del proceso electoral y una vez que el país se ordene detrás del nuevo presidente. En el 2016, Cornejo será una de las pocas caras visibles de la renovación radical a nivel nacional. Algunos intendentes y dirigentes del partido lo han llamado para ponerse al frente de la reconstrucción. “Yo voy a tener mucho que hacer en el 2016 que será un año muy duro para la provincia”, dice abriendo el paraguas sobre lo que vendrá y eludiendo las voces que, dice, lo llaman desde el resto del país.

Aunque no esté en las prioridades del camino político que deberá transitar de ahora en más, Cornejo sabe bien que la sola mención de su nombre no sólo se justifica por su triunfo en Mendoza, sino también entiende que lo obligará a dar batalla en un frente en el que no quiere pensar por el momento: el de la interna radical que se puede desatar en la provincia y en la nación entre él y el hombre a quien acompañó a lo largo de casi toda su carrera política, Julio Cobos.

Será un conflicto que ambos, Cornejo y Cobos, deberán administrar con razonabilidad y prudencia, porque así como hoy los conduce a los lugares más brillantes de la venida a menos marquesina de figuras radicales, por ser los estandartes del único territorio en donde la UCR ganó y donde sigue contando con la adhesión de la mayoría ciudadana, también puede convertirse en una trampa mortal si las batallas que se puedan dar entre ellos los saca de foco de la necesaria buena administración que deberá hacer el radicalismo y sus socios del frente Cambia Mendoza para trascender y ser observados como reserva de lo que viene.

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