Con Carlos Menem ganador de la interna del peronismo en 1988, Mazzón se vinculó rápidamente a las huestes menemistas, siendo funcionario del gobierno del riojano.
Su actividad política sin duda la comenzó en Mendoza en sus épocas de estudiante universitario, donde a través de Guardia de Hierro aceitó relaciones con todos los sectores del peronismo, y desde esos tiempos ya se lo conocía como un excelente negociador, que privilegiaba por sobre todas las cosas el diálogo antes que la polémica y la discusión.
Fue también en la provincia donde moldeó al entonces desconocido José Luis Manzano en el terreno político, enseñándole toda su sabiduría política. Al poco tiempo obtuvo el cargo de viceministro del Interior a comienzos de los 90.
En esos años neoliberales por excelencia, trabó relación con Néstor Kirchner, en ese entonces, un joven gobernador santacruceño. Inclusive, Mazzón fue asesor del ex Presidente cuando éste último fue convencional constituyente en el 94.
Acabado el período menemista, Mazzón pasó a reportar directamente al ex presidente Eduardo Duhalde, a quien acompañó en toda la región de Cuyo en la campaña presidencial de 1999, que aunque terminó perdiendo el bonaerense, sus vínculos siguieron más allá de eso, y el Chueco, fue una de las personas que acompañó al lomense en su tormentosa presidencia después del desbarajuste del 2001.
Desde el 2002 figura en la lista de empleados públicos como Coordinador general de Asuntos Políticos Institucionales de la Unidad Presidente, aunque todos saben que su trabajo fue el de sumar voluntades al proyecto kirchnerista, aunque su gran actividad la tuvo reclutando a viejos peronistas, militantes de la más antigua ortodoxia, y aclimatarlos al siglo XXI bajo la óptica K, proclive a actitudes progresistas y cercano a los organismos defensores de los derechos humanos.
Con teléfono libre hacia el despacho de Néstor Kirchner, Mazzón se encargaba bajo el gobierno del patagónico de hacer el muchas veces conocido como juego sucio de la política, que es el de negociar detrás de las cámaras y las luces de los flashes, y hacer llegar a buen puerto negociaciones que parecían poco probables a la hora de encararlas. Con una lista de contactos que pueden llegar a sumar las hojas de varios libros, ha sido quien llevó a muchos hombres del radicalismo hacia las filas K, y poder dar entidad a la tan mentada transversalidad con la que Néstor deseaba dar el aire de mayor pluralidad a su gobierno.
Poco afecto a los grandes escenarios, el Chueco supo tener sus entrevistas con dirigentes de todo el país en lugares poco concurridos, como bares de poco nombre, para así pasar desapercibidos y poder hacer su tarea sin el apremio de las grandes muchedumbres. Una de sus máximas para seguir sosteniendo su poder, se basaba en no exponerse ante la gente, en no ser jamás candidato en ninguna lista partidaria, y en atender a todos los hombres que le piden una reunión, sabiendo sacar provecho de cada uno de ellos.
En estos último años, Mazzón fue el hombre al que la presidenta Cristina Fernández le encargó la construcción de un espacio político amplio y firme de cara al 2011, y estuvo abocado de lleno a esta labor.
Uno de los problemas que tuvo Mazzón fue su pelea con el ahora titular de la Agencia Federal de Inteligencia y ex Secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, otro de los armadores del kirchnerismo, aunque éste último viene del lado más transversal y progresista del armado K, y quien sumó a innumerable cantidad de organizaciones sociales al oficialismo. Parrilli, fue uno de los que llevó dentro del kirchnerismo, entre otros, al Movimiento Libres del Sur hasta el 2008, a Emilio Pérsico y su Movimiento Evita, además de innumerable cantidad de partidos menores pero con peso dentro de la intelectualidad y progresismo nacional.
Mazzón, de excelentes vínculos con el radicalismo, ha sido uno de los artífices de la vuelta al bipartidismo, que llevó adelante Kirchner en vida, y que Cristina fortaleció aún más luego de la muerte de éste.
Sus inicios en Guardia de Hierro han hecho que viejos Guardianes hayan vuelto al PJ a trabajar codo a codo en la idea de mantener al peronismo, con Cristina Fernández a la cabeza. Es así que son varios los hombres de esta agrupación peronista que se denomina a sí misma como los cuidadores del pensamiento de Perón y que sigue viva en el interior del peronismo con gran cantidad de cuadros políticos diseminados a lo largo y ancho del país, que mantuvieron reuniones con Mazzón, y al cual éste les brindó especial atención para tratar de encaramar al peronismo detrás de un proyecto conjunto, acabando con las diferencias internas.
Haciendo gala de su poder de convocatoria, Mazzón juntó en el Club Hípico de Núñez a toda la tropa con la que suele tener cotidianos diálogos, y en dicho cónclave logró juntar a personalidades como Daniel Scioli, Juan Carlos Gioja, Patricia Fadel, José María Díaz Bancalari, Luis Beder Herrera, Diego Bossio, Juan Manuel Urtubey, Celso Jaque, Eduardo Fellner, Miguel Ángel Pichetto, Jorge Obeid, entre otros, en los que volvió a dar muestras de su capacidad para unir en un mismo lugar a peronistas diferentes desde lo ideológico.
En la reunión, en una de las pocas ocasiones en que hala en público, dejó en claro su lealtad al proyecto K, al sostener que ojalá que cuando nos volvamos a encontrar el año que viene podamos decir que cumplimos con los deseos de Néstor y que haya un peronista en la Casa Rosada, a la vez que rindió culto a la figura del ex presidente Néstor Kirchner, a quien pidió retribuir con militancia el sacrificio personal que realizó el patagónico por el país.
Con un estilo ameno aunque agresivo cuando la situación lo requiere, Mazzón se supo hacer entender con sus actos o acciones a la perfección por todos los hombres que recuerrieron a él como artilugio político para el crecimiento o subsistencia de sus figuras. Son pocos los que se atreven a hacerles frente o a desoír sus opiniones u órdenes, y la gran mayoría de los que lo visitan suelen inclinar las cabezas a la hora de concurrir a sus oficinas.
Juan Carlos Chueco Mazzón es sin ningún lugar a dudas el gran operador político con el que cuenta el kirchnerismo, y junto al radical Enrique Coti Nosiglia, fueron los armadores políticos por excelencia de la Argentina, que han hecho de esta forma de vivir un hábito en la política nacional, que lo llevó a tener una innumerable red de contactos dentro y fuera de su partido, y que lo convirtió en un hombre capaz de construir candidatos de la nada y llevarlos hasta el lugar que él desea que lleguen.
Más tarde, su nueva aventura fue llevar al kirchnerismo a permanecer en el poder más allá de diciembre del 10 de diciembre del año que viene. Experiencia y capacidad no le faltaron, y la sociedad argentina en octubre del 2011 le dio la derecha a sus deseos en el cuarto oscuro.
En marzo de este año, descontenta con el cierre de las listas en Mendoza, Cristina Kirchner lo despidió del cargo en la Unidad Presidente y tuvo que dejar el despacho en la Casa Rosada que ocupó durante más de una década.
Sin embargo, desde entonces se había dedicado a continuar con su trabajo de armador electoral de Daniel Scioli.
Fuente: Agencia CNA