13 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

Entre el gasto por Romeo y las escuelas derruidas

Esta semana debieron haber comenzado las clases en la escuela Diego Varas Gazari, ubicada en Chile y Barcala de Capital. El martes, un cronista de este diario, alertado por los docentes y padres de una escuela que, además de recibir allí a jóvenes en edad escolar y adultos, lo hace también con chicos con diversos grados de discapacidad, recorrió la instalaciones para comprobar, con fotos y textos que fueron publicados, que no se cumplen las condiciones de habitabilidad y que la seguridad e integridad de todos los que concurren a la escuela no está garantizada.

Quince días atrás, cuando los docentes llegaron al edificio con motivo de iniciar las reuniones preparatorias para el inicio del ciclo lectivo, advirtieron formalmente que no estaban dadas las condiciones para arrancar con las clases. Llamaron al gobierno escolar, al lugar llegaron los especialistas de Infraestructura y luego de dar a conocer su diagnóstico, las autoridades de la DGE, según denunciaron los propios docentes, obligaron al personal a permanecer en el edificio y a dar inicio a las clases previstas para el martes pasado. La historia siguió con un airado reclamo de los docentes, con cortes de calles incluido y sin impartir clases con la compañía de muchos padres de los alumnos que se niegan a que sus hijos pases cuatro o cinco horas por día en medio de serios peligros latentes de derrumbes, de posibles cortocircuitos eléctricos y rodeados de escombros y bienes materiales en desuso repartidos por varios lados.

Según contó la docente Claudia Femenías, profesora de la Varas Gazari, con los padres recorrieron la escuela y se encontraron con “baños con pérdida de agua, cerámicos sueltos, ventiladores rotos, luces que no existen y un salón de usos múltiples que directamente ni se ha inspeccionado, ni se ha hecho nada”, según dijo. La docente, en su descripción agregó: “Tiene una canaleta de entrada que implica un gran riesgo para los alumnos. Hay un depósito de gran cantidad de elementos que no se utilizan, lugar donde trabajan los chicos, por lo cual implica un riesgo para los alumnos porque hacen teatro, música o baile allí. Inclusive hemos encendido las luces dos veces y se ha cortado, cuando dicen que el sistema eléctrico está en condiciones”.

El relato de la docente continúa: “Hay paredes húmedas, totalmente descascaradas. Techos que tienen agujeros, dicen haberlos impermeabilizados, pero persisten. Hemos tenido solo un electricista y un celador de la tarde trabajando. Hay muchos arreglos a realizar. Pretendemos que se terminen de una vez y comencemos en condiciones.

La Varas Gazari recibe a unos 400 alumnos en la mañana, en la tarde funciona como colegio para chicos con discapacidades auditivas y en la noche un CENS. Las clases, han dicho todos los docentes, no van a empezar hasta que no se garantice la integridad de todas las personas que asisten.

Los padres también están indignados. Ayer, una mamá contó a un canal de televisión que no les dan respuestas: “Los chicos ­­–dijo– han venido los sábados a pintar el colegio, cosa que no corresponde. Hay un olor a cloacas que no se soporta y los profesores están en toda su razón de no dar clases en las condiciones. Si tuvieron 5 millones para traer a Romeo Santos, que pongan un poquito para arreglar el colegio. Si seguimos así, perderán el año”.

El gobierno ha salido a defenderse. Afirma, por medio de Enrique Saieg, el responsable de Infraestructura, que el edificio se alquila, que como no estaban terminados los trámites administrativos con el titular del edificio, no se había podido comenzar con las refacciones. Con el dueño no se ponían de acuerdo en el monto del alquiler y el vencimiento del contrato. “Los chicos y papás pueden estar tranquilos porque las condiciones eléctricas han sido verificadas, son de primera calidad. El fin de semana que viene continuaremos trabajando”, dijo ante los reclamos.

Comparar, se sabe, es odioso. Más cuando a bocajarro una madre lanza, con la contundencia de lo simple: “Se gastaron 5 millones para Romeo Santos, pongan un poquito para arreglar esta escuela”.

Según el SUTE, son más de 100 los colegios con problemas edilicios en la provincia. El gobierno sostiene que ha construido 50 nuevos colegios, varias ampliaciones y que tiene 20 nuevos en ejecución. Infraestructura, el ministro que conduce, Rolando Baldasso, tiene cerca de 5 mil millones de pesos para gastar en este 2015. Algunos de esos millones deben ir a parar a las escuelas. Pero llegan tarde. Y las clases empiezan con problemas. Un tema que nadie entiende tras tres meses de vacaciones.

Pérez dijo, cuando inauguró el ciclo lectivo en una escuela albergue de Malargüe: “No entendemos la educación como un gasto sino como una inversión porque logra mayor inclusión y mejora la calidad de vida de las personas”. Son horribles las comparaciones, pero a veces hay que bancárselas: si se gastaron 5 millones para Romeo Santos….

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