El gesto de rebeldía de Mendoza a un kirchnerismo en retirada
Un día Cristina se acordó de Mendoza y descubrió que existía. Fue una vez después de mucho tiempo y a pocas horas de dar su último discurso ante la Asamblea Legislativa del Congreso nacional, cuando le ordenó a quienes tenía más cerca como a Eduardo Wado de Pedro el flamante secretario general de la Presidencia, al Chueco Juan Carlos Mazzón y dicen que hasta su hijo Máximo a que intervinieran en el cierre de listas del PJ mendocino evitando el enfrentamiento interno en la PASO de abril y colocando al frente de todos al kirchnerista Guillermo Carmona.
Pero en una muestra, también sorpresiva como los intentos de la presidenta al interesarse por el peronismo local quizás como nunca antes, el pejotismo mendocino, hoy jugado al sciolismo y al que llegó de la mano de Carlos Ciurca, decidió romper todas las cadenas y desobedecer las imposiciones que se dispararon de la Rosada a lo largo de todo el fin de semana.
Al final, el rapto de rebeldía fue encabezado por todos los no K del peronismo, pero en especial por quien encabezará la lista del peronismo oficial, el maipucino Adolfo Bermejo que irrumpió en medio de las negociaciones dispuesto a no dejar pasar la oportunidad de enfrentar a los K en la provincia y con eso, buscar cobrarse tantos desplantes y gestos de ninguneo hacia su persona que ha venido sobrellevando desde que está en el Senado. Lo último que haría, Bermejo, sería compartir una fórmula con el delegado K en Mendoza, en un vergonzoso segundo lugar.
Así fue como se descascaró el primer intento presidencial por dominar Mendoza. El segundo vendrá más adelante, sin dudas, cuando los candidatos a diputado y senador nacionales que proponen los mendocinos lleguen a los despachos de Cristina; cuando los nombres del gobernador Francisco Pérez y el del intendente de Las Heras, Rubén Miranda, deban pasar por el cedazo que tiene Cristina. Allí se librará, hay que prepararse para ello, otra de las batallas parecidas a las de este fin de semana entre los K y el pejotismo, pero con la diferencia de que la presidenta tiene la birome con la que se escribe la lista de los candidatos a legisladores nacionales. Puede que esa discusión sea vibrante. Pero la suerte de Pérez y de Miranda en las listas nacionales quedará sujeta a todo el poder que pueda tener Daniel Scioli para defenderlos y bancarlos. Hecho que se verá más adelante, en pocos meses más.
El peronismo sufrió más de la cuenta para inscribir su lista. La unidad no prosperó por lo dicho anteriormente respecto de que Bermejo se negó a ser el segundo y porque Carmona, para ser segundo de Bermejo pedía colocar al candidato a intendente en dos comunas y el 35 por ciento de todos los cargos legislativos provinciales en los cuatro distritos electorales.
Imposible de aceptar para los peronistas tradicionales, con lo que se dispusieron a ver cómo podían resolver sus propios líos internos, fuera del enfrentamiento con los K. Fue allí en donde apareció el plan para salvar la ropa de Pérez también, objetivo que siempre tuvo el vice Carlos Ciurca, al interpretar que demasiados problemas tiene hoy el oficialismo en este proceso electoral como para abrir un frente de conflicto con el jefe del Ejecutivo si se lo marginaba de todo. Mala señal para todos entiende Ciurca, para propios y extraños y para un gobierno al que apelará la fórmula del PJ para respaldar la campaña, con recursos e inauguraciones varias de aquí hasta la fecha de las elecciones.
En ese contexto hay que entender la aparición de Diego Martínez Palau, como un gesto hacia el Ejecutivo y a un Pérez que llegaba demolido a estas negociaciones de cierre por el quiebre de su relación con otro de los ministros, el díscolo Matías Roby quien logró armar su lista propia con la ayuda del sindicalismo moyanista y opositor al gobierno K.
El cierre del oficialismo mayoritario ha dejado heridas internas y aspectos irresueltos que nadie puede hoy, aventurar, cómo impactarán en las chances del peronismo. Los hermanos Félix del sur, los líderes de Integración, los que tenían el derecho de imponer al vice de Bermejo, se retiraron molestos por el anuncio de quiénes serán los aspirantes a legisladores nacionales y porque entendieron que hacerlo se transformaba en una directa provocación a la Rosada cuando todavía quedan unos cuantos meses de gobierno. Pero además, los turcos exigían, según parece, mayores espacios que los que La Corriente peronista, y hasta los azules de Mazzón, estaban dispuestos a darles. Fueron ellos, Omar y Emir Félix los que echaron a rodar que Máximo Kirchner los había llamado para que buscaran un acuerdo con Carmona. No les creyeron y tampoco le dieron mucha importancia, en verdad.
Pero los Félix cuentan con el poder del cuarto distrito electoral, todo el sur provincial que dicen ganarán sin más. Esos votos, en las PASO, puede que se repartan entre los tres candidatos a gobernador del oficialismo: Bermejo, Carmona y Roby. De esa manera, si les sale la jugada, los Félix buscarán meter presión en el armado de la lista de candidatos nacionales del peronismo, incluso especulando con un reconocimiento de la presidenta hacia ellos por no haber sido parte del acto de rebeldía de un peronismo mendocino que se jugó, decididamente, por Scioli y sus chances.