13 de abril de 2026
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¿Esa marcha sirve para avanzar?

La marcha del silencio que se realizó en numerosas ciudades este miércoles traía algunas incógnitas que concitaban la atención de buena parte de la opinión pública que de alguna manera han empezado a develarse, aunque es cierto que todavía admite numerosas lecturas.

La primera de ellas tenía que ver con saber cuál sería la envergadura de la convocatoria que nació de un grupo de fiscales que por sus propios medios decidió rendirle homenaje a la memoria y al trabajo desarrollado por Alberto Nisman, frente a cuya muerte el gobierno mostró una intencionada y significativa omisión protocolar. A este llamamiento se unieron diversos sectores sociales y políticos que fueron engrosando la columna de adhesiones en los días previos, pero lo más llamativo del caso es que nadie hizo tanto como el propio gobierno para consolidar el volumen de la manifestación.

Frente a los evidentes, desordenados y estrafalarios intentos de desacreditar tanto a los convocantes como a quienes mostraran su disposición a asistir, la sociedad ya sensibilizada por la muerte del fiscal, no hizo más que responder con un primer mensaje contundente: no es esa la respuesta que la sociedad quiere de su gobierno frente a la muerte de un fiscal. Como una nota de color, la torrencial lluvia que cayó sobre Buenos Aires, donde se produjo la mayor concurrencia, le dio un tono épico a la manifestación.

La primera incógnita quedó develada. La segunda lectura es que la sociedad sigue reaccionando cuando se siente destratada y frente a situaciones límite, como supone lo acaecido en el edificio Le Parc, está dispuesta justamente a “marcar la cancha”, mal que le pese a la presidente.

Ahora bien, la pregunta que inquiere hoy al hombre común es, ¿cómo sigue la historia?

Frente a esta cuestión, la respuesta no surge tan espontáneamente y tampoco parece que una sola sentencia vaya a dirimir la inquietud.

Como hemos dicho, las lecturas políticas son numerosas y el proceso todavía se está elaborando. Tanto desde el oficialismo como desde la oposición se advierten movimientos que irán mostrando posicionamientos relativos que habrán de ser interpretados desde otras perspectivas más iluminadas que esta.

Sin embargo, es necesario advertir que un tercer factor se manifiesta y también condiciona el escenario político y tiene que ver con las decisiones que van tomando algunos jueces en causas vinculadas a hechos de corrupción que se investigan contra relevantes figuras del gobierno o vinculadas con ellos. Los nombres de Máximo, Boudou, Lázaro Báez y la propia Cristina Fernández están estampados en las tapas de varios expedientes que toman cada vez más temperatura y que avanzan a una velocidad cada vez mayor. La detención de Vandenbroele en Mendoza confirma esta tendencia y la hace crítica. Apellidos como Lijo, Bonadío y Pollicita ganarán espacio entre las noticias de las próximas semanas.

La incertidumbre es la condición que impera en la coyuntura y como consecuencia inevitable, la falta de certezas complica la toma de decisiones.

En medio de todo este “espectáculo” está el hombre común. El que paga impuestos, el que “Yuga” la calle y raja el tamango buscando ese mango que lo haga comer.

Esa franja de la comunidad parece estar dividida en dos amplios sectores. Los que son totalmente escépticos y se desinteresan de estas cosas y los que intentan entender cómo se resuelve el proceso.

Para los primeros no hay respuestas útiles. Para los segundos, la contestación es tan compleja que alumbrarla, cuesta tanto como a las mujeres les cuesta parir un hijo.

La metáfora del alumbramiento es una forma de mantener la esperanza y el optimismo que nos lleve a capitalizar la experiencia, realizar el aprendizaje necesario y superar el trance, emergiendo por encima del problema, con una solución que lo selle para siempre y permita avanzar, con una vida nueva.

En el devenir de la democracia, la voz del pueblo se escucha en muy pocas oportunidades, más allá de la convocatoria que nos hacen las urnas cada dos años.

Este miércoles fue una de esas oportunidades y el mensaje fue suficientemente claro y contundente. Hay mucha gente que cree que no vamos por buen camino y se necesitan correcciones, aunque no es menos cierto que sigue siendo inmensamente mayor la cantidad de gente que no se manifestó y eso mantiene abiertas todas las incógnitas.

Una interpretación básica y elemental deja ver en primera instancia que no hay ganadores en la coyuntura. El mensaje es ancho y horizontal. No es solo para el oficialismo, sino también para la oposición.

Podría decirse seguidamente, que lo que ha creado la manifestación es una acreencia a favor del pueblo que convierte en deudora a la clase política.

Institucionalidad, seriedad, idoneidad, transparencia y seguridad son distintos débitos que suman en el monto de esa deuda que la dirigencia debe pagar y que la sociedad quiere cobrar.

El diálogo y la construcción de consensos con respeto por la diversidad es el método que también se reclama para obtener los recursos con los que se pagará ese compromiso. La nobleza, la rectitud y el respeto son valores que cotizarán en este “negocio”.

El margen de tolerancia para la chapucería y la corrupción en la cosa pública se ha estrechado sensiblemente, aunque es cierto que no ha desaparecido del todo, y allí hay una tarea para la civilidad.

El pueblo hizo oír su voz y los políticos la escucharon, claramente.

Al igual que en la sociedad, también entre ellos se esgrimirán dos actitudes.

Algunos interpretarán el mensaje y trabajarán para elaborar una respuesta satisfactoria. Otros seguirán en su faena como si nada hubiera pasado. Y estas actitudes se darán tanto en las filas del oficialismo como en la oposición.

Pero el caso es que algo pasó. La sociedad mostró su actitud de reclamo y si ese reclamo no recibe respuesta adecuada, volverá a expresarse y así repetirá el proceso hasta que alguien muestre eficacia en la respuesta.

Lo que queda por delante, es trabajo. Trabajo serio, dedicado, persistente y responsable. Y mucho.

Tanto para los políticos y su prole, como para los ciudadanos y la suya.

Si es verdad que los argentinos queremos un país mejor que este, deberemos trabajar para transformarlo. Si es que estamos conformes con él, habremos de esforzarnos en resguardo de lo conseguido.

En cualquier caso, lo que pide la coyuntura es que cumplamos con la tarea y de la mejor forma.

La oportunidad viene hacia nosotros y como siempre, trae su nuca calva, de modo que una vez que se nos presente, si no logramos aprovecharla, cuando haya pasado y nos dé su espalda, será imposible asirla.

Sólo cuando hayamos hecho algo al respecto sabremos si la marcha sirvió para avanzar o si sólo nos mantuvo ocupados una tarde de miércoles, mientras seguimos esperando que alguien venga a hacer algo.

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