La crisis del vino, lo urgente y lo importante
La crisis del vino, lo urgente y lo importante
El año termina de la peor manera para la vitivinicultura mendocina. Grandes, pequeños y medianos, todos, han coincidido unánimemente pese a las profundas diferencias que tienen entre sí, en que las salidas a la crisis del precio que afecta a la moneda fuerte de Mendoza no son las que esperaban y que estas no darán una favorable respuesta para salir de los serios problemas que se tienen.
Mientras el gobierno y el resto de la dirigencia política se ha enfrascado en una afiebrada discusión por las consecuencias de los desdoblamientos electorales que pretende la mayoría de los intendentes justicialistas, sumado el debate si tendremos en Mendoza unas Primarias (PASO) con campañas electorales financiadas o no con plata del propio Estado, la vitivinicultura se desploma y culmina el 2014 como uno de los peores en los últimos 20 años, a la luz de los análisis que realizan los representantes del sector.
Toda una ironía para un gobierno que se ocupó en buena parte de su gestión de bloquear, con muchas contradicciones es verdad, el avance de otros perfiles productivos y de desarrollo económico para la provincia, bajo el objetivo supuesto de defender la industria tradicional de Mendoza y de potenciarla y de evitar entrar en contradicción con los pueblos de los oasis productivos y organizaciones de defensa del medio ambiente.
Pero por el contrario, no ha ocurrido ni lo uno, ni lo otro y la administración ha logrado lo que muchos no pudieron: unir a los grandes con los medianos y pequeños de la vitivinicultura en su contra por las malas políticas diseñadas y las insuficientes, polémicas y erróneas decisiones que se tomaron desde el área económica. Una constante no sólo para Mendoza, desde ya, sino también para San Juan, la otra gran provincia productora de vinos en la Argentina y donde juntas representan a casi el 90 por ciento de toda la producción nacional.
Ayer, Sitio Andino reflejó una serie de declaraciones muy duras de parte de uno de los referentes del mundo vitivinícola nacional que no debiesen caer en saco roto. José Zuccardi, al cuestionar la decisión del gobierno de establecer un bloqueo del 30 por ciento del vino de este año más otro del 40 por ciento para la próxima cosecha para tonificar el depreciado precio del vino, no dudó en sostener que estamos renegando de las cosas que nos han permitido llevar a la vitivinicultura argentina al lugar en el que hoy está.
Sus palabras se suman a la del resto del sector entre los que hay representantes bodegueros y viticultores, productores grandes, medianos y pequeños que pidieron un acuerdo entre ambas provincias para destinar un 35 por ciento de la uva al mosto y la inyección de unos 500 millones de pesos para retirar del mercado unos 200 millones de litros como parte del excedente vínico que hizo desmoronar el precio.
Puede que el gobierno no haya acertado con las políticas que diseñó, pero también es cierto que no se le prestó a la crisis que hoy se evidencia la atención que necesitaba para evitar los males del momento o hacer que los mismos fueran menos severos.
La última vendimia del actual gobierno puede que sea desde el espectáculo la mejor que se haya podido realizar en años, pero correrá con la marca a fuego de que se festeja, si todo sigue como está, por nada o que se esconde bajo una lluvia fascinante de fuegos artificiales los resultados de la ineficiencia para resolver los verdaderos problemas.
De nada sirve, tampoco, que hoy los funcionarios más importantes de la provincia se rasguen las vestiduras y en la lucha política que se tiene con la oposición por el financiamiento de las campañas electorales del 2015, se argumente que ese dinero tiene que ir a los productores vitivinícolas en crisis porque ni así se podría dar respuestas a las dificultades. Porque además, esas posturas les hacen correr el riesgo de que se tomen sólo como declaraciones para la tribuna con lo que el resultado de los dichos pueden ser mucho más nocivos.
La próxima vendimia desafía al gobierno a aprovechar la época para avanzar en temas de fondo y en soluciones estructurales, porque de lo contrario acumulará un argumento más a los sinsabores que se tienen sobre la gestión, justo en un año en donde los sentidos estarán más atentos y los exámenes pueden ser mucho más exigentes para un oficialismo que sólo parece especular con las fechas y los momentos en que se deben realizar las elecciones para escaparle al bochazo.

video