Pérez apuesta a destrabar Los Blancos, su carta brava del 2015
Al clausurar el debate por la minería y enterrada la posibilidad de avanzar en una reforma constitucional, Pérez se aferra a poder empezar la mega obra sobre el río Tunuyán como legado de su paso por la gobernación. Pero debe esperar que la Nación aporte la mitad de la inversión.
Foto:Yemel Fil
A quince días de cerrar su tercer año de gestión al frente de la provincia, Francisco Pérez tomó la decisión de clausurar definitivamente la discusión sobre temas centrales y clave que se había marcado como estratégicos al comienzo de la administración allá por diciembre del 2011. Archivó el debate minero por un lado, acuciado por las críticas y los levantamientos populares que llegaron desde el sur provincial y una pésima conducción política del conflicto de parte del propio oficialismo y se convenció que no alcanzará, ni de cerca, instalar el debate sobre la necesidad de reformar la Constitución sumándose a la cada vez más larga lista de gobernadores que fracasaron en el intento.
Con siete de cada diez mendocinos que desaprueban lo hecho al frente del Ejecutivo, según una de las varias encuestas de opinión que se han hecho en el territorio midiendo el humor ciudadano de cara a las elecciones del año próximo, Pérez ha zarandeado el menú de pocas opciones que tiene al alcance de la mano para afrontar un 2015 que no dejará ningún margen para aventuras.
Junto con la obligatoria necesidad de hacer foco en la gestión, como viene afirmando, apostará una buena dosis de energía y de voluntad para lograr dejar encaminada, al menos, la construcción del dique Los Blancos, sobre el río Tunuyán, como la acción de oro que le salve parte de la ropa cuando llegue el momento de poner en relieve lo que dejó su paso al frente de la provincia.
La presa Los Blancos y su sistema de generación de energía, no sólo sería la segunda gran obra realizada en Mendoza en casi medio siglo junto a Potrerillos, sino que una vez concretada y en funcionamiento, podría encaminar a Mendoza a su autoabastecimiento energético. Por eso Pérez se planteará como prioridad política, para el primer trimestre del 2015, encaminar y facilitar todo tipo de negociaciones al más alto nivel presidencial para arrancarle a la nación, en el año electoral, el compromiso de aporte de al menos la mitad del costo de una obra que demandaría una inversión de casi 10 mil millones de pesos.
El plan del gobierno para tener fortuna con semejante objetivo es aguardar un acuerdo definitivo entre los fondos buitre y la administración de Cristina, asunto que podría resolverse, con viento a favor, a fines de marzo según especula Pérez, tema que de terminar favorablemente abriría las puertas al financiamiento internacional para esta obra y, en especial para la contraparte (la mitad del costo) que debe garantizar la nación de acuerdo con el compromiso asumido en su momento.
Está claro que la gestión de Pérez no ha tenido como particularidad el éxito. Ha estado surcada por la peor parte de lo que el oficialismo en su conjunto consideró como la década ganada, tras aquellos años de bonanza que le permitieron al peronismo en Mendoza recuperar la provincia en el 2007 luego de dos administraciones radicales con Roberto Iglesias y Julio Cobos. El viento de cola, para lo que le tocó a Pérez, dejó de soplar y todo quedó en manos de lo que la política podía depararle.
Pero el actual gobierno adoleció de buenos embajadores en la Rosada y en el Parlamento, le faltó creatividad y audacia para impulsar proyectos innovadores y sólo el azar y todo lo que Mendoza logró construir como provincia a lo largo de toda su historia frenaron las consecuencias de una crisis que pudo haber sido peor.
Pocas horas atrás, el martes pasado, al momento de realizar una suerte de balance luego de tres años de gestión, Pérez ponderó la fuerte intervención del Estado bajo su comando para mejorar las condiciones por las que se ha desenvuelto la economía provincial. Entre ellas enumeró el sostenimiento de unos 9 mil puestos de trabajo gracias a un plan financiado por la nación.
Lo que demuestra, a las claras, la magnitud de la crisis que se apoderó en un año bravo del agro y la vitivinicultura provincial, la que debió penar por situaciones macro absolutamente negativas, como el cierre de algunos mercados para la moneda fuerte, el vino, sumada a malas decisiones políticas que se tomaron en su momento y que provocaron una sobreoferta de vino en stock que demolieron el precio y sumieron en la incertidumbre a los pequeños y medianos productores.
El gobierno, en términos políticos, ha optado por culpar a la oposición por la falta de despegue y de realizaciones que en general han brillado notablemente. La realidad se ha visto reflejada en el humor general de un mendocino que no tiene demasiadas esperanzas en que la situación mejore a futuro y sólo se ve conmovido por la cercanía de las elecciones.
Así como siete de diez descalifican la gestión provincial, de acuerdo con una de las primeras encuestas de opinión realizadas sobre el fin de año y que elaboró la consultora Diagnóstico y Análisis, a la gestión nacional tampoco le va muy bien en Mendoza, aunque la visión general es un poco más benévola con Cristina que con Pérez: en el Gran Mendoza, seis de cada diez descalifican lo hecho por el kirchnerismo.
Con lo que, para el oficialismo, ya se sabe, el 2015 será un año en el que deberá remar contra la corriente y aguardar que la oposición sea engullida por sus propios fantasmas si pretende conservar lo que tiene, o al menos, hacerse competitivo frente al persistente deseo de cambios que aflora por todos lados.