Hernán Piquín hace tiempo que optó por un camino: el de ser popular. Y en esta cruzada arriesgada para alguien que viene de una formación clásica de la danza, transita un presente exitoso. La masividad de su participación en la tele encontró la forma de convivir con sus espectáculos propios sin resignar talento. Y esto, por donde se lo mire, es un logro que hay que atribuirle.
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Hernán Piquín y su tributo al 2x4
Este sábado, el hombre que está a punto de alzarse con el tricampeonato del Bailando por un sueño, regresó a la provincia que ya lo adoptó como suyo después de su paso por la Vendimia. La oportunidad fue Balada para mi muerte, el nuevo show que lo tiene girando por todo el país y en el que inspirado en el gran Astor Piazzolla, le rinde tributo a la música ciudadana.
La propuesta artística se llevó a cabo en el Stadium Arena Maipú y disfrutaron de ella unas 1500 personas. No faltaron las ovaciones como respuesta a algunos cuadros, los aplausos de pie al final, la foto por parte de la producción para inmortalizar en Facebook la función, ni las recomendaciones del mismo Piquín para evitar que el público perjudique con el flash de sus cámaras a los artistas.
En este combo de impresiones que dejó la noche, también hubo un momento para pedirle a los fanáticos presentes que lo sigan acompañando en el programa de Tinelli. Un ejemplo claro, de que el bailarín sabe manejar los códigos de una fama que hay que retroalimentar tanto adelante de una cámara como arriba de los escenarios.
En lo que respecta a Balada para mi muerte, hay que decir que es un buen espectáculo. El tango y la danza son los protagonistas absolutos de una puesta artísticamente correcta.
Junto a tres parejas y la bailarina del Teatro Colón Daiana Chorni, en lugar de Cecilia Figaredo que no pudo acompañarlo, Piquín construye un show con segmentos coreográficos de una gran belleza. Cada uno de ellos marcados por distintos estilos del 2x4 y referentes del género como Mariano Mores, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Discépolo, Juan de Dios Filiberto y Enrique Cadícamo, entre los autores elegidos para la ocasión.
Sin lugar a dudas, un espectáculo totalmente diferente al anterior, en el que de manera emocionante Piquín encarnó al mítico líder de Queen. Aquí la intensión es otra y tiene que ver con la exaltación de los cuerpos en movimiento, despojados de cualquier historia para contar. En este sentido, el show no defrauda con su postal arrabalera y despierta los aplausos porque en definitiva, siempre es un placer verlo bailar.