6 de mayo de 2026
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Una increíble historia detrás de un aviso clasificado

El Hotel Termas El Sosneado se encuentra en venta, según anuncia un aviso en un sitio de comercio en internet. Descubrimos un tesoro en la historia que languidece en los despojos de aquel lujoso establecimiento.

La noticia que trascendió esta semana acerca de que se encuentra en venta el predio de 450 Hs. en el que están las ruinas de lo que fue el célebre Hotel Termas El Sosneado nos permitió conocer la rica historia de un lugar que en su época fue emblema del esplendor sanrafaelino.

Edgardo Romero Díaz, quien hoy es accionista de Complejo Turístico El Sosneado, una sociedad anónima que es propietaria del predio en el que están ubicados el Hotel y la laguna El Sosneado, nos contó una rica historia que se remonta al esplendor que se vivía en el Sur mendocino, transitando el tramo medio del Siglo XX.

Romero Díaz informó que el Hotel fue construido bajo los planos del Arquitecto Lyman O. Dubley y que fue edificado por la empresa constructora Christian-Nielsen, una empresa que trabajó para el Ferrocarril BAP y el Ferrocarril Oeste.

En sus épocas, el Hotel atrajo la atención de miles de argentinos, como así también de viajeros de las más diversas latitudes mundiales.

Los orígenes

Las bondades de estas aguas termales eran conocidas desde antiguas épocas, y seguramente fueron utilizadas por los nativos hombres americanos en tiempos prehistóricos. Incluso los Incas llegaban hasta la zona, a buscar el azufre, de las hoy minas de Volcán Overo, según cuentan algunas referencias publicadas en internet en diversos sitios.

Esos datos informan que el afloramiento de aguas termales se ubica junto al río Atuel, sobre la Ruta Provincial Nº 220, a una altitud de 2.180 metros sobre el nivel del mar, a unos 60 kilómetros, hacia el noroeste de la localidad del Sosneado. El manantial, enclavado prácticamente al pie del volcán Sosneado, es seguramente reliquia de las grandes manifestaciones ígneas producidas en la región y se suma al importante inventario termal de la zona de influencia del Atuel.

Fue Don Alfonso Capdeville, fundador de la estancia El Sosneado, quien instaló en el lugar algún tipo de infraestructura para utilizar ese recurso. De acuerdo con los antecedentes existentes la realización de estas construcciones y la utilización de las aguas termales respondían al espíritu filantrópico de don Alfonso, pues permitía el acceso libremente a todo aquel que necesitara beneficiarse con aquellas aguas curativas.

Esplendor y ocaso

“Las mejores aguas radioactivas y sulfurosas, paisaje y clima ideales. Hotel moderno con confortable calefacción”, rezaba el slogan que utilizaban para promocionar el Hotel cuando se inauguró en 1938. El Hotel Termas el Sosneado, era una maravilla de la arquitectura, lujo y confort para la cordillera del Sur de Mendoza y pudieran haberlo encontrado a poco de andar Fernando Parrado y Roberto Canessa, los sobrevivientes del avión de los uruguayos si hubieran caminado hacia el este.

En diciembre de 1938, la Compañía de Hoteles Sud Sudamericanos Ltda., subsidiaria la empresa ferroviaria de B.A.P. inauguraba con un gran despliegue publicitario y con la presencia de personalidades de distintas partes del mundo, aquellas lujosas instalaciones, dotadas para esa época de un confort inusitado en aquellas latitudes.

Este quijotesco emprendimiento, enclavado en una zona de una belleza incomparable, pero también con un clima riguroso y con rutas de acceso sumamente dificultosas, brindaba servicios acordes con las exigencias de los clientes que pertenecían a la alta sociedad mundial.

A comienzos de la década del 40, mientras Frank Romero Day era Director de Turismo de la provincia y atraído por la celebridad que ganaba el lugar, conoció las Termas y quedó prendado de la belleza del sitio y la majestuosidad de la obra. Prendado por ese tesoro, convenció a Faustino Picallo y a Pródromos Embirides, un griego amigo personal de Aristóteles Onassis, que se había radicado en San Rafael, para formar una sociedad de hecho con la que compraron las instalaciones a la empresa que lo había fundado.

Este griego Embirides, había conocido a Onassis en el barco que trajo a ambos a la Argentina con la crisis del 30 y desarrolló una próspera carrera comercial en San Rafael, que lo llevó a ser el concesionario Ford, asociado justamente con Romero Day y dejó como testimonio de aquellos años, la emblemática galería Embi, que debe su nombre a las primeras letras de su apellido, en la primera cuadra de la calle Hipólito Yrigoyen.

El Hotel mantuvo su actividad hasta mediados de la década del 50, en momentos en que se realizaron en la zona importantes adelantos como la instalación de moderna tecnología en la mina de azufre Volcán Overo, mejoramiento y construcción de puentes en la Ruta Provincial Nº 220, la construcción del ferrocarril entre San Rafael y Malargüe, el mejoramiento y construcción de puentes de la Ruta Nacional Nº 40, nuevas instalaciones en la estancia y la villa de El Sosneado, incrementando las explotaciones mineras.

Todavía pueden admirarse los detalles constructivos de la piscina, de la que continúa surgiendo las cálidas aguas color turquesa

“Cuentan algunas versiones que a raíz de la reconocida pertenencia al Partido Demócrata de Romero Day, durante el primer gobierno de Perón, con el cambio de las leyes sociales y de trabajo, los empleados del Hotel se sindicalizaron y pidieron, entre otras cosas, cobrar todo el año, cuando en realidad, estaba operativo sólo durante los 4 meses de verano. Se inició un juicio que duró varios años y cuando se estaba llegando a la expropiación, Romero Day, viendo perdida su propiedad, decidió desmantelarlo. El resto del despojo que luce hoy, lo hicieron visitantes anónimos, que han llegado a tomarse el trabajo de derribar paredes de hormigón armado sin ninguna otra intención aparente que destruir” relató nuestro entrevistado.

“La construcción es colosal, hecha totalmente en hormigón, material que para entonces era toda una novedad, utilizando también en la construcción piedra del lugar, que fue cuidadosamente labrada a mano. No se usó un solo ladrillo. Este establecimiento generaba su propia energía eléctrica por medio de una usina cuyo emplazamiento estaba intacto hasta no hace mucho tiempo y distaba alrededor de 1km. del hotel”, cuenta el actual propietario.

El hotel funcionó a pleno en los ’30 y ’40, recibiendo clientes europeos que desembarcaban en Bahía Blanca y se dirigían en tren, algunos incluso trasladando sus autos en el tren, para seguir en ellos el viaje desde San Rafael hasta el Hotel.

El caso es que así poco a poco se fue disolviendo todo el esplendor que irradiaba para convertirse en el Hotel Abandonado, al cual aún hoy concurre gran cantidad de turistas a beneficiarse con las cálidas aguas que continúan aflorando junto a las ruinas de estilo nórdico, cargadas de misterios.

Una romántica anécdota

“Frank Romero Day, en cuyo homenaje se le impuso su nombre al teatro donde se realiza la Fiesta Nacional de la Vendimia, le regaló a su esposa la Laguna El Sosneado para uno de sus cumpleaños. En un momento lleno de amor y frente a la laguna le hizo entrega de la escritura de la laguna que había adquirido para entregarla como regalo. Llevó a su esposa hasta el lugar y fingió una falla en el vehículo que los trasladaba. La hizo descender, y entonces, admirando la laguna desde el camino, le hizo entrega de la escritura del lugar que tanto añoraba su esposa”, relata Romero Díaz.

Historia de los campos aledaños que tienen un dueño sorprendente

“Esos terrenos donde está el Hotel, constituyen un lunar de unas 350 Has. que la empresa fundadora le compró a la minera Sominar de una enorme extensión de 400.000 Hs. de terrenos fiscales que fueron adquiridos entre 1850 y 1880 por un norteamericano de apellido Lewis, quien las adquirió, porque de allí surgía el petróleo casi naturalmente a la superficie, ya que cuentan que dentro de la propiedad había pozos petroleros que encontraban el fluido a 12 metros de profundidad”.

“Este hombre, instaló allí lo que fue la primera refinería de hidrocarburos que hubo en el país, que él montó para obtener el querosén que se utilizaba para el alumbrado público. Con el devenir de los años, se sancionó la Ley de Hidrocarburos y perdió sentido la explotación, lo que llevó a que la célebre compañía química Williams, comprara alguno de esos terrenos. Esta compañía que tiene sede en Londres es actualmente la propietaria de esas tierras y como más del 80% de sus acciones pertenecen a la Corona Británica, tenemos que hoy, esas propiedades están prácticamente en manos del gobierno inglés”, expresó Romero Díaz.

Un porteño petulante que tuvo que seguir buscando

Otra anécdota, da cuenta de que Ernesto Lowenstein, el creador del complejo de deportes invernales Valle de Las Leñas estuvo interesado en adquirir la propiedad cuando estaba en posesión de la familia Romero Day, “pero debido a la altanería con que Lowenstein trató a una criada de Emita, la viuda de Romero Day, esta mujer, que había escuchado el destrato del empresario hacia quien ella consideraba su hija, ni siquiera se dignó a atenderlo, obligando al emprendedor a seguir buscando terrenos donde construir su emprendimiento, siendo que la propiedad de Emita era mucho más asequible para construir la obra que de cualquier manera terminó haciendo en donde hoy está emplazada, varios kilómetros más arriba del Hotel”.

Conclusión

Romero Díaz concluye su relato diciendo que, “nosotros estamos en posesión del lugar desde hace bastante tiempo. Queríamos rehabilitarlo, y hacer nuevamente un lugar de excelencia, tramitamos créditos, salimos adjudicados en primer lugar en el ex Banco de Previsión Social, pero por esas cosas que tiene la política pasamos al noveno lugar. A pesar de ello continuamos buscando inversiones para hacer realidad el sueño de recuperarlo. En alguna oportunidad nos reunimos con los dirigentes de la Cámara de Comercio de San Rafael, en un encuentro al que asistieron unas 80 personas que nos hicieron pensar que el proyecto renacería como el Ave Fénix, pero nada de eso ocurrió. Sólo fue compartir una comida de campo, y conocer gente que no se interesó en encarar un emprendimiento turístico para preservarlo para generaciones venideras, aprovechando la energía y el poder curativo de las aguas”.

En la zona hay importantes atractivos, más allá de lo que significan la laguna, su fauna y el Hotel en sí. En un radio aproximado de unos 50 Kms, lo que equivale a un par de días de caminata o cabalgata, se encuentran el avión de los dólares, el avión de los uruguayos,
la ciudadela indígena, el Volcán Overo, la mina de azufre que lleva su nombre, y algunas rutas vírgenes de ascenso al cerro El Sosneado que permiten avistar sitios en los que cayeron otros aviones menos famosos que los citados.

El aviso del que hablábamos al principio ofrece la propiedad con títulos perfectos y una serie de alternativas que aparentemente favorecerían su desarrollo. Habrá que ver si aparecer algún interesado en comprarla y en recuperar este Hotel, para revivir esa historia que hoy languidece en los rincones de sus ruinas.

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