16 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

La estrategia electoral del PJ y una desesperada misión de Pérez

El desdoblamiento electoral de Capital apura los tiempos de las decisiones políticas. Los intendentes, todos, analizan si les conviene jugar solos por su propia salvación sin la influencia provincial y nacional. Pérez podría separar las PASO provinciales de la nacional, pero quiere a todos los caciques detrás de la misma estrategia para demostrar que juntos pueden conseguir más votos que el radical Cornejo.

La inesperada decisión del intendente de Capital, Rodolfo Suárez, al convocar a elecciones anticipadas en su territorio para febrero del 2015 con las primarias y para mayo del mismo año para la intendencia, encierra en si misma varios objetivos estratégicos, vinculados directamente con su propia supervivencia política, y otros estrechamente entrelazados con los intereses del radicalismo provincial que hoy domina a gusto su colega de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, quien es a su vez el máximo exponente opositor que pone en riesgo la supremacía peronista en la provincia tras dos períodos consecutivos de gobierno.

Suárez y Cornejo parecieron dar el primer y gran golpe a la discusión sobre el cronograma electoral en la provincia que se juega casi en modo ajedrecístico, en casi todas las intendencias mendocinas y, por supuesto, en el seno del Poder Ejecutivo en manos de Francisco Pérez.

El concejal, a cargo de la intendencia de Capital tras la muerte de Víctor Fayad, necesita imperiosamente anular las pretensiones de sus adversarios internos y legitimarse detrás de una contienda que no deje resquicios por donde se puedan filtrar amenazas que hoy no podría controlar.

Esos adversarios, todos radicales y no más de tres o cuatro donde sobresale Gabriel Fidel, lo creen débil y Suárez advirtió que se preparaban para darle batalla en el territorio, a sabiendas que si bien heredó el deseo de Fayad para conducir la comandancia capitalina, no por ello se hizo propietario del capital político que ostentaba el histórico dirigente de un bastión en manos de un radicalismo hegemónico desde 1983 a esta parte. Golpeó primero y dejó al resto aturdido, con lo que se garantiza parte de lo que busca con tanta fruición y tenacidad.

Junto con sus puras y exclusivas urgencias, Suárez ha sido funcional al plan de Cornejo, quien avanza en todas las direcciones que lo puedan conducir a generar nervios en el Ejecutivo provincial exigiéndole precisiones sobre el cronograma electoral. Pérez no ha definido cuándo se votará en Mendoza, tanto para las primarias (PASO) que por primera vez se aplicarán en la provincia, como para la elección a gobernador.

Cornejo sabe que Pérez es quien tiene la atribución, la facultad y la sartén por el mango para convocar a elecciones. Sin embargo a la falta de decisión del gobierno la ha calificado de una medida “tramposa”. Pero a su nuevo socio en la estructura radical, Suárez, lo ha persuadido para hacer uso de esa potestad, la de fijar la fecha de las elecciones con la intención de acorralar a Pérez y desatar así, como de hecho está ocurriendo, un debate generalizado en todas las comunas por la fecha de las elecciones en medio de urgencias propias de los caciques por asegurarse la permanencia en sus territorios. Sin embargo el propio Cornejo, paradójicamente, tampoco ha llamado a elecciones, quizás a la espera de lo que haga la provincia.

Las circunstancias de la próxima elección son bien distintas de las últimas generales, las del 2011. Lo del desdoblamiento electoral es un viejo asunto que Mendoza debate entre sus límites, como quien analiza la redondez de la tierra. Todos saben que lo mejor para la provincia sería desengancharla del esquema electoral nacional y someter a todas las fuerzas políticas a discutir, obligadamente, sobre estrictos temas mendocinos. Pero la fuerza que gobierna especula, siempre, con el ánimo nacional. Como ocurrió en el 2011. El huracán cristinista le garantizaba al oficialismo en aquella oportunidad un triunfo contundente con lo que el candidato a gobernador no significaba un problema a resolver.

Hoy, Pérez necesita contar con un peronismo unido para fortalecer las chances de victoria y evitar que sea la Casa Rosada la que le arme las listas de legisladores nacionales, con lo que una de las primeras especulaciones que dan vueltas apunta a que pretende evitar una diáspora de elecciones territoriales como muchos de los intendentes peronistas insinúan llevar adelante.

El adelantamiento del cronograma electoral de Capital puede alentar a varios caciques peronistas a hacer lo propio para garantizarse, a su vez, triunfos que no estarían influidos por el clima nacional para cuando se vote a presidente. Todos tienen intereses, legítimos desde ya, y harán valer sus potestades. El costo de los procesos electorales, el que debería asumir la provincia para el caso de las primarias es otro de los problemas, pero no más importante que el político. Para todos sin excepción.

Ante el panorama que se está presentando, el gobernador, en principio, no estaría de acuerdo con que los intendentes hagan la suya. Pero sí analiza, quizás, llamar a primarias provinciales (PASO) en una fecha distinta a la nacional que se realizará el 9 de agosto. Ese podría ser el límite a un gesto de independencia de la estrategia nacional. De ninguna manera desdoblaría la elección general y jugaría junto al plan que se está dando el peronismo nacional.

Pero una primaria adelantada en Mendoza dejaría fuera de juego a Julio Cobos, el político que mejor mide de todos en Mendoza para las dos categorías más importantes, la de gobernador y presidente. Cobos, por ahora, sigue su plan nacional como candidato a presidente por el descascarado Frente UNEN, con lo que en una eventual primaria provincial los candidatos del radicalismo no podrían contar con su influencia a favor.

Pérez, y su vice Carlos Ciurca, han hecho esfuerzos en las últimas semanas para unificar a todo el peronismo detrás de una sola estrategia. El lunes, cuando el gobernador asuma como presidente del peronismo, intentará darle cuerpo a esa imagen: todo el PJ unificado construyendo un triunfo para el 2015, un objetivo difícil frente al ánimo general de cambios que parece estar aflorando en la sociedad.

El gobernador se imagina unas PASO provinciales fuera del cronograma de las PASO nacionales para golpear con la fortaleza de los intendentes empujando todos detrás de un solo objetivo: demostrar que pueden derrotar al radicalismo de Cornejo. Para eso necesita que los intendentes sigan su juego y no se desenganchen como ya lo anunció el opositor Suárez. El gobernador cree que le jugará a su favor las pretensiones de los candidatos a gobernador que quieren probarse, como Omar Félix y Adolfo Bermejo. Ambos son hermanos de los intendentes de San Rafael (Emir Félix) y de Maipú (Alejandro Bermejo). “¿Si desdoblan, cómo garantizarán que la estructura partidaria en esos departamentos juegue a favor de ambos candidatos, sus propios hermanos?”, se ha preguntado el gobernador, tratando de incidir en las decisiones que hoy están en manos de estos dos intendentes fuertes que tiene el oficialismo.

El sueño de Pérez es que el día después de las primarias, el periodismo presente como noticia que todos los candidatos peronistas juntos superaron los votos que seguramente obtendrá Cornejo, el exponente radical, muy probablemente el más votado de entre todos, pero por debajo de los votos de todos los candidatos del peronismo. Un golpe de efecto nada más, pero que en la interpretación del oficialismo puede valer como argumento para evitar la sensación de derrota.

En el Ejecutivo creen que Cornejo será, indefectiblemente, el candidato más votado en las primarias. Ninguno de los candidatos que hoy tiene el peronismo, jugando en la primaria, superaría a Cornejo. Allí jugarían eventualmente Félix, Bermejo, Jorge Tanús, Matías Roby, Marcelo Costa, posiblemente Diego Martínez Palau y Rubén Miranda. Pero la suma de todos los votos que conseguirían los aspirantes del oficialismo podría superar a la que coseche Cornejo (el más votado), incluso sumándole los votos de los eventuales candidatos radicales que enfrentarían al intendente de Godoy Cruz como Laura Montero y Enrique Vaquié.

Pero Pérez deberá convencer a los intendentes de que lo que les ofrece es el único camino para salvarse, es decir todos juntos o ninguno. Difícil tarea la del gobernador, porque sus caciques ven una realidad un tanto distinta en el territorio: pueden defender sus gestiones, pero separados de toda influencia que los pueda afectar; es decir la provincial con la gestión de Pérez y la nacional con la gestión de Cristina y los vientos de cambio que siguen soplando.











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