17 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

Mendoza y su extraña promoción industrial a la inversa

Durante más de treinta años, se dijo que el Talón de Aquiles del desarrollo económico de Mendoza resultaba ser el régimen de promoción industrial que beneficiaba a las provincias vecinas en detrimento de la nuestra.

Cada año, cuando llegaba la discusión presupuestaria a nivel nacional, los legisladores mendocinos se ponían en guardia porque cuando se abrían los expedientes del presupuesto nacional, una espada de Damocles saltaba de allí para penderles sobre sus cabezas; porque la ley más importante de la república en materia de distribución de prebendas, de beneficios fiscales varios para territorios que supuestamente vivieron eternas situaciones de emergencia como San Juan, La Rioja y San Luis, no llegaron nunca a Mendoza. Y aquellas provincias supieron, encima, negociar mucho mejor, recibieron privilegios y siempre fueron más eficientes en términos prácticos.

Durante esos años, desde fines de los 70 hasta mediados del 2012 cuando se extinguió la promoción, luego de que un grupo de productores del sur mendocino lograra acorralar al Estado nacional y conseguir una sentencia a favor en la Justicia, Mendoza vivió quejándose del régimen porque perjudicaba su desarrollo y crecimiento, alentaba la competencia desleal y sumía a la provincia a constantes esfuerzos para frenar el éxodo de industrias locales que huían buscando mejores condiciones para sus negocios.

La promoción industrial para los vecinos de Mendoza se terminó y la provincia sigue igual o peor que durante aquellos años. Porque a excepción de algunos sectores económicos que aprovecharon las ventajas naturales que tiene Mendoza por sobre el resto, como el turismo, el de los hidrocarburos y en parte el vitivinícola de alta gama que produce vinos de exportación, el resto de las actividades se arrastra a duras penas, agobiada por la presión fiscal y la permanente falta de competitividad.

Tanto ha sido así, que algunos empresarios, especialistas y hasta políticos críticos llaman al nuevo fenómeno como el de la “promoción industrial a la inversa”, porque cuando el desarrollo provincial pasó a depender exclusivamente de las herramientas locales, como el presupuesto provincial y las leyes de avalúo e impositiva, los incentivos para el desarrollo no aparecieron, pero sí fuertes incrementos en algunas alícuotas, como la de ingresos brutos para todos los sectores, menos para el rubro de los casinos.

En los últimos años, la agroindustria, la industria en general, la minería, el petróleo a excepción de este año, el rubro del comercio y el amplio sector de la construcción sufrieron fuertes incrementos comparados con lo que se tributa en las provincias vecinas, las mismas que antes eran apoyadas por la nación, pero que ahora se ven, paradójicamente, beneficiadas por Mendoza.

Las respuestas oficiales sobre el nuevo fenómeno, desde ya que lo desmienten con fiereza. Pero admiten los desajustes mendocinos respectos de los vecinos. “En esas provincias tienen menos población”, ha sido una de las frases más escuchadas.

Lamentablemente Mendoza sigue perdiendo tiempo, como lo perdió sistemáticamente en los últimos años. Porque por alguna razón extraña el presupuesto provincial, y sus componentes financieros como avalúo e impositiva, no se transformaron en la llave para el desarrollo provincial, auspiciando la inversión genuina, instando a otros sectores ajenos a la economía mendocina a instalarse en su territorio atraídos por algunas ventajas y facilidades que si recibieron en otros estados.

La bonanza que se vivió hasta el 2011, por caso, tampoco se percibió en Mendoza. Mientras que en San Juan y en provincias como Córdoba y otras del noroeste argentino atrajeron la instalación de fábricas de autopartes o de motos, tras el auge que la fabricación y posterior venta de esos vehículos tuvo en la Argentina como nunca antes lo había percibido en toda su historia. Ni siquiera Mendoza hizo valer su gama de servicios y la capacidad instalada de tecnología de punta que incipientemente creció a duras penas en la provincia. De nada sirvió, ni parece servir, la posición geográfica estratégica de Mendoza para unir el Mercosur con Chile y los puertos de Asia, por ejemplo, para que sirviera de imán del desarrollo que sí se hizo presente en los estados vecinos, sin promoción industrial.

Ahora que la provincia debate las tres herramientas clave, otra oportunidad emerge para corregir malas praxis crónicas de los últimos años. Pero el inicio de la discusión recuerda a los hechos y acontecimientos de años anteriores, con lo que los mendocinos y el desarrollo a gran escala y por muchos años, deberá esperar otra vez.

¿Te trae esperanzas de cambio el nuevo presupuesto provincial?

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