El secretario de Seguridad Sergio Berni se despachó ayer, en declaraciones por varias radios, con que la Argentina está infectada de delincuentes que llegan al país amparados en la laxitud judicial, que cometen delitos muchos de ellos excarcelables lo que les permite seguir delinquiendo, además de revelar que las escuchas a las que ha accedido, entre extranjeros que viven en el país y otros que todavía están afuera, en donde los que viven aquí alientan a los que están afuera a que se radiquen en la Argentina porque acá no pasa nada.
Berni hizo tales declaraciones un día después de que la custodia del fiscal federal Carlos Stornelli desbaratara un intento de robo en contra del magistrado, aparentemente, en manos de siete colombianos que actuaban en banda y que fueron detenidos por la policía. También coinciden sus dichos con el debate que arrancó ayer en el Senado por el nuevo Código Procesal Penal y que en su artículo 35 prevé la expulsión de los extranjeros sorprendidos in fraganti al momento de cometer un delito en el país.
Berni es un funcionario que ya ha demostrado no tener pelos en la lengua, ni ningún tipo de cerrojo o cepo a su pensamiento; un pensamiento que expone cada vez que puede y quiere, ligado a la tendencia de la mano dura y sin miramientos contra quienes delinquen producto, que ha extendido en la sociedad un hastío monumental porque ya no resiste discursos, ni análisis que se pierden en el tiempo por parte de un sistema, el judicial y el político, incluyendo las medidas de seguridad, que hace tiempo no dan respuestas al avance del delito organizado en el país con bandas que se mueven libremente y que han tomado al narcotráfico como esencial modo de operar. Bandas que no sólo están compuestas por extranjeros, un punto que merece ser destacado para sacar algunas conclusiones.
Lo que parece estar bien claro en el país, y en esto hay una opinión unánime, es el fracaso de las instituciones para combatir con éxito la delincuencia de todo tipo, con lo que la inseguridad sigue siendo uno de los aspectos que más preocupan a los ciudadanos de bien en la Argentina.
Las bandas de delincuentes extranjeros son tan reales como las bandas de delincuentes argentinos en cualquier conglomerado importante del país. En esos lugares, en los suburbios de las grandes ciudades, las bandas crecieron impunemente esparciendo las drogas y las balas sin solución de continuidad, mucho antes de que el narcotráfico organizado, según parece, en retirada de los países en donde crecieron y se desarrollaron, decidieran radicarse en la Argentina porque aquí encontraron un campo fértil y sin mayores peligros para darle continuidad a sus oscuros negocios.
Con lo que el ensañamiento que parece crecer en la Argentina en contra de los extranjeros, primero es una muestra más de la impotencia de los sistemas de seguridad y de inteligencia para combatirlos; segundo, emerge como un discurso que no es más que una excusa frente a la ineficiencia casi total para controlarlo y tercero, por sobre todas las cosas, es un discurso que prende, absolutamente demagógico, pero peligroso que puede llegar a provocar el crecimiento de una onda xenófoba de características similares a las que todavía existen en países europeos contra los sudacas, mote que ha sido eliminado de la Real Academia Española, pero que de ninguna manera ha dejado de ser utilizado contra argentinos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, chilenos y bolivianos en aquellos países centrales.
El ciudadano común quiere vivir tranquilo y seguro, custodiado por un Estado que le dé garantías de que cumple con su principal deber y obligación. Todo lo demás es hojarasca, discursos para la tribuna propios de un populismo que siempre parece decir lo que una mayoría nunca identificada quiere escuchar: hasta no hace mucho el gobierno hizo campaña y extendió su prédica a favor del garantismo y de la ampliación de derechos y hoy no hay empacho en sacar a relucir otra visión y no sólo proclamarla, sino militarla y llevarla a la práctica porque advierte, hoy, el hastío y la indignación colectiva cercana a un proceso electoral.
Berni seguramente seguirá recibiendo adhesiones y será aplaudido por un coro cada vez más importante de la sociedad que confunde una actitud teatralizada con un combate final contra la delincuencia, cuando en verdad la cosa va por el cumplimiento de leyes que, lisa y llanamente, no se cumplen. Así de simple.