17 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

La falta de agua y el factor “barrios adinerados

El sistema de provisión de agua potable para el Gran Mendoza ingresó ayer en un estado considerado crítico. Las tres principales plantas de provisión de agua, Potrerillos, Benegas y Alto Godoy, las tres, operaban a menos del 50 por ciento de su capacidad: producían 500 litros de agua por segundo cuando están equipadas para 1.100 litros de agua por segundo.

La llegada del calor en el llano, con temperaturas que superan ya los 30 grados de máxima, disparó el consumo a niveles extraordinarios y afectó las reservas en las tres plantas más importantes. A esto se sumó, para tornar más crítica y preocupante la situación, que el deshielo ha sido lento en la alta montaña, con lo que ingresa menos agua cruda a la planta de Potrerillos que es la que provee, a su vez, a las plantas de Benegas y Alto Godoy.

La persistencia de años considerados secos ha hecho el resto, agudizando la crisis del momento y adelantando que se viene un verano más que complicado en cuanto a la provisión de agua potable, especialmente para la parte más poblada de la provincia, la del conglomerado del Gran Mendoza.

Más allá del tiempo, de la meteorología, de la falta de lluvias, del calor y del deshielo escaso, el problema se agrava por la falta de conciencia sobre el uso del agua. Hace ya tiempo, muchos años, que Mendoza viene teniendo consumos de agua per cápita muy por arriba del consumo promedio que ha determinado la Organización Mundial de la Salud. La OMS establece que cada ciudadano del mundo debiese consumir 200 litros de agua potable por día. En Mendoza es de 800 litros por cada habitante y por día.

Este cúmulo de factores, algunos imprevisibles y otros provenientes de la inconciencia general, provocaron que zonas de la Sexta Sección en Capital, y la mitad de Las Heras padecieran la falta de agua en sus redes. En el mejor de los casos vieron restringida la provisión. Pero muchos ya no tienen agua.

Cada año a partir de octubre comienzan los problemas de agua para más de 1 millón de habitantes, problemas que se extienden durante el resto de la primavera y abarcan todo el verano. Si bien se afirma que los mendocinos hemos avanzado mucho en cuanto a la toma de conciencia, los datos actuales del consumo indican que falta mucho por hacer.

Independientemente del factor inversión, que depende del gobierno, de los operadores y del ente de control, hay zonas del Gran Mendoza que sorprenden. No son los menos que tienen los que más consumen ni por lejos los más irresponsables. Los barrios residenciales de Luján de Cuyo, con Chacras a la cabeza; algunas zonas de Maipú y otras de Guaymallén marchan al frente, por lejos, en el consumo de agua potable.

Cada vivienda de estas zonas, en promedio, cuentan con dos reservas de agua potable de 3 mil litros cada una y la mayoría posee importantes piscinas, casi todas de fibrocemento que son llenadas con agua potable. Las viviendas de estas zonas, muchas ubicadas en barrios residenciales de alta categoría y nivel socio económico, renunciaron al derecho de riego que les correspondía de Irrigación y optaron por el servicio de agua potable, para evitar el doble pago. Sus jardines, sus piscinas, sus pequeñas huertas pasaron a ser abastecidas con agua potable con lo que el uso y consumo se ha disparado a niveles extraordinarios afectando a los barrios más altos que hoy padecen o la restricción o la falta total de agua en algunas horas del día.

De nada o de muy poco sirven las multas que se aplican a quienes violan la restricción y además, hay un inconveniente para nada subestimable: el control y las inspecciones sólo se pueden hacer en el espacio público, es decir veredas, frentes de los domicilios y en la calle. Hacia dentro de las propiedades todo queda librado a la responsabilidad de los propietarios.

Sin embargo, en el Epas afirman que las fotos satelitales han permitido hacer un mapeo de la situación para determinar la cantidad de piscinas y pequeñas chacras y espacios verdes que son llenadas y regados, según el caso, con agua potable. El mayor consumo que evidencian da derecho al ente de control a imponer el cambio de sistema de pago pasando del de superficie, el más extendido, al servicio medido.

Pero hoy el combate a la crisis del agua queda supeditado más a la responsabilidad que al poder de policía del Estado, el que funciona a medias y escaso de recursos. Aysam, el mayor operador de la provincia de agua potable, no tiene capacidad para financiar la logística que requiere para extender el sistema de medición. No tiene operarios suficientes para levantar los datos de los medidores, no tiene los recursos para adquirir los medidores y el sistema en sí carece de confiabilidad y legitimidad, por lo que se tiene que avanzar en la homologación del mismo. De las 370 mil cuentas que administra Aysam, sólo 10 mil poseen medidores, el resto paga por superficie cubierta.

Como cada año, la crisis del agua ha llegado. Pero nunca como antes se puede presagiar que los problemas de aquí en más van de mal en peor. Todo parece quedar en manos de la conciencia y del auto control social y de las campañas públicas. En días, posiblemente a mediados de la semana próxima, el Comité de Emergencia, que nuclea a todo los operadores de la provincia, al ente de control y al Ejecutivo, se reunirá para analizar el estado de situación. De allí se esperan que surjan medidas extraordinarias para enfrentar la peor época del año.

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