17 de abril de 2026
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Por Marcelo Torrez

Discutir miseria en la misma miseria

La batalla por el presupuesto 2015 empezó como se esperaba, lamentablemente de la peor manera.

Al trascender los primeros números no oficiales de los trazos gruesos de lo que será la pauta de gastos para el último año de gestión de Francisco Pérez, revelados el último fin de semana por Sitio Andino, los radicales salieron presurosos a reclamarle al gobierno incluirlos en la discusión de cara al tratamiento legislativo que sobrevendrá antes de que finalice el año.

El radicalismo negó que haya estado participando de encuentros oficiosos y preliminares invitado por el Ejecutivo y cuestionó el secretismo con el que se ha venido moviendo el propio gobierno sobre el proyecto. Y tras cartón, aludió a los datos brindados por Sitio Andino en torno al nuevo presupuesto, para cuestionar un nuevo posible aumento de impuestos, en especial en Inmobiliario del orden del 20 por ciento y en las tasa retributivas del 30 por ciento. Así también, sin señalarlo con absoluta claridad, el radicalismo apuntó al posible déficit que contendría el plan de gastos del año próximo el que sería de unos 2 mil millones de pesos por pagos de la amortización de la deuda pública que ha contraído la provincia en los últimos años.

En una carta divulgada el lunes, con destino al propio Pérez, los radicales le pidieron al gobernador austeridad en el manejo de los fondos públicos y prudencia en el armado de la pauta ante el peligro de agravar aún más la situación financiera y económica en un 2015 que, a todas luces, emerge como muy complicado desde todo punto de vista; un 2015 que será caliente por ser el año del recambio en todo sentido.

Pérez reaccionó con furia. Algunas horas después de haber recibido la carta con los reclamos radicales y tras haberse reunido con sus ministros por largas horas en donde les pidió un ajuste general de sus gastos y donde les prohibió a todos los funcionarios realizar viajes al exterior salvo de que se tratase de casos de extrema necesidad, el gobernador se ocupó del principal partido de la oposición.

" Enviarme una carta indicando clases de administración los que fundieron el Estado mendocino es de muy mal gusto”, lanzó Pérez. Abriendo viejas heridas políticas, el gobernador recordó la crisis del 2001 y 2002 administrada por los radicales con los recordados Petrom y reveló que no se conoció un arqueo de aquella operatoria sorprendiendo con la afirmación ya que la misma nunca fue observada como irregular. No se quedó ahí: Pérez culpó a los radicales de haber abierto 8 salas del casino estatal en el interior de la provincia y hasta ventiló la escandalosa operación con los tíquets Vale Mas, aquella que investigó la justicia y también la Legislatura por la aparición de vales gemelos y falsos provocando una monumental estafa al Estado provincial.

Tras eso, como era de esperar, apareció de apuro una contestación radical cargada, desde ya, de duras críticas a la administración de Pérez y la de su antecesor, Celso Jaque, de la fue parte el actual gobernador. Y así seguirá la historia, porque esto, es sólo para empezar, como solía decir Jaque durante la campaña electoral que lo depositó en la gobernación.

Sin dudas se trata del comienzo de una escalada de acusaciones cruzadas a las que nos tendremos que habituar los mendocinos, porque la disputa por la gobernación y las intendencias en el 2015 se avecina sangrienta en términos políticos.

Lo peor de todo es que tanto unos como otros, tienen razón para lamento de todos los mendocinos. La tiene Pérez cuando acusa a los radicales de viejos errores que todavía se están pagando y los radicales cuando señalan a este gobierno peronista y al anterior de llevar adelante una administración deficiente en el manejo de los recursos empujando a la provincia a casi un abismo.

No es menos cierto que el presupuesto no le alcanza para nada al actual gobierno, que no le deja margen de acción para dejar una marca que trascienda y que ni siquiera le permite planificar obras públicas de peso. El problema no estaría, quizás, en cuánto aumenta la pauta de gastos año tras año si no fuera porque ese dinero sale de los bolsillos cada vez más maltrechos de los contribuyentes mendocinos, a quienes la presión fiscal les llega al cuello en Mendoza.

Si el presupuesto aumentase año tras año en un 20 o un 30 por ciento y si ese dinero saliese de una mayor actividad económica y los fondos de más se transformaran en mejores servicios, más obras y más bienestar para la gente, otra sería la historia y quizás, el nivel de discusión que tenemos actualmente.

Pero no hay caso. En Mendoza se sigue discutiendo miseria en la misma miseria.


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