A poco de arrancar su último año de gestión, Francisco Pérez irá por su sueño máximo en la Gobernación: la aprobación en la Legislatura de la necesidad de la reforma de la Constitución, una de las deudas pendientes más trascendentes de toda la dirigencia política de los últimos 30 años.
Todo indica que Pérez planteará el tema el próximo viernes, en una reunión con los intendentes del PJ junto al vicegobernador Carlos Ciurca. También, según ha dejado trascender, el asunto puede que forme parte del Congreso del Justicialismo que se desarrollará el sábado en Las Catitas.
Cuando asumió, Pérez se planteó ir detrás de la reforma de la Constitución. En un encendido discurso en la explanada de la Casa de Gobierno, el gobernador no tuvo reparos, ni tapujos al señalar de hipócrita a la sociedad mendocina y especialmente a la clase dirigente. Se ganó varios aplausos en ese pasaje. Muchos de ellos, hipócritas, desde ya. Pero llamativamente y a poco de andar, Pérez se fue gastando los primeros cien días de luna de miel, o de gracia con el pueblo, un tiempo precioso para darle aire a las iniciativas más polémicas, duras; aquellas para las que siempre ha faltado tiempo y oportunidades de acuerdo con las explicaciones comunes a toda la dirigencia para implementarlas y discutirlas a fondo.
El gobernador fue ambiguo y hasta desconcertante en su discurso cada vez que se le recordó su promesa al momento de asumir. Quizás no contó con el apoyo necesario del partido y de la oposición para abrir un espacio de discusión en torno a una reforma amplia de la Constitución. Pero no es menos cierto que, por su lado, nunca fue al hueso.
Y como cada vez que se ha lanzado a la arena política el caso de la reforma de la Constitución nunca se ha aclarado a fondo ese punto tan escabroso que tiene que ver con la reelección del jefe de Estado, Pérez cayó en la medianía de sus antecesores: jugueteó y fantaseó con la posibilidad de su reelección dejando que los medios conjeturaran a su gusto. Y cuando se le preguntó si quería o no ir detrás de una reforma incluyendo su reelección, tampoco fue claro. Siempre fue un ni.
Claro que Pérez soñó con reformar la carta magna mendocina incluyendo su posibilidad de ir detrás de un nuevo mandato. Pero nunca lo dijo con claridad. Y tampoco, desde ya, lanzó una campaña para la modificación sin su reelección. El pero enemigo del objetivo, a la postre, resultó siendo el propio Pérez; justo él que había manifestado el deseo de dejar el gobierno tras cuatro años con una nueva Constitución para Mendoza. Fue un ni si y un ni no, permanente, no sólo en este tema central para la provincia, sino para otros tantos en los que no se avanzó nunca.
Ahora que está más que claro que el actual gobernador no podrá aspirar a jugar por su reelección, la política está obligada a pronunciarse detrás de alguno de los tantos proyectos de reforma. Para que se discuta si es o no necesario darle al gobernador de turno la posibilidad de aspirar a un mandato más si así la gente lo decide y discutir, además, si ya no es hora de ponerle un coto a esa seguidilla infinita de reelecciones con que cuentan los intendentes, los legisladores provinciales y los concejales. Si es o no necesario ir detrás de un sistema unicameral, para gastar menos y aspirar a debates más de fondo sobre las leyes provinciales; si es o no necesario discutir si a los municipios hay que darles o no más autonomía; si hay que incluir, en la Carta Magna, principios básicos y elementales sobre el uso del agua y el de los recursos naturales con que cuenta. Si es o no necesario incluir, y desde ya que sí, los derechos humanos de tercera y cuarta generación que fueron incorporados por la Reforma de la Constitución del país en 1994, por caso.
La dirigencia política, ya es hora de que lo haga, debe dejar de mirar de costado, haciéndose la distraída protegiendo espíritus corporativos para meterse de lleno en esta discusión que seguramente Mendoza necesita. Como necesita, por ejemplo, discutir algún viraje en su matriz económica porque la actual ya no da a abasto para satisfacer las demandas de los 2 millones de personas que aquí viven.
Y si Pérez, ahora que está más que claro que no podrá ir detrás de ningún objetivo personal con el que especular, amaga o lanza el tema por puro espamento y ruido pirotécnico, pues se quedará al borde de otra frustración. Todavía está a tiempo de desactivar esa inercia pavorosa de la provincia de quedarse con las dudas, siempre, y lamentar, con el paso del tiempo no haber aprovechado las oportunidades que existen para dejar de perder el tiempo.