La tragedia del último fin de semana en Guaymallén, en la que un efectivo de la policía provincial irrumpe violentamente en el domicilio de su ex pareja para matar a su madre, y también a su sobrino de 8 años, además de conmover hasta las fibras más íntimas a la población, desató un debate que podría transformarse en interminable en torno al estado sicológico de los miembros de la fuerza de seguridad mendocina.
Algunos funcionarios reconocieron falta de control, otros atinaron a señalar de que se trató de un simple caso aislado y que nada tiene que ver con la institución policial y el ministro del área, Leonardo Comperatore, al esbozar una tímida autocrítica reconociendo que no se previó semejante reacción de unos de sus hombres con serios problemas de índole sicológica y hasta con una orden judicial de restricción sobre la mujer que fue su pareja y que también es policía, afirmó que de ninguna manera están dadas las condiciones como para dejar de confiar en los hombres que deben garantizarle la seguridad a los mendocinos.
Pero la policía mendocina, para lamento de todos, viene dando señales de que entre algunos de sus integrantes se está expandiendo algún tipo de enfermedad que puede apoderarse de toda la institución.
En los últimos meses se denunciaron varios hechos que ponen en tela de juicio la profesionalidad de la policía en su conjunto y la falta de atención del poder político sobre el universo policial. Pedidos de coimas por un lado, hasta un policía borracho robando con un par de secuaces a bordo de una camioneta de la fuerza y el resonante caso del custodio del gobernador que se suicidó de un tiro frente a la Casa de Gobierno, no deberían ser tomados como hechos excepcionales Mucho menos luego de que el fin de semana uno de sus integrantes, enloquecido y por celos, le matara a la madre y al sobrino de quien fue su pareja y luego de que la Justicia determinara que el hombre no debía acercarse a su ex mujer por temor a que atentara contra su vida.
¿Cómo es posible que el Ministerio de Seguridad no actúe antes de que se desaten algún tipo de tales comportamiento en algunos de sus policías cuando conoce que su salud mental no es la correcta? No alcanza con justificaciones públicas del tipo fallaron los controles, o se actuó como el protocolo ordena que fue licenciando al efectivo tras la advertencia de la Justicia, quitándole el arma, hasta su finalización. Pero luego volvió al trabajo.
Comperatore dijo, textual: Para nosotros es un hecho preocupante. Era un policía que tenía un legajo muy bueno y de muy buena conducta. Yo confío en la Policía, es muy buena, ellos están para cuidarnos, dejan a su familia con mucho sacrificio, y la buena labor que se hizo para el día del estudiante se vio empañada con este hecho".
Al ministro se le observó que con eso no alcanza, evidentemente. Y no alcanzan las explicaciones, ni tampoco la actitud tan característica, habitual y propia de quienes se creen criticados injustamente de sobreponer un buen trabajo frente a la espectacularidad pública de un hecho tan aberrante como el doble asesinato cometido por el policía, el último domingo, y con un arma provista por todos los ciudadanos que pagan sus impuestos para sostener la institución que debe proteger a la ciudadanía. Un espanto horroroso.
Las palabras tampoco alcanzan cuando son los hechos y las medidas correctivas las que se deben imponer por sobre todas las explicaciones. Para darle garantías a la sociedad, para que el ciudadano vuelva a confiar y se sienta por sobre todas las cosas seguros.
Lo que se le pide, en definitiva a los funcionarios, es profesionalismo; un profesionalismo que en el Estado tiene que tender a la excelencia. Porque la gente se harta de la desidia, de que el sistema público de servicios esenciales no funcionen a la altura de lo que se necesita, se requiere y se demanda.
Eso también es gestión y cuando no se tienen los resultados, se imponen los cambios, porque los ciudadanos no tenemos por qué entrar en la especulación del gobernante de turno de esperar y aguardar las correcciones sumido en el temor de que tales movimientos puedan ser interpretados como señales de debilidad. La debilidad de un gobierno está dada por la falta de resultados y por medidas tomadas a destiempo, cuando las consecuencias dañinas son irreversibles.