La escritora Silvia Schujer sostiene que si bien hoy se lee mucho en las escuelas, los textos literarios son utilizados para abordar ciertas cuestiones de la currícula escolar y se pierde el sentido estético de las obras.
La historia editada por Atlántida y co-escrita con una ex alumna que ya abrió sus pasos en el mundo de la literatura infantil, Liza Porcelli Piussi -con quien también escribióMás letras que no sé qué- narra el devenir de un pueblo llamado Lapachorra que tiene un parque de diversiones con tren fantasma y una dueña que ve que el negocio no le rinde y piensa cerrarlo para abrir un criadero de gallinas con 24 patos.
Bruna Marabunta, la dueña del parque sale a hacer declaraciones por televisión y es por ese medio donde se enteran de la intención de cerrarlo los personajes Julia, Lucas y Magalí, quienes deciden hacer algo para salvar una de las pocas diversiones destinadas a todos los trabajadores.
¿Intentás dejar algún tipo de mensaje en este libro? "Nunca dejo un mensaje, dejo, en todo caso, interrogantes, al menos ésa es mi intención -asegura en una entrevista con la agencia Télam- Cuento una historia en la que pasan determinadas cosas y después cada uno extrae de allí con lo que más empatiza".
"A algunos les tentará el tema de los miedos -por los personajes del tren fantasma- a otros el de la unión de los personajes para lograr un objetivo planteado, o incluso que los personajes sean una especie de antihéroes", remarca la autora de La abuela electrónica o El tesoro escondido, entre otros.
"Lo que quiero decir es que no dejo un mensaje determinado sino pongo una historia que puede ser leída de múltiples maneras. No quiero decir tienen que juntarse, porque uno no tiene todas las verdades -apunta-. Además, las conclusiones que me acercan los chicos sobre mis cuentos me sorprenden enormemente".
La escritora, ganadora de varios premios como el Casa de las Américas, explica que su mayor felicidad es escribir un texto "con la suficiente riqueza para que cada uno pueda extraer lo que quiera, lo que le conmueva".
"Lo de género menor que se asocia a veces a la literatura infantil me parece incorrrecto. Hay cierta corriente -como la hay dentro de la de adultos con el género de autoayuda- que sigue sosteniendo la idea que los cuentos para chicos tiene que servir para contarles algo, como si los chicos fueran un receptáculo que tiene que tener un fin diferente además del artístico", opina.
"En la escuela, por suerte, también se está leyendo mucho aunque hay una deformación porque se utilizan textos literarios para abordar ciertas cuestiones de la currícula escolar y se pierde el sentido estético que tiene un texto", analiza.
"La literatura infantil ha evolucionado muchísimo. Durante mucho tiempo, casi diría hasta María Elena Walsh, el concepto estaba más ligado a la pedagogía que a la literatura; últimamente se ven escritores y textos que van más allá de eso que se proponen una búsqueda estética y de esta manera, estaría bien que ocupe otro lugar de prestigio", reafirma.
¿Cómo se escribe para chicos 2.0? "Soy contemporánea de los chicos, manejo esos códigos como cualquier adultos, hablamos por mail, usamos celular, skype, etc. Escribo desde ahí... -indica-. Nos entendemos, sabemos de lo que hablamos, tenemos un código.
¿Qué recomendaciones les da a los padres para que acerquen a los chicos a la lectura? "Primero que se acerquen ellos y dar el ejemplo porque se habla de la cantidad de tiempo que los chicos están frente a las pantallas pero no se habla del tiempo de los adultos en la misma situación".
"Pido un sinceramiento respecto de cómo está uno parado frente a la lectura y una vez que uno sepa dónde está parado verá lo que transmite. Igualmente, un lector jamás se pregunta cómo transmitir el amor por la lectura porque es algo natural, es por contagio", concluye Schujer.